Caen inversiones… y el gobierno no reacciona

30-11-2016 22:57

Era de esperarse. Las inversiones en México han encendido los focos rojos. Sus cifras se han debilitado y sus tendencias hacia los próximos meses no son nada halagüeñas.

Con el último dato disponible del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, al mes de agosto la inversión fija bruta real cayó 0.8% en comparación anual motivada por una fuerte caída en la construcción de obras de infraestructura y de ingeniería civil (-3.0%) aunque parcialmente compensada por las inversiones ya comprometidas en maquinaria y equipo para las plantas automotrices extranjeras asentadas en México.

Es evidente que la tendencia de la inversión en su conjunto es hacia la desaceleración. El estancamiento visto en los primeros ocho meses de este año respecto del mismo periodo del año pasado, contrasta fuertemente con el 5.0% de crecimiento promedio que registró la inversión entre enero y agosto de 2015. Así que la confianza dio un giro negativo para las inversiones en el último año.

La incertidumbre sobre el futuro inmediato de la economía ya ha provocado estragos en las decisiones de los inversionistas que han preferido la cautela en todos estos meses; una cautela que se traduce en posposición o cancelación de sus planes de negocios en el país.

Un vistazo con mayor detalle a las cifras de la inversión extranjera directa en los primeros nueve meses del año corrobora esta percepción. De entrada el dato duro más significativo es la caída de 29.7% en las nuevas inversiones extranjeras para el periodo enero-septiembre de este año respecto del mismo periodo de 2015. Caída a la que también se suma una ligera reducción en la reinversión de las utilidades de las empresas con capital extranjero asentadas en México. Solo se incrementaron significativamente los financiamientos que otorgan las matrices a sus filiales en el país.

En el total, la inversión extranjera directa cayó 8.4% durante los primeros nueve meses del año en comparación anual, para un saldo acumulado de 19,772 millones de dólares, por lo que se espera que las inversiones extranjeras directas al cierre del año sean las más bajas desde 2012.

Lo que es interesante notar, es la alta concentración de la inversión extranjera directa que llega a México en unos cuantos sectores, principalmente en la industria automotriz. En 2014 y 2015, una quinta parte del total de la inversión extranjera directa que llegó a México fue para la producción de vehículos, sin contabilizar la inversión en sectores relacionados proveedores de la industria automotriz.

Y 2016 no será distinto. En los primeros nueve meses del año la fabricación de vehículos absorbió el 18.3% de todas las inversiones que llegaron al país. Los otros dos sectores relevantes en materia de inversiones extranjeras fueron la industria química (18.2% del total) y la banca (9.5%). Así que estos tres subsectores representan casi la mitad de todas las inversiones extranjeras que llegaron a México.

Las cifras hablan por sí solas y no hay discurso que suavice la realidad de que el recorte y la concentración de la inversión extranjera directa que llega a México a unos cuantos sectores, tiene raíces no solo en la incertidumbre global que ha limitado los flujos de capitales, sino también en el propio ‘factor México’. De hecho Brasil, con toda su problemática política y económica, atrae más del doble de inversión extranjera que México.

Frente a esta realidad, el secretario José Antonio Meade admitió recientemente que la inversión podría disminuir aún más el próximo año, siguiendo los pronósticos de la gran mayoría de analistas del sector privado que han reducido sus estimados de inversión, de consumo y de producción para 2017.

Con todo, Meade y su equipo siguen sosteniendo sus altas expectativas de crecimiento económico a pesar de que éstas lucen incompatibles con la meta de reducción del déficit en cuenta corriente, con los menores flujos de capitales esperados para el próximo año, y con los incrementos en las tasas de interés que los bancos centrales de Estados Unidos y México aplicarán este fin de año y a lo largo del próximo.

Frente a la incertidumbre que azota a México, habría que replantear los incentivos para la atracción de los capitales, para la generación de empleos y para el consumo.

Comenzar por una importante reducción del gasto corriente para 2017, convocar a una reforma fiscal para la reducción de impuestos, plantear una agresiva política de desregulación, ver a un Banco de México menos timorato en materia de tasas para contener la inflación, y sacar el máximo provecho de las reformas estructurales, serían pasos importantes para plantar cara al huracán que  viene.

Aún hay tiempo y el Ejecutivo lo puede llevar a cabo. El asunto es que el gobierno de Peña Nieto parece empeñado en mirar solo las ganancias electorales, sin darse cuenta que camina al borde del precipicio.