El presupuesto simulado

15-11-2016 22:00

4.89 billones de pesos es el gasto público que aprobaron los diputados el viernes pasado para 2017; el monto de gasto más alto de la historia en términos corrientes.

Para este año 2016 el gasto aprobado había sido de 4.76 billones, por lo que en términos corrientes el gasto aprobado por los legisladores se incrementará 125 mil millones de pesos para el próximo año.

Así que en cifras nominales y de acuerdo a lo que aprueba la Cámara de Diputados, el gasto público no sufrirá ningún ajuste el próximo año; por el contrario, hay una ligera alza.

Pero, además, una cosa es lo que se aprueba en la Cámara Baja y otra la que se ejerce realmente. Y es que en México tenemos una larguísima tradición de simulación en materia presupuestal y, me temo, que en 2017 no será la excepción. Es el juego de la simulación política.

En palabras llanas: El gobierno envía un presupuesto de gasto anual a los diputados con cifras que se basan en unas premisas relativamente bajas de ingresos, para que los legisladores –sedientos de dinero público- las modifiquen al alza y, con ello, aprueben un monto mayor de gasto. Esto se hace así para que el partido en el poder y las mayorías de partidos y de legisladores, aprueben un presupuesto anual del que todos salgan ganando tanto para sus fines partidistas como personales. Todos satisfechos declarando a la prensa que han hecho su mejor esfuerzo y que es el mejor presupuesto que han aprobado. Esto ocurre año con año.

Pero allí no se para la rueda de la fortuna del presupuesto público. Ya comenzado el año fiscal, el gobierno en realidad gasta –año con año- mucho más de lo que le aprobaron los diputados y, claro, sin pedirles permiso por estos excesos que estaban planeados desde que se elaboró la estrategia del presupuesto simulado.

A los medios y a la ciudadanía les dicen lo que quieren y con las cifras que mejor les acomode para lucir razonables y hasta austeros: Se hacen comparaciones irreales como el porcentaje de reducción entre el presupuesto aprobado frente al presupuesto aprobado el año anterior, pero ninguno de los dos refleja realmente cuánto gastó el gobierno.

Sin embargo escarbando algunas cifras en los documentos de la secretaría de Hacienda (SHCP) se devela este proceso de simulación en los presupuestos públicos, que solo serán señalados mucho tiempo después cuando la Auditoría Superior de la Federación presente sus informes sobre los excesivos gastos que se realizaron en el sector público, la mayoría de ellos sin justificación y sin comprobación. Será ‘carne’ para los titulares de prensa, pero nada más.

Por ejemplo, en los Criterios Generales de Política Económica presentados como parte del Paquete Económico 2017 la secretaría de Hacienda dice que el Congreso les aprobó un gasto total para 2016 equivalente a 24.7% del PIB, sin embargo ya estima que gastará mucho más, alrededor de 27.2% del PIB; el porcentaje más alto, en términos reales, desde 2010, fecha desde que se da cuenta en el documento.

Pero esta simulación presupuestal no es ninguna novedad. Cual corrupción del proceso del gasto público en México es un asunto ‘cultural’, siguiendo el insistente razonamiento del presidente Enrique Peña Nieto.

Vea. Entre 2013 y 2015 la secretaría de Hacienda ha gastado 590 mil millones de pesos más de lo que le autorizó el Congreso en el Presupuesto de Egresos de la Federación, según los cálculos que hizo Leonardo Núñez del CIDE. Aún no tenemos cifras para 2016, pero no dudamos que la práctica del gasto público ejercido desde Hacienda por encima de lo aprobado, seguirá inflando el dato anterior. El Informe de Finanzas Públicas a septiembre que entregó Hacienda al Congreso da cuenta de un incremento de 4.6% en términos reales en el gasto neto total acumulado en los primeros nueve meses de este año, respecto del anterior.

Así, se tira por la borda el discurso de ‘austeridad’ en el gasto público que lanza el gobierno y que apoyan los legisladores de los partidos satélite. La responsabilidad como premisa del ejercicio público, que solo pasa por un recorte profundo y realista del gasto público en las condiciones actuales, ya es un sueño guajiro para cualquier analista.

Pero el viernes pasado, en un acto de absoluta irresponsabilidad dadas las adversas condiciones que ya enfrentaban las finanzas públicas y la economía agudizadas con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, los legisladores aprobaron por abrumadora mayoría un presupuesto que hace caso omiso de esta realidad y que ofrece algunas ‘limosnas políticas y sociales’ para intentar acallar las críticas.

Así que allí seguirán los sueldos faraónicos de los altos funcionarios de la administración pública y de la multitud de sus asesores, de los dispendios en las oficinas de la jerarquía burocrática del país, de las cajas negras del gasto de las que nada se sabe y mucho se sospecha, de las millonarias dádivas a sindicatos y a grupos políticos afines, o de los ‘moches’ encubiertos a legisladores porque, al fin, ‘nadie puede tirar la primera piedra’ cuando se trata de corrupción. Todos somos corruptos, es la premisa del sexenio.

Digámoslo claro: La ignorancia o la abierta complicidad de los diputados con un presupuesto simulado enviado por el Ejecutivo, ha incrementado los riesgos para las frágiles finanzas públicas y le ha roto las rodillas al ya endeble crecimiento económico esperado.