Peña Nieto, palos de ciego

08-10-2016 06:38

No hay peor ciego que el que no quiere ver, reza el refrán popular.

En los tres últimos días el Fondo Monetario Internacional, la calificadora de riesgos Fitch y el banco de inversión JP Morgan redujeron sus pronósticos de crecimiento para México.

Ahora todos estos agentes económicos extranjeros esperan un menor crecimiento económico después de que sus pronósticos apuntaban hacia un nivel similar al planteado por el gobierno. Los pronósticos ahora se sitúan en 2.1% para el año, el mismo que arrojó la más reciente encuesta de Banamex entre 22 instituciones del sector privado.

Pero la institución de análisis económico más pesimista –y la más prestigiada- es el Banco de México. Su Junta de Gobierno espera un crecimiento económico en un rango que va de 1.7% a 2.0% para este año; por debajo de lo que espera el mercado y muy por debajo de 2.3%, el punto medio del rango pronosticado por Hacienda.

Hay que decir que las constantes revisiones a la baja de la mayor parte de estos analistas han sido consistentes con los resultados de los dos primeros trimestres de la actividad económica. No lucen como un simple estado emocional de pesimismo de los analistas.

La caída reportada en la inversión fija bruta de julio pasado (de -1.2% en relación a junio, ajustada por estacionalidad) y el lento ritmo del consumo privado en julio (de 0.1% respecto de junio) confirman que el arranque del tercer trimestre fue decepcionante y acorde con la revisión a la baja de las previsiones anuales de la gran mayoría de los analistas.

Incluso las cifras reveladas en las últimas semanas apuntan a un crecimiento inferior al 2%, siguiendo el punto medio del rango pronosticado por Agustín Carstens y los miembros de la Junta de Gobierno del Banco de México, de 1.85% para el año.

Pero nada de esto es suficiente para cambiar el discurso sobre la realidad económica que quiere ver el presidente Enrique Peña Nieto. Un presidente que ha decidido no abrir los ojos.

Ayer en Guadalajara defendió el crecimiento económico impulsado por su gobierno. No es retórica, casi suplicaba Peña Nieto intentando reafirmar su mensaje ante una audiencia incrédula. Y si se trataba de buscar culpables del bajo crecimiento económico en los primeros cuatro años de su gestión, allí estaba el “mundo” en desaceleración, al que acusó en su desesperación. Palos de ciego.

En su ceguera autoimpuesta, el Presidente sigue defendiendo lo indefendible y deslizándose por el tobogán del descrédito, hasta llegar a lo risible. En la casa presidencial no hay lugar para la aceptación de una peligrosa realidad que ya rebasa a su prominente inquilino.

Por primera vez, desde 1994, la frase ‘crisis económica’ se ha asomado por entre las rendijas de los reportes internos de los principales bancos de inversión, mientras que el gobernador del Banco de México, muy a su estilo, suelta la figura de una ‘tormenta’ para advertir que vienen tiempos difíciles más allá de los discursos.

En su ceguera autoimpuesta, Peña Nieto defiende con todo las políticas fiscales implementadas por su ‘alter ego’, Luis Videgaray, a pesar de las advertencias por la debilidad de las finanzas públicas de las calificadoras de riesgos; de las recomendaciones de salir de pesos mexicanos de bancos de inversión como Citi, quienes no creen en la palabra de corrección fiscal del gobierno mexicano en un año electoral; y de los pronósticos de un fuerte crecimiento de la deuda para el próximo año que superará el 56% del PIB, según el propio Fondo Monetario Internacional.

En su ceguera autoimpuesta, Peña Nieto no quiere ver que las calificadoras de riesgos bajarán la calificación crediticia del país - elevando aún más los ya, de por sí, onerosos costos de la deuda pública- a lo que se sumarán las fuertes presiones derivadas del alza en la tasa de interés de referencia en Estados Unidos. Una tormenta que se avecina y no precisamente por Donald Trump, sino porque el incremento de tasas esperado en EU llega en el peor momento para México.

En su ceguera autoimpuesta, Peña Nieto no quiere ver que su falta de decisión política para enfrentar el círculo pernicioso instalado en la economía –de mayor endeudamiento, menor calificación crediticia, mayor depreciación del peso, mayor volatilidad financiera y menores inversiones y caída del consumo- llevarán a una crisis económica en México como ya lo apuntábamos el 6 de julio pasado (“¿Es creíble un escenario de crisis económica?”).

En su ceguera autoimpuesta, con el objetivo de hacer ganar al PRI las elecciones presidenciales de 2018 y la gubernatura del Estado de México en 2017, Peña Nieto parece decidido a correr por el borde del precipicio de una crisis económica. Así lo muestran los principales rubros del Presupuesto 2017 diseñado por Videgaray y presentado al Congreso con la rúbrica de José Antonio Meade.

Siempre habrá tiempo para la correción, antes de llegar al punto de no retorno. Pero por lo escuchado ayer, el Presidente ha decidido continuar con su ceguera autoimpuesta.

Cerrar el sexenio con palos de ciego.