Los banqueros de inversión y la debilidad del peso

13-09-2016 09:53

El peso mexicano terminó la semana pasada con sus ya acostumbradas presiones.

En las casas de cambio el dólar se vendió al público a precios superiores a los 19 pesos y en las operaciones de gran volumen que se realizan entre bancos (con entrega de la divisa a 48 horas, según cifras del Banco de México) alcanzó un máximo de 18.92 para cerrar en 18.86 pesos.

Estas presiones no son nuevas. Desde junio a la fecha, la debilidad del peso ha llevado a que el dólar se cotice regularmente en un rango que va de 18.50 a 19.00 pesos en el mercado al mayoreo.

Aquellas medidas que adoptaron Hacienda y el Banco de México a finales de febrero pasado para combatir la especulación en contra de nuestra moneda, solo sirvieron para darle un respiro al peso durante marzo y abril cuando el dólar se cotizó entre 17.20 y 17.90 pesos al mayoreo. Después, las presiones han continuado.

Las razones de este comportamiento de nuestra moneda son muy diversas, pero una de ellas –muy poderosa- tiene que ver con las expectativas de los bancos de inversión sobre la economía mexicana y, por consiguiente, con las recomendaciones de inversión que lanzan a sus clientes.

La semana pasada fue Morgan Stanley. En un reporte (“Perú upgraded; Mexico downgraded”) el banco de inversión dio a conocer que había reducido ligeramente el peso de su recomendación para las inversiones financieras en México por razones de “riesgo en la política de Estados Unidos”, frente a un mayor peso en su recomendación para invertir en países similares de América Latina como Perú o Chile.

El análisis de Morgan Stanley -tres meses después- sigue el mismo razonamiento del análisis de Citigroup publicado el 2 de junio pasado, a pesar de lo que sucediera internamente con el cambio de Luis Videgaray y con el Paquete Económico 2017.

El castigo en contra del peso se acentúa porque, dada su mayor liquidez, es una moneda que los fondos internacionales usarían de cobertura financiera de sus inversiones en mercados emergentes ante una posible llegada del republicano Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. La apuesta es a que –en esa circunstancia- el peso se devaluaría más que otras monedas emergentes en el mundo.

Dicho y hecho. El jueves pasado el peso volvió a recibir el castigo cuando las encuestas de los grandes corporativos de la prensa en EU mostraron que Trump se había acercado en las preferencias electorales a Hillary Clinton en lo que se considera la recta final hacia la elección del 8 de noviembre próximo y a unos días del primer debate –de los dos encuentros que se llevarán a cabo- entre ambos candidatos.

Y Morgan Stanley le añadió más presión al mercado cambiario cuando recomendó a sus inversionistas reducir los activos financieros en México para incrementarlos en países como Perú o Chile. Los analistas de Morgan Stanley –al igual que el Citi- siguen pensando que invertir en pesos mexicanos, es mas riesgoso que en soles peruanos.

Es claro que, de aquí a noviembre, la venta de pesos en los mercados internacionales seguirán presionado el tipo de cambio por estas apuestas derivadas de las elecciones estadounidenses.

Pero no todo es el ‘riesgo Trump’ para los bancos de inversión.

Los problemas de fondo con el peso, siguen siendo las debilitadas finanzas públicas de México y la incapacidad de su economía para crecer, a pesar de la recuperación observada en los precios del petróleo.

En un reporte de agosto, Morgan Stanley planteó sus malos augurios para Pemex hacia los próximos años previendo que su producción seguirá cayendo hasta 1.6 millones de barriles diarios en 2020 por la falta de inversiones en tecnología y en modernización de yacimientos antiguos.

El gobierno no es ajeno a esa tendencia. Ya Hacienda estimó en los Criterios Generales de Política Económica para el próximo año, que la producción petrolera caerá de 2.13 millones de este año, a 1.93 millones de barriles diarios el próximo; mientras que la plataforma de exportación caerá 21% en 2017.

Con todo y las mejores perspectivas en los precios internacionales del crudo, lo cierto es que la caída en la producción petrolera y la debilidad financiera de Pemex, en un entorno de bajo crecimiento económico, continuará lastrando las finanzas públicas, en un 2017 en que el gasto público estará bajo la sombra de la carrera electoral y las presiones derivadas de un costo creciente de la deuda pública.

Allí, en esos factores, se han enraizado el mayor ‘riesgo México’ -advertido por el Citi y por otros bancos de inversión- con efectos sobre el peso mexicano.

Ruchir Sharma, director de renta variable en mercados emergentes de Morgan Stanley, dijo en un reporte de septiembre del Comité de Inversiones Globales que el problema de México es que parece que está listo para despegar, pero algo lo detiene... “por alguna razón México ha seguido decepcionando”.

Pues bien; una vez recibido el Paquete Económico 2017 son los legisladores los que ahora tienen la palabra. Mientras tanto, el peso mexicano seguirá presionado por las recomendaciones negativas de los bancos de inversión.