¿Decidió Videgaray someter la economía a la sucesión?

29-08-2016 22:58

Los malos pronósticos que se ciernen sobre la economía requieren tomar decisiones en serio, antes que sea demasiado tarde.

El 6 de julio pasado nos preguntábamos en este espacio si debe o no considerarse un escenario de crisis económica en México antes de 2018. El puro cuestionamiento enchinó la piel de algunos y con razón. Y es que hace un año el porcentaje de ocurrencia de un escenario así, era simplemente despreciable.

Pero las expectativas han cambiado dramáticamente para México. La respuesta que dimos en aquel momento, fue que un escenario de crisis económica en el país debe estar sobre el escritorio de cualquier analista de políticas públicas y de cualquier político por, al menos, cinco razones:

  1. Por la debilidad manifiesta de las finanzas públicas en la que sobresale el costo de una deuda cuyo crecimiento ha encendido las alarmas;
  2. Por la desaceleración de la economía que amplifica esa debilidad, desacelera el consumo y la inversión y debilita al sistema bancario;
  3. Por unas cuentas externas que sigue deteriorándose mes a mes, con una cuenta corriente cuyo déficit no logra ser cubierta por inversiones extranjeras directas y de cartera huidizas;
  4. Por las divisiones al interior del partido gobernante que exacerban los riesgos políticos y de ingobernabilidad que rememoran a los quiebres de 1993 y 94; y
  5. Por la creciente desconfianza de los capitales ante el agigantamiento de figuras políticas populistas en el 2018 y las crecientes  tentaciones sobre el uso del gasto y la deuda pública para fines políticos.

Si a lo anterior le añadimos un contexto externo adverso: Con una economía estadounidense menos dinámica, con cada vez más fuertes preferencias por el proteccionismo comercial hacia el futuro; con una economía china indescifrable, pero con tendencia a la desaceleración; con economías europeas aún estancadas y con fuertes movimientos sociales que cuestionan los fundamentos de la Comunidad Europea; y con grandes economías emergentes –como Rusia o Brasil- cuyos desequilibrios macroeconómicos les tomarán varios años recomponer; entonces el escenario de potencial crisis económica en México se acrecienta hacia el futuro cercano si no se toman medidas de fondo para contrarrestarla.

Y es allí –en la calidad de la toma de decisiones de alto nivel- en donde surgen los mayores cuestionamientos y el freno a la generación de confianza.

No vayamos muy lejos. Un día antes de que la calificadora Standard & Poor’s anunciara el cambio de perspectiva a ‘negativa’ para la calificación de la deuda soberana de México, y que Moody’s hiciera lo mismo para el sistema bancario del país; la secretaría de Hacienda hizo dos ‘anuncios’ en su afán de generar mayor confianza: Que el déficit fiscal (RFSP) para este año será 3.0% y no 3.5% como se planteó en los Criterios Generales de Política Económica en noviembre pasado; y la decisión de publicar mensualmente 12 indicadores de finanzas públicas para fomentar la transparencia.

Estos ‘anuncios’ que hizo el subsecretario Fernando Aportela fueron vistos con desdén por los inversionistas y analistas del mercado.

El primero, porque fue un anuncio tardío derivado de los ingresos extraordinarios que obtuvo Hacienda por los remanentes de operación que le entregó el Banco de México en abril pasado.

Y el segundo ‘anuncio’ no fue tal. Los datos que abonarían a la transparencia según el gobierno, ya se publican en los informes que Hacienda entrega actualmente al Congreso, e incluso el ‘anuncio’ generó aún más suspicacias sobre la información de finanzas públicas.

No es con anuncios de este tipo que Hacienda combatirá las preocupaciones de los inversionistas. Al contrario, abonan a la percepción de que las decisiones en Hacienda están politizadas y responden a una brújula electoral, tal y como lo han señalado algunos analistas en sus reportes.

Los inversionistas esperan anuncios de fondo tanto sobre nuevos recortes al gasto público que incidan en el menor plazo posible sobre el déficit fiscal; como políticas creativas que contrarresten la desaceleración.

El propio Banco de México ha seguido insistiendo en ello, porque no ha visto respuestas concretas de Hacienda. El pasado viernes el subgobernador Manuel Sánchez insistió ante los directivos de Cemex en Monterrey que la depreciación del peso tiene, entre otras causas, a la debilidad de las finanzas públicas; además de que advirtió que la desconfianza empresarial y de la inversión privada son riesgos de corto plazo que enfrenta el crecimiento económico.

Pero ni la insistencia de los miembros de la Junta de Gobierno del banco central sobre los riesgos que corre la economía mexicana, parece ser suficiente como para modificar a fondo la calidad de las políticas en Hacienda.

Los riesgos que se están corriendo ya fueron advertidos. No solo lo han hecho las agencias calificadoras, desde hace tiempo lo hicieron algunos analistas y periodistas independientes que no se dejaron seducir por el canto de las sirenas de aquel ‘Mexican Moment’ que se construyó artificialmente.

Ahora será el Presupuesto de Egresos 2017 y los Criterios Generales de Política Económica que Hacienda entregará al Congreso el 8 de septiembre próximo, los termómetros que nos dirán si efectivamente Videgaray y Peña Nieto han puesto –en la recta final de su gobierno- a la economía al servicio de sus aspiraciones electorales.