El Presidente en su cabina de cristal

19-08-2016 13:22

La sucesión de hechos durante la última semana ha sido un termómetro de la situación de la vida pública y del propio presidente Enrique Peña Nieto a unos cuantos días de rendir su cuarto informe de gobierno ante el Congreso, y el que será el último antes que se desate el vendaval electoral por la silla presidencial en 2018.

El 9 de agosto el diario  británico The Guardian publicó que Angélica Rivera, la esposa del Presidente Enrique Peña Nieto, utiliza como suyo un departamento en Miami, Florida, propiedad de Ricardo Pierdant, un empresario quién, además, pagó el impuesto predial del departamento que posee Rivera, un piso abajo y que están conectados entre sí.

La información del diario, ya publicada en junio pasado en un portal mexicano, volvió a colocar el tema del conflicto de interés y de la corrupción en la propia casa presidencial, poco tiempo después del escándalo ‘Casa Blanca’ que cimbró al gobierno y por el cual el Presidente, hace un mes, pidió perdón sin aceptar que había cometido alguna ilegalidad.

Dos días después, el 11 de agosto, una encuesta publicada por el diario Reforma mostró que la ciudadanía no creyó en el perdón del Presidente. El 69% no cree en la disculpa de Peña Nieto y el 72% piensa que no es suficiente. La encuesta –que se realizó entre el 4 y el 7 de agosto- confirmó una abrumadora desaprobación del trabajo presidencial (74%) desde el 30% que obtuvo en abril de 2013. El combate a la corrupción es el asunto en el que Peña Nieto es peor calificado: 77%, y 3 de cada 4 ciudadanos cree que el país va por mal camino.

El 12 de agosto el INEGI dio a conocer que la precariedad laboral en el país sigue creciendo, a pesar de que la tasa de desocupación urbana se redujo a 4.7% en el segundo trimestre de este año, desde 5.2% en 2015. Sin embargo, los ocupados en condiciones críticas (precarias) se incrementaron de 12.2% a 14.5% en ese periodo; un millón más en un año.

El 15 de agosto, en una entrevista con Televisa a petición de Los Pinos, Peña Nieto negó cualquier conflicto de interés en el asunto del departamento de su esposa y justificó el pago de los impuestos del departamento de Angélica Rivera por el empresario Pierdant, como un asunto de favores entre vecinos.

Ayer, 16 de agosto, en un acto en el estado de Hidalgo, el Presidente prosiguió con su defensa realizada el día anterior en Televisa.

Se refirió a quienes “nos quieren inundar con malas noticias” y enfatizó en rescatar las buenas noticias, “que mucho cuentan, que impactan positivamente en la vida cotidiana de las familias mexicanas”, dijo el Presidente en el evento organizado por la Secretaría de Desarrollo Social que encabeza José Antonio Meade, uno de los miembros del gabinete que ha sido mencionado como uno de los posibles candidatos presidenciales en las elecciones de 2018.

Los hechos y datos de la última semana muestran dos cosas respecto del Presidente: El primero es que la percepción pública sobre la corrupción se ha convertido en un muro sólido entre la ciudadanía, casi imposible de derribar; a no ser que –más allá de las inefectivas estrategias publicitarias y comunicacionales- el Presidente decida intentar romperlo con el mazo de una apertura y transparencia, hasta ahora no vista.

Y lo segundo es que Peña Nieto y sus asesores han decidido no salir de su cabina de cristal -aquello que llama ‘buenas noticias’- para, desde allí -sin la necesaria autocrítica- hacer caso omiso de una realidad económica frágil, de inseguridad, y de una evidente corrupción que permea la vida pública.

Estos mismos elementos son ingredientes de la desconfianza en las decisiones de finanzas públicas que habrá de tomar el gobierno hacia el próximo año, y en la que han insistido analistas e inversionistas, particularmente extranjeros. Una desconfianza que se acentúa en un año en el que el gobierno buscará resarcir su popularidad de cara a las elecciones presidenciales.

El asunto es que la desconfianza, como todo en la vida, tiene un precio y que, en el entorno actual, puede ser muy elevado para el país.

 

Inversión extranjera a cuentagotas

En el primer semestre del año las nuevas inversiones extranjeras directas sumaron 4 mil 747 millones de dólares, de los 14 mil 385 millones que reportó la secretaría de Economía. La cifra confirma –dado el tamaño de nuestra economía- que los inversionistas extranjeros siguen prefiriendo otros destinos, que venir a asentarse en México.