Un banco central asustado

01-07-2016 17:26

Ayer la Junta de Gobierno del Banco de México anunció su decisión de subir la tasa de referencia de 3.75% a 4.25%.

Un incremento de medio punto porcentual que era el escenario menos esperado por los analistas encuestados por Bloomberg.

De 17 economistas consultados por la agencia de información financiera, solo 4 esperaban un incremento de esta magnitud en la tasa de referencia; 8 de ellos creían que el banco central incrementaría la tasa en un cuarto de punto porcentual y 7 pensaron que el banco central mantendría la tasa sin cambio.

Aquí mismo le dijimos ayer que era conveniente que el banco central mantuviera la actual tasa de referencia.

Pero esto no solo no ocurrió, sino que los miembros de la Junta llevaron la tasa de referencia, de un golpe, a un nivel que no veíamos desde marzo de 2013, cuando se redujo de 4.50% a 4.00%, acumulando un alza de un punto porcentual en este año, después de que en febrero también la incrementaran en medio punto porcentual.

La principal justificación que dio la Junta en esta ocasión para tomar su decisión, fue el incremento en los riesgos de una depreciación ‘significativa’ del peso frente al dólar sobre la inflación, particularmente sobre la llamada inflación subyacente (que no es otra cosa más que el incremento de los precios de bienes y servicios sin incluir aquellos precios más volátiles, como agropecuarios y energéticos).

Aunque también el banco central en su comunicado apuntó riesgos sobre la inflación no subyacente principalmente por incrementos en los precios de los energéticos (gasolinas) como anunció la Secretaría de Hacienda a partir de hoy.

Mayor volatilidad financiera internacional por factores como el ‘brexit’, menor dinamismo económico mundial y, por lo tanto, mayores riesgos sobre la actividad económica del país, son los otros factores mencionados en el Comunicado; pero el corazón de la soprendente decisión del banco central es su preocupación sobre el impacto inflacionario de la depreciación del peso y la eventualidad de que las condiciones externas agrave aún más en el futuro cercano este impacto. Una preocupación atendible, sin duda.

Sin embargo hay un par de asuntos que le quiero comentar:

Primero, luce contradictoria esta enfática preocupación de la Junta de Gobierno con sus previsiones sobre un comportamiento futuro de la inflación cercano al objetivo de 3%.

Dice a la letra párrafos adelante: “La inflación general anual se mantiene en niveles inferiores a la meta permanente… cabe destacar que, hasta el momento, no se han presentado efectos de segundo orden en el proceso de formación de precios de la economía. Las expectativas de inflación provenientes de encuestas y las extraídas de cotizaciones de mercado, tanto para horizontes de corto como de mediano y largo plazo, continúan ancladas.

Para los siguientes meses, se espera que la inflación general anual aumente gradualmente para cerrar el año ligeramente por arriba del 3 por ciento”.

Y luego añade: “Para 2017 se espera que tanto la inflación general, como la subyacente, se ubiquen alrededor del objetivo permanente”.

Así que –siguiendo el Comunicado- la decisión de incrementar fuertemente la tasa es preventiva y producto –creo- de una ‘sobre-preocupación’ de la Junta.

El segundo asunto a comentar es que una lectura detenida de los argumentos –explícitos e implícitos- del Comunicado del Banco de México, no deja de recordar los argumentos que planteó el documento que publicó el Citi el 2 de junio (“Why is MXN so strong?”; ¿Porqué el peso mexicano es tan fuerte?) y que aquí comentamos ampliamente el 15 de junio.

De hecho podría asegurar que la Junta de Gobierno ‘compró’ plenamente los argumentos sobre la debilidad fundamental de la economía mexicana que plantearon los analistas de Citigroup (incluyendo a la política fiscal y a la preocupación por el déficit en la cuenta corriente), aunque –es evidente- que no comparten las conclusiones del Citi en el sentido de que un incremento en las tasas solo tendría efectos temporales sobre el peso.

En fin. Las preguntas que quedan en el tintero son muchas: 

¿Si no hay indicios y efectos de segundo orden sobre los precios, porqué un incremento de tasas de ese tamaño? ¿Porqué las tasas en el mercado bajaron en los últimos días e incluso ayer mismo cuando se dio a conocer la decisión? ¿Será efectiva el alza de tasas para detener la depreciación del peso? ¿Acaso la depreciación del peso por el efecto ‘brexit’ no tendría que revertirse sola, como ha venido sucediendo, una vez que el Reino Unido presente sus planes? ¿No se está ‘colombianizando’ la política monetaria, al incrementar tasas agresivamente, sin poder detenerlas?

¿Acaso sobrerreaccionó la Junta de Gobierno?