Desconfianza, medios y “think tanks”

22-01-2015 08:12

Uno de los mayores escollos que enfrenta la construcción política y económica del país es la profunda desconfianza de la sociedad hacia las élites políticas.
 
Pegado con esta desconfianza ha germinado una enorme decepción ciudadana sobre los partidos, los políticos e incluso sobre los resultados anticipados de cualquier proyecto que surja de las élites políticas sean éstas locales o nacionales. Los altos niveles de desconfianza y de decepción ciudadanas sobre los gobiernos y sus políticos se palpan en las calles, en las conversaciones de oficina o en las tardeadas familiares. Claro, las encuestas también lo revelan.
 
Muchas son las razones que apuntalan esta desconfianza y decepción ciudadanas y seguramente cada quien pondera de forma distinta a cada una de ellas. Los malos resultados de los gobiernos en temas tan sensibles como la pobreza, la desigualdad, el empleo o el ingreso personal; la rampante corrupción entre la clase política; la impunidad como regla en la aplicación de las leyes; el enanismo en materia de ciudadanía; entre otras razones, obstaculizan la construcción política y económica del país.
 
Pero hay una razón en particular que atraviesa cualquier diagnóstico sobre esta realidad que nos ocupa. Y es la pobreza analítica e informativa de los medios de comunicación –en particular de los medios electrónicos masivos como la radio y la televisión, sin hacer a un lado a los periódicos y revistas- que en sus pantallas, micrófonos y páginas exaltan el sensacionalismo, la inmediatez, los escándalos y hasta las estupideces de los políticos con los que llenan cotidianamente sus espacios.
 
Y es que en la formación de la opinión pública, de su sentir y pensar, los medios masivos juegan un papel relevante.
 
Más aún. La dependencia financiera de muchos de estos medios de los presupuestos del gobierno federal, de los gobiernos locales o de grupos políticos en particular, envilecen y sujetan sus contenidos a las luchas intestinas de las élites políticas. Razón suficiente para que se intensifique la desconfianza y la decepción ciudadanas sobre la necesaria y compleja construcción política y económica del país.
 
Por esta condición es que los medios –y en particular los medios especializados- no están abonando a descifrar ante los ojos ciudadanos la compleja realidad que enfrenta México, más allá del reduccionismo de ‘buenos y malos’ que plantea la lucha intestina de los grupos políticos que los financian. Mucho menos abonan al debate público sobre la construcción de caminos políticos y económicos para el largo plazo.
 
En este contexto de fragilidad mediática para la construcción política y económica, es que en los últimos años se han multiplicado en México centros de pensamiento o de investigación -conocidos en el mundo como ‘think tanks’- que con recursos financieros y expertos a su disposición se han dado a la tarea de generar cuantiosos y valiosos documentos de análisis e información sobre el presente y el futuro de las políticas públicas; desde la construcción del presupuesto anual del gobierno federal, hasta el discernimiento sobre el tipo de instituciones económicas y políticas que requiere el país. Allí están ‘think tanks’ como Fundar, IMCO, Cidac, Ethos o México Evalúa, cuya presencia mediática ya es prácticamente cotidiana. Tan lo es que el reportero medio se ha convertido en una suerte de ‘tomador de nota’ de lo que dicta el experto del ‘think tank’. Un peligro más.
 
Si bien el aporte de los ‘think tanks’ ya es indispensable para el debate de las ideas políticas y la construcción de confianza ciudadana, habrá que cuestionar su independencia, su financiamiento y la calidad de su información. Una tarea que se antoja difícil de llevar a cabo si los medios no asumen su tarea elemental.

 

Opinión: Prensa vendida. Columna de Samuel García del 9 de enero del 2015.