La discrecionalidad de Hacienda

11-09-2014 06:38

Será importante que, de una vez, el secretario Luis Videgaray y sus funcionarios de Hacienda detallen cuáles y cuántos son los proyectos de inversión de alto impacto económico y social para el 2015, porque en el Paquete Económico 2015 que entregó no aparecen por ningún lado.

En el documento de Criterios Generales de Política Económica 2015 que entregó el gobierno al Congreso se insiste una y otra vez en estos denominados ‘Proyectos de inversión de alto impacto’; pero nada sabemos a ciencia cierta acerca de ellos. Los ‘Criterios’ simplemente no lo detallan, ni lo explican.

La razón de porqué es importante que este asunto quede claro es sencilla: La Secretaría de Hacienda le está solicitando al Congreso que para el próximo año no se considere, para efectos del equilibrio presupuestario, la inversión tanto de las empresas productivas del estado (léase Pemex y CFE, entre otras) como los proyectos de inversión de alto impacto económico y social, hasta por un monto equivalente a 2.5 por ciento del PIB.

En pocas palabras y para que esto se entienda, lo que Hacienda está proponiéndole al Congreso es cambiar la definición de balance fiscal para, así, poder cumplir con la reducción en el déficit al que se comprometió originalmente. Y es que con la definición tradicional simplemente el déficit fiscal crece, porque la deuda pública crecerá de manera importante según el Paquete Económico entregado.

Ese asunto ya lo abordamos ayer en este espacio enfatizando la preocupante pérdida de credibilidad del gobierno federal en el manejo de la política fiscal, porque en menos de dos años el secretario Videgaray ha cambiado ya dos veces las reglas sobre el balance presupuestario a las que el propio Peña Nieto se comprometió en su toma de posesión. Ahora se propone cambiar la definición de balance fiscal para ajustarlo convenientemente a su intención de elevar aún más la deuda pública; bajo la promesa de que ésta se reducirá en el futuro producto de la prosperidad económica que vaticina.

Ése ya es un serio problema en sí mismo y –como ya varios economistas han advertido- simplemente se está jugando con la estabilidad macroeconómica para el futuro cercano.

Pero hay otro problema en este asunto en el que hay que poner atención. Y es la discrecionalidad del gobierno para etiquetar a proyectos -chicos o grandes, importantes o no- como “proyectos de inversión de alto impacto económico y social” que –bajo la salvedad que pidió Hacienda al Congreso- se financiarán con deuda pública.

¿Cuáles son, específicamente los proyectos de alto impacto a los que se refiere Hacienda? ¿Cuántos son y bajo qué criterios se etiquetan como proyectos de alto impacto? ¿De qué montos se está hablando con estos proyectos de alto impacto?

En fin. Lo único claro es que no tenemos las respuestas a estas preguntas. No sabemos si el proyecto tal, al ser etiquetado como ‘de alto impacto’, por ese solo hecho debe ser financiado con deuda pública y excluido de la definición del balance fiscal, que le propone Hacienda al Congreso.

Y es que esa falta de información a detalle en un año político-electoral como el que viene, resulta inquietante -por sospechosa- y preocupante porque al conveniente acomodo de las definiciones para obtener los resultados, también se le suma la discrecionalidad con la que se maneja el gobierno federal.

 

¿NUEVOS EMPLEOS?

A veces las cifras no son como las pintan. Mire. De acuerdo a los datos del IMSS de enero a julio se crearon 440,911 empleos en el país, de los que 335,895 fueron permanentes y el resto eventuales.

El dato es bastante alentador si se proyecta al resto del año, sobre todo después de que vimos un primer semestre con un crecimiento económico lento. Llama la atención que con esa creación de empleos el mercado interno aún no responda.

Una posible respuesta es que muchos de esos casi 441 mil nuevos empleos formales registrados no hayan sido, efectivamente, ‘nuevos’. Sino que simplemente bajo la intensa campaña del SAT sobre el nuevo Régimen de Incorporación Fiscal, una buena cantidad de empleos informales pasaron a las filas de la formalidad. De ser así, en sentido estricto, no se habrían ‘creado nuevos empleos’.

La pregunta es ¿cuántos de los casi 441 mil nuevos empleos registrados entre enero y julio fueron producto de esa campaña de ‘formalización? ¡Sorpréndase! Pudieran ser casi la mitad. Eso explicaría por qué el mercado interno no jala, a pesar de tantos nuevos empleos.