La amenaza de la desigualdad

03-07-2014 05:20

La desigualdad es uno de los mayores retos que enfrentan las sociedades de todo el orbe hoy en día. Pequeños grupos de población que han acelerado la acumulación de riquezas en relativamente poco tiempo, alejándose de las mayorías que no logran generar ingresos a un ritmo satisfactorio para dar un salto cualitativo en su bienestar.

Este fenómeno –que se había atenuado durante gran parte del siglo pasado en las economías más desarrolladas- se ha acentuado en las últimas décadas generando no solo nuevas inquietudes sociales y políticas, sino también riesgos al propio desarrollo futuro del capitalismo en las naciones desarrolladas y en las emergentes.

El éxito reciente del economista francés Thomas Piketty con su libro “El capital en siglo XXI” -en el que plantea el debate sobre el resurgimiento de la desigualdad en el mundo- reside precisamente en haber puesto en evidencia cómo la mayor velocidad en el crecimiento de la acumulación del capital sobre el crecimiento económico, ha llevado a incrementar la desigualdad. Un fenómeno al que Piketty denomina, “capitalismo patrimonial”. 

Pues bien. Coincidente o no, influenciado o no por el francés Piketty, el hecho es que ayer la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, que encabeza José Ángel Gurría, presentó su ‘Escenario Global para los próximos 50 años’ en el que -entre otros asuntos- advierte sobre el incremento de la desigualdad en el mundo.

En su escenario la OCDE pronostica que la tasa de crecimiento económico global anual caerá en los próximos 50 años en más de un punto porcentual, debido fundamentalmente a una fuerte caída en el crecimiento de las economías emergentes, que de haber crecido a una tasa cercana al 7 por ciento en la década 2000-10, apenas lo harán al 3% en la década 2050-60; mientras que las economías desarrolladas seguirán en una especie de aletargamiento económico con una tasa de crecimiento que flucturá entre 1 y 2 por ciento.

Con este escenario base de comportamiento económico, los economistas de la OCDE prevén que se reduzcan las diferencias entre los países emergentes y los desarrollados, a la vez que se reduce la pobreza en el mundo en las siguientes cinco décadas. Sin embargo también se espera que la desigualdad de ingresos al interior de las naciones se incremente en este periodo.

Una de las razones importantes para llegar a esta conclusión es que los avances esperados en las tecnologías favorecerán a los empleados y trabajadores que se encuentran mejor capacitados y con mayor calificación. Estos podrán sacar mas provecho individual de la revolución tecnológica. Y más aún: La tecnología seguirá reemplazando puestos de trabajo que requieren solo de habilidades de nivel medio.

Una conclusión que es coherente con lo observado en las últimas dos décadas, según la OCDE. Los salarios de quienes ganan más dinero en los países que conforman el organismo, crecieron a un ritmo de 0.6 por ciento anual más rápido que los ingresos de quienes están en los escalones mas bajos de ingresos.

Si esta es la perspectiva, entonces se requieren políticas para el desarrollo que impulsen las capacidades y habilidades de la población; que en esencia es un asunto de calidad educativa. Pero, además, se requieren políticas fiscales redistributivas con mayores y mejores mecanismos de apoyos para los estratos con menores oportunidades.

Esa construcción de futuro en ámbitos específicos como éstos que se han señalado, debe guiar la discusión de políticas públicas en el país; para dejar, de una vez, que sean solo las coyunturas y los pleitos privados los que ocupen las portadas de los diarios.

A FONDO: Consulta el reporte Escenario Global para los próximos 50 años, emitido por la OCDE.