Un grave problema

18-06-2014 08:19

El problema de la obesidad -y particularmente de la obesidad infantil- en México es un asunto de atención urgente por el grado de afectación que se ha alcanzado en la salud pública de los mexicanos y por los costos económicos que acarrea.

El reporte “Panorama de la Salud 2013” que elabora la OCDE ya advertía de esta situación. “México necesita invertir seriamente en programas de prevención para atender la alta, y aún creciente, tasa de obesidad”, destacaba su comunicado de prensa para luego arrojar cifras que dan cuenta de la problemática.

El 32.4% de los mexicanos sufre obesidad, cuando en el año 2000 este porcentaje fue de 24%, revelando el crecimiento del problema en poco más de una década; mientras que un tercio de los niños mexicanos tiene sobrepeso o sufre de obesidad. Ya todos los reportes han confirmado que México es el segundo país en el mundo con mayor porcentaje de obesos y el primero en obesidad infantil.

La diabetes -una enfermedad crónica asociada a la obesidad- afecta a 9.2% de los adultos mexicanos según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de 2012, pero el Atlas 2011 de la International Diabetes Federation, señala que este porcentaje alcanza a 16% de la población. De ser así, uno de cada seis mexicanos padece diabetes.

De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, la diabetes ocupa el primer lugar en número de defunciones por año en México y lo más preocupante es que las cifras de enfermos siguen creciendo, de acuerdo al Instituto Carlos Slim de la Salud. Incluso una gran proporción de los enfermos -más de un tercio de ellos- no saben que la padecen.

Así que estamos frente a un grave problema de salud pública que, además, les cuesta mucho dinero a las familias y al presupuesto público. El Instituto Carlos Slim de la Salud ha calculado en 105 mil millones de pesos anuales los costos directos e indirectos de la diabetes, y para las familias los costos también son elevados dado que la cobertura de los servicios de salud en el país sigue siendo limitada a pesar de la mayor inversión pública en programas de salud. El gasto de las familias mexicanas en compra de medicamentos es el segundo más alto, entre los 34 países miembros de la OCDE, y el más elevado, proporcionalmente a su bolsillo, en gastos para su salud.

Si la afectación es de tal magnitud, la pregunta inmediata es ¿qué se está haciendo? En los últimos meses hemos conocido de algunas acciones de políticas públicas, como campañas de prevención y de promoción de estilos de vida saludables, la regulación en la información y la publicidad de alimentos “chatarra” dirigida al público infantil, o incluso la aplicación de nuevos impuestos a las bebidas azucaradas, entre otras.

Pero todo esto no parece ser suficiente.

El pasado fin de semana se llevó a cabo en San Francisco, California, la 72 Sesión Científica de la Asociación Americana de la Diabetes, la mayor reunión de especialistas de esta enfermedad en el mundo, y las cifras previstas para el crecimiento de esta enfermedad hacia los próximos 25 años son alarmantes.

Por el número de población afectada en países en desarrollo, la diabetes se convertirá en una de las mayores amenazas para su progreso. Pero una de las conclusiones de mayor preocupación es el crecimiento de la diabetes entre la población infantil y de jóvenes, lo cual está limitando su esperanza de vida.

Un estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale, que allí se presentó, da cuenta del exceso de glucosa en los niños y adolescentes, quienes abusan del consumo de azúcar a través de los dulces y refrescos, generando una adicción con graves efectos sobre su salud. Un amplio reportaje al respecto se ha publicado recientemente en www.arenapublica.com (“Alimentos procesados: La peligrosa seducción de la industria alimentaria”)

Y es que el problema de la obesidad -y sus peligrosas consecuencias- no se deriva sólo de causas sanitarias, sino también sociales y económicas. Regular a la industria de los alimentos procesados en el uso de la sal, de las grasas y del azúcar en sus productos -que generan adicción en cantidades elevadas- debe ser sólo el comienzo de un programa integral para atacar este grave problema.