El Observador

El fin de la paciencia

16-05-2014 07:58

El enojo por las consecuencias nocivas sobre la economía derivadas de los cambios fiscales aplicados en este año, no solo es un asunto de las cúpulas del sector privado o de algunos académicos beligerantes.

Al interior del Banco de México las críticas de sus economistas al gobierno federal han subido de tono en las últimas semanas, a medida que surge nueva información detallada sobre el comportamiento en estos primeros meses del año de los diversos sectores de la economía en todas las regiones del país.

Y es que el banco central hace un seguimiento puntual de la actividad económica, del clima de confianza y de las inversiones en el país a través de sus oficinas regionales, que le permite tomarle un pulso cercano a la economía con información microeconómica fresca a fin de mejorar la calidad de su toma de decisiones tanto en su área de investigación económica como, por supuesto, en su Junta de Gobierno.

Pues bien, con la información recabada y con sus propios análisis, al interior de las áreas de investigación del banco central, hay un consenso bastante amplio en torno a los impactos negativos de las medidas tributarias implementadas sobre el consumo y la inversión, en el peor momento para la economía.

De hecho la Junta de Gobierno también comparte mayoritariamente esta opinión y así lo han dejado ver en sus anuncios públicos sobre la política monetaria al adoptar una postura cautelosa sobre la situación actual del mercado interno y sus repercusiones en la marcha de la actividad económica. Claro que el lenguaje usado en las minutas de las decisiones de política monetaria que se dan a conocer públicamente, no revelan a cabalidad el tono y los énfasis de la discusión entre sus miembros.

En este mismo sentido, no es casualidad que en esta semana el ex gobernador del banco central, Guillermo Ortiz –y que ahora preside el Grupo Financiero Banorte- haya criticado duramente en un acto público a la política fiscal del gobierno a la que atribuyó ser un factor de incertidumbre para las empresas, desincentivando el consumo y los planes de inversión y producción de las empresas, a la vez que ha desalentado la actividad formal en la economía.

Pero incluso el ex banquero central –con fuertes relaciones aún al interior del Banco de México- fue más allá de la crítica técnico-económica a la reforma y que comparten básicamente los analistas del banco central.

Ortiz criticó la insistencia en la estrategia de formación de expectativas que ha usado el secretario Luis Videgaray desde el inicio del gobierno y advirtió sobre los riesgos que se corren.

“Lo peor que nos puede pasar es prometer cosas que no se cumplan, que no van a ocurrir. Por eso se tienen que ofrecer planes realistas”, dijo Ortiz en un lenguaje inusual e, incluso, de confrontación, sin dejar de mostrar su molestia por la forma como se está conduciendo la política hacendaria. Ya el secretario de Hacienda le respondió al día siguiente con las mismas palabras que ha usado desde hace meses reafirmando que la reforma dará frutos en el mediano plazo y no de manera instantánea.

El hecho es que los desacuerdos por la reforma fiscal que implementó el gobierno han crecido y se han llevado a las tribunas públicas. Un desacuerdo que se montó sobre las duras críticas al gobierno por su manejo en el ejercicio del gasto público en 2013 cuando la economía se estancó.

El gobierno apuesta a los primeros resultados positivos de la economía, una vez que el manejo de expectativas parece haberse agotado. Pero la paciencia también está llegando a su fin.

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