El Observador

La credibilidad de Videgaray

05-05-2014 08:04

Aquel cuento clásico de Esopo, llamado “El pastorcito mentiroso”, pone en evidencia que cuando alguien miente con frecuencia para divertirse o simplemente para matar el aburrimiento, bajo el argumento de que el lobo se va a comer a sus ovejas; llegado el momento de la verdad, no obtiene atención de los aldeanos a sus llamados, por lo que sufrirá las terribles consecuencias de sus mentiras.

Algo así está ocurriendo en la economía mexicana. Y es que cada vez cuesta más trabajo creerle al secretario de Hacienda cuando afirma lo bien que le va a la economía -y lo bien que le irá- mientras que los resultados de corto plazo dicen exactamente otra cosa. Las promesas y buenos augurios del secretario para la economía en el último año y medio, han perdido paulatinamente credibilidad ante unos resultados que lo desdicen y unas cuentas que no más no salen.

En el ámbito de los empresarios, este asunto de la pérdida paulatina de la credibilidad del poderoso secretario de Hacienda del presidente Enrique Peña Nieto, ya comienza a preocupar. El fin de semana pasado se dieron un par de declaraciones a la prensa que apuntan en esta dirección. El consejero delegado del BBVA, Ángel Cano, cuidadoso en sus palabras pero no dejando de señalar el problema le dijo a los periodistas: “El mercado había puesto a México demasiado de moda antes de que llegaran los hechos y los hechos aún no están llegando a la misma velocidad en el país de lo que se esperaba”. Una clara desilusión del banquero español sobre la efectividad de las promesas del gobierno mexicano en materia del crecimiento económico y que lo expresó advirtiendo que Brasil podría aprovechar esta situación.

Y es que los empresarios -en conversaciones off the record- son aún bastante escépticos sobre la capacidad de ejecución del gobierno para desahogar la agenda propuesta de los grandes proyectos de infraestructura que ha planteado el sector público como detonante para dinamizar la economía en el corto plazo. En términos generales Rodrigo Brand de Lara -un ex funcionario de Hacienda que ahora se desempeña como economista en jefe del también español Santander- ha calificado esta situación como el “riesgo de ilusión”. En pocas palabras, la tardanza persistente en la materialización de estos millonarios desembolsos del gasto público, que siguen retrasando la tan prometida recuperación económica.

Y es que el billonario Plan Nacional de Infraestructura que presentó el presidente Enrique Peña Nieto el pasado lunes 28 de abril en Los Pinos -contrario al objetivo principal del gobierno federal- no despertó la euforia, ni provocó un cambio de ánimo entre los inversionistas privados, nacionales y extranjeros. Se leyó como una nueva oleada de promesas económicas, que deberán ver con la cautela que ya aprendieron a poner por delante en estos últimos meses frente a un gobierno de fácil expectativa.

Incluso el acostumbrado comunicado de prensa del Consejo Coordinador Empresarial para felicitar al gobierno federal por los anuncios de esta naturaleza, no desaprovechó para hacer notar un dejo de cautela.

Durante meses el gobierno federal ha repetido -una y otra vez- sus promesas de que ahora sí viene la recuperación para la economía, sin que estas expectativas se concreten en el corto plazo. Con todo, el secretario de Hacienda ha seguido insistiendo en esta estrategia de la ilusión. Las promesas son de crecimiento económico acelerado, de menores precios en los combustibles para los consumidores, de una fuerte generación de empleos, entre muchas otras repetidas recientemente en el ánimo de vender las reformas.

Lo preocupante es que las promesas incumplidas del secretario de Hacienda han minado su palabra, su credibilidad, frente a la aldea. Como en el cuento de Esopo. Habrá que ver por cuánto tiempo más, si no hay resultados concretos que lo respalden.

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