El Observador

Desarrollo ¿sin trabajo?

30-04-2014 07:58

Mañana en México se celebra el Día del Trabajo o, más propiamente, el Día de los Trabajadores, recordando aquel primero de mayo de 1886 cuando en Chicago miles de trabajadores industriales iniciaron una huelga en protesta por las extenuantes condiciones de trabajo. Esa protesta -no exenta de represión y muerte a un número indeterminado de obreros- trajo como consecuencia el inicio de la adopción de la jornada de ocho horas diarias entre algunos gremios patronales y el fortalecimiento de las uniones de trabajadores.

Este y otros movimientos laborales reforzaron el pensamiento socialista de aquella época, si bien con una gran dosis de utopía, aunque son innegables aportes como el papel central que debe ocupar el trabajo, y los trabajadores, en el desarrollo de nuestras sociedades. No hay desarrollo posible sin trabajadores, sin trabajo.

La pobreza del desarrollo económico mexicano tiene una fuerte explicación en la incapacidad demostrada de la economía y de las políticas públicas para generar empleos de calidad. Casi el 60% de los mexicanos que dijeron estar ocupados, trabajan bajo condiciones de informalidad laboral, sea en el sector público o en el privado. La mala calidad de los empleos, que se traduce en baja o nula remuneración, en horarios incompletos de trabajo, en periodos intermitentes de ocupación, en nula o casi nula capacitación, o en la ausencia de seguridad social y de programas de jubilación, se manifiesta en condiciones precarias de vida de los trabajadores y en limitados horizontes de desarrollo personal y familiar, pero también en una reducida productividad laboral y en un exiguo desarrollo social.

El asunto es que las políticas públicas aplicadas por los gobiernos en turno no han logrado revertir esta situación del trabajo y, por el contrario, han profundizado las cifras del desempleo, de la informalidad y de la pobreza.

En un estupendo artículo reciente, Carlos de Buen ofrece una buena explicación sobre cómo las políticas de combate a la pobreza impulsadas por los gobiernos recientes sólo han extendido la informalidad.

Dice de Buen: “Los ‘graduados’ de Oportunidades, esto es, los jóvenes que concluyen los estudios bajo el amparo del programa, llegan al ‘mercado de trabajo’ mejor alimentados, más saludables y con una base educativa, que si bien deja mucho que desear, al menos debiera permitirles aspirar a un empleo digno, como se supone debe ser el trabajo formal. No obstante, se enfrentan a la triste realidad de que tales empleos son para muy pocos y no precisamente para quienes intentan salir de la pobreza…

Para casi todos ellos, la única opción es la economía informal, como vendedores ambulantes, piratas de todo tipo, cargadores de frutas, taxistas o qué se yo, condenados a seguir en la pobreza. En el mejor de los casos cruzarán al otro lado a probar suerte en el sector de los servicios, con la esperanza de alcanzar el sueño americano. Pero si la suerte no les sonríe, si se cansan de intentarlo, si los atrapan en el camino o si simplemente les gana la ambición, acaban sirviendo al narco…

Tras mi paso por la Sedesol me di cuenta que no se dedica realmente al desarrollo, sino a la asistencia, pues no hay desarrollo sin trabajo y mientras los programas sociales no ayuden a generar empleos formales, seguiremos destinando sus recursos en acciones que sirven para mantener pobres a los pobres, que sin duda son buenos clientes electorales, pero que no hacen crecer la economía.

De cualquier manera, de poco sirve un trabajo mal remunerado, y mientras sigamos creyendo que nuestro mejor argumento para competir en el mundo globalizado es la mano de obra barata, por cada peso que destinemos al asistencialismo, deberemos destinar varios más a defendernos de los violentos. Seguiremos viviendo con miedo, pero eso sí, con la conciencia tranquila", concluye.

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