El Observador

La reforma pendiente

28-04-2014 08:21

La economía no está marchando como el propio gobierno lo esperaba. A medida que transcurren los meses las cifras han ido confirmando que el crecimiento económico no repunta como lo habían vaticinado los funcionarios de Hacienda al pronosticar un crecimiento de 3.9% para el año.

El incremento anual de 1.74% en el Índice Global de la Actividad Económica, IGAE, al mes de febrero que dio a conocer Inegi la semana pasada, sólo vuelve a confirmar el lento paso de la economía que la aleja de las metas del gobierno para el año. Si bien es posible que en marzo se vea un repunte en la tasa de crecimiento por el “efecto de semana santa”, ello “no refleja mayor actividad per se”, como dice Jonathan Heath. Pues bien, en el mes de abril se verá el efecto contrario con un sesgo en la tasa a la baja.

La economía no está marchando como el propio gobierno lo esperaba. Durante el primer bimestre del año el gobierno gastó, en términos reales, 19% más que lo ejercido en 2013 sin efectos positivos sobre el dinamismo de la economía en el corto plazo, como lo apuntan los economistas del CEESP. Efectivamente, al parecer el mayor gasto público tampoco está logrando que el gobierno se acerque a las metas de crecimiento que se propuso.

Y claro, a este ritmo, es altamente probable que hacia el 23 de mayo -fecha en la que INEGI publicará el crecimiento del PIB al primer trimestre- la secretaría de Hacienda se vea forzada a reducir su estimado de crecimiento para el año en momentos en que el Congreso discute las leyes secundarias en telecomunicaciones y energía, dos de las reformas emblemáticas de Peña Nieto.

Las luces amarillas sobre la marcha económica están encendidas en Los Pinos y con razón. La economía no está marchando como el propio gobierno lo esperaba y ahora se enfrenta a qué hacer, más allá de la ya desgastada campaña mediática sobre las promesas de México en torno a las reformas.

En el afán de meter el acelerador económico el gobierno ahora busca apretar el paso en materia de inversión pública, refrendando y anunciando recursos públicos para la infraestructura. Hoy la Presidencia de la República anuncia la presentación del Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018, que ya fue presentado -con bombos y platillos- el verano del año pasado y que ahora se vuelve a anunciar en Los Pinos en el marco de la urgencia por reactivar a una economía que no camina.

El anuncio con detalle de millonarios presupuestos y de políticas menos burocráticas y más eficaces para la puesta en marcha de grandes obras en el país -y que quizá incluya la construcción del multipospuesto nuevo aeropuerto para la Ciudad de México- es la respuesta del gobierno federal a la crítica sobre el pobre gasto público de inversión como detonante de la inversión privada y de un mayor crecimiento de la economía.

Pero no será suficiente. El crecimiento, producto de un incremento sostenido de la productividad, requiere una “reforma del gobierno”. Tenemos un gobierno que estorba la creatividad y la inversión privada imponiéndole costos que merman su productividad. Más aún -como sospecha Oscar Vera en un artículo reciente- tenemos gobiernos -federal y locales- con una baja productividad que debe atenderse porque ello castiga la productividad general de la economía.

Por el contrario, las economías exitosas tienen gobiernos promotores. Leía en El País lo que decía en Estonia uno de los jóvenes empresarios del dinámico sector de las tecnologías emergentes: “Es tu empresa y su marcha depende de ti, de tu empeño, de tus ideas. Yo no necesito que el Gobierno haga nada por mí, con que me haga la vida fácil es suficiente, y en eso cumple con creces”.

Estamos lejos de lo que dice aquel joven. Qué bueno que viene mayor inversión pública, pero será insuficiente. Para crecer es fundamental impulsar la productividad y ello pasa por reformar a fondo a un gobierno que estorba el ingenio y la capacidad de los emprendedores. Se requiere una reforma de alto calibre: la del gobierno.

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