La ruptura

05-03-2014 08:37

Es evidente la mala relación que existe entre los organismos cúpula del sector privado y la Secretaría de Hacienda. El más reciente capítulo de esta desavenencia se mostró con la ausencia de los empresarios durante la presentación del Acuerdo de Estabilidad Tributaria el jueves pasado, un día antes que concluyera el plazo que el propio titular de Hacienda se había impuesto.

Aquella esperada foto entre empresarios y funcionarios públicos validando la reforma fiscal, simplemente nunca se dio para mala fortuna del secretario Videgaray. El “pacto fiscal” no llegó y el gobierno se tuvo que conformar con un simple “acuerdo de gabinete gubernamental”, como lo describió Miguel Messmacher en una reciente entrevista con El Universal. Allí el subsecretario de Ingresos dejó en claro que no hubo ninguna negociación y que el reciente “acuerdo” es una facultad del Ejecutivo “sin necesidad de negociar con nadie”.

En ese tono están las relaciones con el sector privado.

Y claro, los empresarios han respondido de muy diferentes maneras, especialmente a nivel de reuniones privadas. Pero una de ellas, la más reciente, se dio a través del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, CEESP -dependiente del Consejo Coordinador Empresarial- que emite la opinión de la máxima cúpula empresarial en materia de políticas públicas.

En su “Punto de Vista” de este lunes 3 de marzo, el CEESP inicia su análisis titulado “Mejorar la estabilidad macroeconómica de México, una tarea pendiente”, con este párrafo: “Contrariamente a lo que se anuncia de manera oficial, la estabilidad macroeconómica de México no está en los niveles competitivos internacionales que permitieran consolidar las actividades productivas, reducir el riesgo de crisis recurrentes, y generar expectativas favorables de inversión y confianza en consumidores y productores”.

Una respuesta dura, inusual, de la cúpula empresarial desmintiendo el discurso oficial del gobierno no sólo en relación al llamado mexican moment derivado de las reformas recientes, sino atacando el manejo actual de la economía que lleva el secretario Videgaray.

A simple vista se puede entender el enojo de los empresarios, especialmente de algunos grandes, después de que el PRI y el PRD aprobaron cambios tributarios con los que no están de acuerdo, como tampoco aprueban algunos de los aspectos centrales de la iniciativa de ley de competencia económica que recientemente presentó el Presidente al Congreso. Era, incluso, hasta obvia esta reacción.

Pero el enojo en las cúpulas empresariales va más allá. Son las formas, que en política es fondo, como diría Don Jesús Reyes Heroles. Acostumbrados a tratar directamente con el presidente en turno, ahora muchos de los grandes empresarios sólo pueden llegar a las oficinas de los subsecretarios, porque incluso el secretario de Hacienda -relatan- es prácticamente inaccesible. “Oídos sordos por la soberbia”, me decía uno de ellos hace poco.

Mientras que la respuesta anónima de un funcionario público de alto nivel fue que el gobierno sólo está retomando su lugar después de años en que los gobiernos panistas los dejaron “meterse hasta la cocina”.

¿Son acaso estos recientes desencuentros, reacomodos en la relación reciente entre los poderes económicos y políticos del país? Muy probablemente sí y más aún cuando para el Presidente los éxitos de las reformas económicas están condicionados a un gobierno con mayor protagonismo en la conducción de la economía.

La lucha soterrada tras bambalinas y los desencuentros propios de este reacomodo del poder, se agudizarán en las próximas semanas y meses cuando se hilen las leyes secundarias de las reformas en competencia, telecomunicaciones y energía en el Congreso; mientras que el poder judicial define el futuro de los cambios tributarios.

Mientras tanto, la ruptura seguirá dando de qué hablar.