La punta del iceberg

04-03-2014 09:16

Oceanografía es la empresa que en los últimos días ha dominado los titulares de la prensa a raíz de que fue acusada de fraude por Citigroup en contra de su filial mexicana Banamex y por lo que la Procuraduría General de la República determinó asegurar a la empresa que encabeza Amado Yáñez.

Según Citi, se detectaron 400 millones de dólares en préstamos incobrables derivado de fraudes relacionados con licitaciones de la contratista de servicios petroleros de Pemex Exploración y Producción, PEP.

Si bien es grave la afectación financiera al balance de Banamex –afectación que podría crecer aún más en las próximas semanas- no es el mal mayor.

El ‘modus operandi’ que se viene revelando con los primeros indicios dados a conocer por la PGR en torno a Oceanografía, configura apenas la punta de un iceberg de mucha mayor dimensión y que aglutinaría a políticos, empresarios y funcionarios públicos de alto nivel que, por años, se han beneficiado de los millonarios contratos que otorga Petróleos Mexicanos.

El asunto de Oceanografía no es nuevo y de allí que no llame a la sorpresa. Allí está el libro de la periodista Ana Lilia Pérez (“Camisas azules, manos negras. El saqueo de Pemex desde Los Pinos”) que documentó el tráfico de influencias, las irregularidades y la corrupción entre los contratistas y la petrolera durante los gobiernos panistas de Vicente Fox y de Felipe Calderón. Nombres como los de la familia Mouriño, Martha Sahagún y los Bribiesca, así como ex funcionarios de la paraestatal, empresarios y personajes del círculo cercano a Los Pinos son identificados en el libro con precisión.

Ahora con Oceanografía la rampante corrupción alrededor de Pemex y de sus círculos de contratistas es exhibida nuevamente, pero es apenas un caso; quizá el más crítico por la desfachatez en su gestión, pero no el único.

Del asunto se desprenden, por lo menos, dos vertientes a atender:

La primera es si el caso ‘Oceanografía’ no es solo un golpe político controlado desde el gobierno, sin mayores consecuencias sobre el entramado de corrupción en Pemex. Esta vertiente es fundamental para advertir si el presidente Enrique Peña Nieto muestra algún compromiso serio con la transformación de Pemex y con su propia reforma energética. Y es que al final del día, la reforma petrolera no es solo apertura a la inversión privada, sino fundamentalmente hacer de Pemex una empresa competitiva, despojándola de su actual estructura y operación atada a los intereses políticos que la corrompen. Habrá que ver si el ‘caso Oceanografía’ es, efectivamente, la punta de lanza de Peña Nieto para desmantelar las redes de corrupción que atan a la petrolera; o si las cosas en la apertura energética seguirán fundamentalmente igual con el gobierno priista.

La segunda vertiente a atender es la potencial corrupción en la relación entre empresas privadas y el poder político. Ayer el propio presidente de la CNBV señaló en una entrevista radiofónica que este caso revela un problema de falta de control en la banca. Quizá es una falta de control ‘conveniente’ como ocurrió con los préstamos que algunos bancos concedieron a los gobiernos estatales (caso Coahuila) sin mayores controles de riesgos. Nos preguntamos si ¿acaso era muy complicado para un banco como Banamex validar la documentación falsa de una empresa tan cuestionada como Oceanografía, para la concesión de créditos millonarios?

Y es que en esta cultura de negocios basada en el tráfico de influencias desde el poder político, los empresarios forman parte de un entramado en el que todos ganan. Oceanografía solo parece ser la punta de este iceberg.