La renuncia de Morales Gil

11-02-2014 09:13

La renuncia de Carlos Morales Gil a la dirección general de Pemex Exploración y Producción (PEP) anunciada el viernes pasado, es quizá la noticia más relevante de los últimos años en el organigrama de la empresa petrolera del estado. Su relevancia se ve acrecentada porque se da justo cuando en la dirección general de la paraestatal, en Hacienda y en Los Pinos se ‘cocina’ la reorganización corporativa de la petrolera, mientras que el Congreso está a punto de iniciar las discusiones sobre las leyes secundarias, reglamentos y contratos derivados de las reformas constitucionales sobre la explotación de los hidrocarburos.

Es precisamente en esta coyuntura -ni más ni menos- que el ingeniero Morales decide dejar la empresa después de más de tres décadas de laborar en Pemex y poco más de nueve años de dirigir al organismo de mayor peso específico en la operación y en los resultados de la petrolera. Y es que PEP concentra el inventario de las reservas de hidrocarburos, los nuevos descubrimientos, la exploración, el desarrollo de campos, la producción de hidrocarburos, la administración de la declinación de los campos, así como el transporte de los hidrocarburos; es decir, prácticamente toda la operación estratégica sobre petróleo y gas que realiza Pemex y de la que se obtiene la llamada ‘renta petrolera’. Y el responsable de ello era Carlos Morales.

Mucho se ha especulado acerca de si su renuncia respondió a diferencias con Emilio Lozoya, el director general de la petrolera, por la reorganización corporativa que se ha planteado para Pemex en la que los organismos subsidiarios desaparecen y se reducen a dos direcciones: Una, dedicada a las actividades “aguas arriba” que tiene que ver con la exploración y producción, que son las actividades que ahora desarrolla PEP; y otra, enfocada en la actividad industrial, o “aguas abajo” y que reunirá refinación, petroquímica y logística. Algo hay de eso. Pero sobre todo se sabe que el experimentado Morales Gil –que este año cumplirá 60 años- se había cansado de tratar con ‘novatos’ en los últimos meses; un riesgo para la implementación de una transformación de la empresa y del mercado petrolero del tamaño como el que se pretende. Así que decidió dar un paso lateral.

Quizá el ejemplo más reciente de una decisión corporativa que generó molestia en el ahora ex director de PEP y entre buena parte del cuerpo directivo de la petrolera, fue la creación de la Dirección Corporativa de Procura y Abastecimiento (DCPA) –una poderosa dirección de compras que busca concentrar todas las adquisiciones de la empresa- a cargo de Arturo Henríquez Autrey, un ex funcionario de Pemex Procurement International (PPI), ex representante de Pemex ante el consejo de Repsol, y un trader de mercados financieros con amplia trayectoria en la banca de inversión estadounidense. Para directivos como Morales, la DCPA es un anticipo de la concentración y dependencia hacia la oficina de Lozoya que comenzará a darse en cuestión de meses.

El relevo de un experimentado y conocedor profesional de la industria petrolera no es una decisión sencilla si lo que se busca es garantizar una transición sin sobresaltos en la silla de mayor peso operativo de la empresa. Sin embargo los rumores sobre designaciones por cercanía o ascendencia política en Hacienda, Los Pinos o en la propia dirección de la empresa –que abundan en Pemex- están a la orden del día. Sería un error.

Mientras tanto Morales Gil podría haber dado un paso lateral, tal y como lo sugiere el propio boletín de Pemex. Acaso el ahora ex director general de PEP podría encabezar a una renovada Comisión Nacional de Hidrocarburos que –con la reforma- se convertirá en pieza clave para la industria petrolera nacional. Veremos, aunque todo parece indicar que los vientos de cambio en el sector energético no solo atañen a leyes y reglamentos, sino también traen consigo cambios en los organigramas que veremos poco a poco.