¿Inflación? ¡No es ningún problema!

10-02-2014 09:33

¿Ironías de la vida? Tratándose de precios, hoy por hoy, el mejor aliado del gobierno federal es el bajo crecimiento de la economía.

Aquí le hemos dicho que la política fiscal y de precios que ha seguido el gobierno federal ha sido una de las responsables de una potencial alza generalizada de precios y, por lo tanto, del deterioro en el poder adquisitivo de los ingresos familiares.

La conclusión no es de quien escribe esto. Ha sido el propio banco central quien ha señalado, en más de una ocasión, que las alzas periódicas en los precios de los combustibles, del gas, y del transporte público, así como el impacto en los precios de los nuevos y mayores impuestos aplicados recientemente, han sido los factores principales que explican el alza de precios que vimos durante la segunda quincena de diciembre y la primera de enero pasados.

Específicamente, el reciente aumento en los precios fue provocado por cuatro factores: Alzas en el costo de las gasolinas, incrementos en las tarifas del transporte público, aplicación del nuevo impuesto a los refrescos e incremento de 11% a 16% en la tasa del IVA en las zonas fronterizas del país. Según los datos de INEGI, estas decisiones de política pública explicaron más de tres cuartas partes del incremento de precios durante la primera quincena del año; mientras que durante el mes de enero una cuarta parte del incremento de los precios se explica por alza en las gasolinas y en los refrescos.

En suma -como decíamos aquí el pasado 28 de enero- el nivel de la inflación actual -que es muy superior a la meta establecida por el banco central- tiene mucho más que ver con las decisiones de los gobiernos y del Congreso, que con las decisiones de política monetaria de la Junta de Gobierno del Banco de México.

En otros tiempos estos incrementos en impuestos, en precios y en tarifas públicas eran suficientes para desatar una contaminación del nivel general de precios en la economía, elevando las expectativas de inflación y presionado al tipo de cambio; en una espiral perversa. Ahora eso no está ocurriendo porque los fundamentos de la economía son mucho más robustos que aquellos tiempos.

Sin embargo, el fuerte incremento de impuestos y de precios públicos que hemos visto recientemente tendrá -efectivamente- un impacto limitado y transitorio en los precios generales por la sencilla razón de que la economía crece muy poco o casi nada. De hecho, si bien los pronósticos de inflación para el año están por arriba del límite superior de la meta del banco central (4%), no se espera una inflación desbordada que realmente preocupe a las autoridades monetarias. En el bajo crecimiento económico, el gobierno y el banco central tienen a una especie de aliado inesperado en materia de inflación.

Cuando conversé con el gobernador Agustín Carstens hace algunos días atrás, me decía que dada la escasez de crecimiento económico el contagio al alza en los precios era limitado. Le pregunté si esas buenas noticias para el banco central (y para el gobierno) acaso no eran muy malas noticias para los trabajadores. “No lo celebramos como buenas noticias -me dijo- nos gustaría enfrentar un entorno diferente”.

Lo cierto es que el bajo crecimiento económico, la enorme cantidad de desempleados y subempleados, así como el estancamiento de los salarios; permite que el gobierno incremente los impuestos y suba el precio de las gasolinas, sin enfrentarse por ahora a un problema serio de inflación.

Así pues, se tiene una “macro” impecable, apuntalada por una “micro” aún descompuesta que -por cierto- no es motivo de análisis para una calificadora de deuda como Moody´s.