El desinterés del presidente

12-12-2013 10:21

Una gran cantidad de proyectos económicos que le urgen al país han sido detenidos por razones “inconvenientes” para la clase política y los rentistas que de ella superviven.

Un caso es el de los proyectos de construcción de ferrocarriles y de trenes ligeros que se han propuesto recurrentemente ante la evidente necesidad de modernizar el transporte en el país, pero que al hacerlo chocaron con los intereses económicos y políticos de gobernadores, presidentes de la República y poderosos empresarios del transporte carretero, por lo que se pospusieron una y otra vez.

Pero este caso es apenas un botón de muestra de una larga lista de proyectos económicos que no se han cristalizado -a pesar de su utilidad pública y de contar con las condiciones para ello- por razones ajenas a las económicas.

Un caso más es el del proyecto de construcción de un nuevo aeropuerto internacional para la Ciudad de México y que anteayer dio a conocer, casi en voz baja, Gerardo Ruiz Esparza, el secretario de Comunicaciones y Transportes.

Durante décadas este proyecto del aeropuerto ha sido analizado y debatido por expertos y se han presentado innumerables propuestas técnicas de solución de toda índole; sin embargo, han sido los intereses políticos y económicos ligados al gobierno del Estado de México y al Distrito Federal los que han impedido que un proyecto de estas dimensiones y urgencia se lleve a cabo.

Después del torpe manejo político del gobierno de Vicente Fox para construir un nuevo aeropuerto en la zona de Texcoco, anunciado en octubre de 2001, el presidente Calderón quiso retomar el proyecto realizado por la unidad de Investigación e Ingeniería del Massachusetts Institute of Technology (MITRE) readecuando el plan maestro que se elaboró en 1972; sin embargo, el proyecto se aplazó indefinidamente.

La llegada de Peña Nieto al gobierno puso, otra vez, el proyecto del aeropuerto de la Ciudad de México sobre la mesa y así lo hizo saber durante su campaña presidencial y en los primeros días de su gobierno. Los empresarios del sector de la construcción estaban seguros que éste sería el proyecto “estrella” de Peña Nieto, a tal grado que esperaban el anuncio presidencial el 21 de febrero pasado. Nunca se dio. Se dijo que estaba en estudio y que pronto se anunciaría. En marzo, el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, dijo que se anunciaría pronto. La demora, se explicó en ese momento, era porque el gobierno preparaba el Plan Nacional de Infraestructura. Sin embargo, llegó el día, el 15 de julio, y en Mérida el presidente Peña Nieto volvió a pasar de largo sobre el tema. El secretario del ramo, Gerardo Ruiz Esparza, una y otra vez ha repetido que el proyecto del aeropuerto está “en análisis” y prometió que hacia finales de este año se daría a conocer el resultado.

El martes pasado, en un desayuno con la prensa y acompañado por el presidente de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, apenas si dijo que había recibido la “recomendación” de ampliar la capacidad operativa del aeropuerto hacia el Bordo Poniente en un terreno de cuatro mil 500 a cinco mil 500 hectáreas propiedad del gobierno federal. Una respuesta casi forzada del secretario, retrasada al máximo y en voz baja, que deja ver que aquel proyecto “estrella” del gobierno de Peña Nieto que los constructores pensaron alguna vez, no será.

Se pensaba que un anuncio de un proyecto con una gran carga de simbolismo y con inversiones multimillonarias de por medio, lo haría el propio presidente Peña Nieto en un marco distinto y con la presencia de los grandes capitales locales y extranjeros. Una oportunidad de oro para lanzar su mensaje sobre el “momento mexicano”. Pero no fue así. Peña Nieto ha asistido a dar la bienvenida a proyectos privados de inversión mucho más pequeños en diferentes estados de la República, pero ¿por qué este desinterés del Presidente con un proyecto de estas dimensiones? ¿Acaso no le es conveniente políticamente?