El “Buen Fin” y su dinero

15-11-2013 10:05

Hoy inicia el ‘Buen Fin’. Esa campaña comercial que se anunció, ni más ni menos, que desde la residencia presidencial de Los Pinos el 9 de noviembre de 2011 por el propio presidente Felipe Calderón. Allí Calderón dio a conocer la nueva temporada de rebajas en los comercios del país en la que a lo largo de 4 días –dijo- se “buscaría mejorar la calidad de vida de las familias mexicanas”.

Cual ‘Julio Regalado’ el ahora ex presidente se convirtió en el mayor promotor de la temporada ofertando productos a descuento aunque –según los resultados- con más publicidad que descuentos efectivos para los consumidores.

Ahora la historia se repite en el gobierno federal y es el secretario de Hacienda quien se enfundó la casaca del promotor de las compras desaforadas regalando, desde el presupuesto público, miles de pesos a los consumidores que decidan comprar con tarjetas bancarias. Claro que ya los burócratas recibieron buena parte de su aguinaldo para que también se lancen a las tiendas entre hoy y el próximo lunes.

De lo que se trata es de vencer la voluntad de los consumidores. Que compren. Que sean seducidos por el desenfreno del consumo alentado por una avalancha publicitaria que también incluye al gobierno.

El año pasado le dijimos por estas fechas que si su voluntad de consumidor está a punto de ser doblegada, vale la pena que traiga a la memoria por lo menos cuatro aspectos que debe considerar antes desenfundar su billetera:

  1. No hay que olvidar que el dinero que se posee es un medio –por cierto altamente inestable en momentos de crisis como los que vivimos- para satisfacer las necesidades. Esta es una regla que muy a menudo se olvida cuando se está frente a una tienda llena de objetos que no necesita o cuando posee una tarjeta plástica con dinero nominal que no tiene.
  2. No ponga por delante su afán de consumir. Se ha generalizado una falsa idea que es ‘oro molido’ para la mercadotecnia de los comerciantes: Que el manejo de mi economía parte de lo que deseo poseer, no de lo que soy capaz de producir o ingresar. Con mentiras como éstas se alimenta la mercadotecnia que crea ‘necesidades artificiales’ obligando a los consumidores a trabajar horas extras para poder suplirlas. Un consejo para estos días de ‘grandes descuentos en productos que no necesita’: ¡Nunca se ahorra gastando!
  3. Establezca prioridades, sin ellas solo será un rehén. Entrar a una tienda sin saber qué comprar es firmar de antemano un voucher en blanco. Priorizar es decidir llevar a cabo un plan de lo que hará con su dinero para suplir su bienestar a partir de sus ingresos presentes. Aunque parezca extremo, es importante aprender a vivir con menos de lo que ingresa.
  4. Detenga los riesgos. En pocas palabras: no deje su prosperidad potencial a sus impulsos, a la suerte, a los banqueros o a los comerciantes. Las deudas, el despilfarro y el desorden son los mayores riesgos que atentan en contra de su estabilidad financiera presente y su prosperidad futura. Por eso le voy a decir algo que va a molestar a algunos banqueros: Las tarjetas de crédito –como cualquier arma de doble filo que requiere de carácter y entrenamiento para manejarla- no son para todos. Así que tenga cuidado con los riesgos que asume.

La decisión de qué hacer con el dinero es de cada consumidor. Y la mejor decisión es cuando su voluntad de compra no está sujeta a una temporada de rebajas creadas para vender a como dé lugar. Es su decisión.