Remoción silenciosa

14-11-2013 10:17

A finales de octubre pasado fue removido de su cargo Joaquín Araico Río, quien era director general de Administración del Banco de México, uno de los encargos de mayor relevancia en la operación interna del banco central.

Y cómo no habría de ser, si por la administración pasa -ni más ni menos- que el ejercicio de los recursos del organismo autónomo y la firma de un sinnúmero de contratos que el banco central realiza cada año con decenas de proveedores, entre muchas otras labores que esta dirección general realiza.

Por eso Araico Río era un hombre clave en la estructura y organización interna del banco central, reportándole directamente al gobernador Agustín Carstens. Y lo fue durante más de una década desde que asumió la dirección de administración reemplazando a Carlos Castañeda Gasca, en los tiempos en que Guillermo Ortiz encabezó el Banco de México.

De hecho, Joaquín Araico fue promovido como director general de Administración por el propio Guillermo Ortiz a unos cuantos meses de dejar el banco central y en reemplazo de Alejandro Garay Espinosa, quien ahora ocupa la dirección general de servicios corporativos en el Grupo Financiero Banorte.

De la remoción del director general de Administración, poco o casi nada se conoció fuera de los muros del banco central. Un memorándum interno redactado por el propio gobernador dio cuenta de la salida de Joaquín Araico Río después de años de fungir como la cabeza administrativa del Banco de México.

La salida del funcionario se da después de un largo tiempo de cuestionamientos a su gestión al interior del propio banco central, mientras que cada vez más era evidente su afición por el alcohol. Había llegado el momento para el gobernador Carstens de poner un alto a una serie de cuestionamientos a uno de sus más altos funcionarios en la estructura jerárquica del organismo monetario.

Lo cierto es que algunos de los excesos en la administración de los recursos del banco central comenzaron a aflorar, aunque no por novedosos. A partir de consultas de información pública –pero poco conocida por la prensa- el 10 de junio pasado en un reportaje de Arena Pública publicado en el diario Excélsior (“El dinero ‘privado’ del Banco de México”) se dio a conocer con detalle una serie de adquisiciones y contrataciones realizadas por el banco central para este año, en la que destacan gastos en lujosos restaurantes con cuentas abiertas para los funcionarios, como muestra de una serie de excesos en el ejercicio del dinero público por parte del organismo autónomo. (Haga click para consultar los textos).

Y es que a pesar de que el banco central autónomo ha realizado avances en materia de divulgación, transparencia y rendición de cuentas en los últimos años, aún permea en varias de sus caras la vieja cultura de la opacidad, de la penumbra en su accionar, de los ‘asuntos internos’ como si fueran una institución privada; de la reacción inmediata ante el mínimo asomo de cuestionamiento desde el exterior.

Nada sabemos si se realizó una auditoría interna sobre este asunto, si procedía alguna denuncia en contra del ahora ex funcionario. Tampoco sabemos si la dirección general de Administración ha desaparecido porque no hay referencia a ella en el directorio que se publica en el sitio en internet del banco central.

Lo que sabemos es que acaso el manejo silencioso de la remoción de su director general de Administración todavía es síntoma del trecho que hay por avanzar en nuestro Banco de México.