El riesgo del gasto público

07-11-2013 10:24

Ya lo decíamos hace un par de semanas (“¿Quién da menos?”, 21 de octubre) que la revisión a la baja en los pronósticos económicos del país para 2014 comenzaba a materializarse.

En aquellos días José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, soltó en Panamá que la organización que encabeza había reducido fuertemente su pronóstico para el crecimiento mexicano a un rango de 2% a 3% para 2014. El martes pasado la encuesta que realizó Banamex entre 25 bancos privados dio cuenta de una reducción de las expectativas de crecimiento de 3.6% a 3.5% para el año entrante. Y, siguiendo esta tendencia, ayer fue el Banco de México el que decidió reducir su pronóstico de crecimiento del PIB para el próximo año a un rango de 3% a 4% en concordancia con lo que piensa el promedio del mercado. Es interesante hacer notar que -por los documentos recientemente publicados tanto de la minuta de la última decisión de política monetaria, como del Reporte sobre la Inflación al tercer trimestre- la Junta de Gobierno del banco central se inclina a considerar un crecimiento muy moderado de la economía, dados los riesgos que persisten.

Además de los riesgos externos derivados principalmente de una reducción en los pronósticos del crecimiento estadounidense y de la volatilidad financiera externa, por lo menos destacan dos riesgos internos que amenazan el crecimiento del próximo año y que llaman la atención del Reporte:

  1. “El riesgo de que las reformas que están en proceso de discusión en el Congreso no logren aprobarse o que la versión que se llegue a implementar de éstas resulte de un alcance menor al anticipado por los agentes económicos”; es decir, un riesgo asociado con expectativas no cumplidas en materia de implementación de las reformas estructurales, lo que limitaría la inversión, el crecimiento y el empleo. Un caso concreto podría darse con la calidad de las leyes secundarias que se debaten en el Congreso derivadas de las reformas a las telecomunicaciones aprobadas a inicios de año, y que podrían debilitar a las propias reformas y, por lo tanto, el ánimo de nuevas inversiones en un sector intensivo en capitales; y
  2. “Una evolución del gasto público en México menos dinámica que la anticipada. Si bien parecerían estarse tomando medidas para incrementar la capacidad de gasto, un crecimiento de la economía por debajo del anticipado podría limitar la recaudación y, por lo tanto, el potencial de gasto”.

Éste último asunto que advierte el banco central deberá ser tomado en cuenta con mucha responsabilidad por los diputados que discuten el Presupuesto 2014, dado que el cálculo para los ingresos tributarios -y ahora para el gasto público- se fundamenta en que la economía crecerá 3.9% como lo sigue planteando el gobierno federal; pero éste es un objetivo que la mayor parte de los economistas ya está desestimando, incluso por los efectos negativos de la reforma tributaria que fue recientemente aprobada en el Congreso.

Así que la capacidad de gasto del gobierno puede verse afectado por una  economía menos dinámica que la esperada en el proyecto para 2014, pero también por una mala calidad de ese gasto público cuando éste no se dirige al impulso de proyectos productivos que derivan en importantes efectos multiplicadores en el empleo y la economía.

Es allí en donde los diputados deberán poner el acento al debatir el Presupuesto 2014. De otra forma el gasto público no será lo eficaz que debiera para el impulso que requiere una economía aletargada como la que tenemos ahora.