El gobierno rompió su palabra

28-10-2013 13:15

En su discurso de toma de posesión del 1 de diciembre de 2012 el presidente Enrique Peña Nieto anunció sus primeras 13 decisiones como titular del Ejecutivo Federal.

Aquellos compromisos que suscribió en Palacio Nacional fueron su carta de presentación ante la Nación en ámbitos como la educación, la seguridad pública o la economía y que por su trascendencia ya se esperaban un posicionamiento político contundente y una serie de decisiones inmediatas.

En lo que se refirió a la economía, ese día el flamante presidente Peña Nieto hizo un compromiso: “En los próximos días –dijo- pondré a consideración del Congreso de la Unión el Paquete Económico 2013, con un cero déficit presupuestal. La solidez de las finanzas públicas seguirá siendo pilar en la conducción de la economía nacional”. Y enseguida agregó el Presidente: “El Gobierno que hoy inicia, tiene el compromiso de racionar el gasto corriente y destinar mayores recursos al gasto de inversión en obras, programas y acciones de beneficio directo a la población”.

En los días que siguieron previos a la entrega al Congreso del Paquete Económico 2013, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, en diversas declaraciones a la prensa ratificó lo dicho por el Presidente sobre el manejo responsable de las finanzas públicas basado en un déficit cero y en la austeridad y racionalidad en el gasto público para este año.

Esta postura del gobierno de Peña Nieto se mantuvo hasta ya entrado el segundo semestre del año. El informe de las finanzas públicas al segundo trimestre del año que envió el gobierno federal al Congreso dice textualmente: “si se excluye la inversión de Pemex, el superávit del sector público es de 54 mil 806 millones de pesos, resultado congruente con la meta anual de equilibrio presupuestario aprobada por el H. Congreso de la Unión”.

En el posterior informe de las finanzas públicas al mes de julio que entregó con fecha 30 de agosto la secretaría de Hacienda al Congreso, se mantuvo la tónica de la buena marcha de la economía, sin que hubiera mención alguna sobre modificación al déficit o, mucho menos, a la racionalización y austeridad en el gasto público.

Fue hasta la presentación del Paquete Económico para 2014, ya entrado en septiembre pasado, cuando nos enteramos que –solo diez meses después- la promesa del presidente Enrique Peña Nieto había sido rota. Que, según el secretario de Hacienda no habría déficit cero para 2013 y que éste sería de 0.4 puntos del PIB medido sin la inversión de Pemex. Que el equilibrio presupuestario aprobado por el Congreso para 2013 no sería tal. El gobierno había roto su palabra.

De un plumazo el gobierno de Enrique Peña Nieto hizo trastabillar la confianza de los capitales internacionales en el manejo macroeconómico del país que comenzó a cimentarse en la segunda mitad del gobierno de Ernesto Zedillo y que se acrecentó, paso a paso, en la última década y media.

No se trata de una discusión académica sobre el equilibrio presupuestal. Es una cuestión de confianza de los capitales en las reglas del juego que se establecen en las economías. ¿Se puede o no se puede confiar de ahora en adelante en la palabra de Peña Nieto o de Videgaray? Ésa es la cuestión de fondo.

Ahora, con este cambio de juego para 2013, los ojos de los inversionistas están puestos en el saldo de los requerimientos financieros del sector público hacia los próximos años. Según el gobierno este saldo alcanzará 40.5% del PIB en 2014 y 41% en 2015 para luego iniciar un descenso suave hacia 39.4% del PIB a finales de sexenio. Pero la confianza no es la misma y los inversionistas comienzan a ver con cierto temor que si lo resultados en el crecimiento esperado no se cristalizan, este porcentaje podría acercarse peligrosamente hacia el 50% del PIB en los próximos años; un nivel preocupante.

De eso se trata la credibilidad y debilitarla tiene un alto costo en los mercados.