El Observador

¿Quién da menos?

21-10-2013 10:08

Vaya contradicción. Los pronósticos económicos en estos tiempos se han convertido en los más buscados, por la incertidumbre imperante en el mundo; pero a la vez, en los más criticados por su falta de confianza en los economistas.

Decía con toda razón Niels Bohr, Premio Nobel de Física, que “predecir es siempre difícil, especialmente si se trata del futuro”; a lo que habría que agregar que, a pesar de su natural dificultad, la indagación sobre el futuro siempre viene asociado con una alta dosis de ansiedad. Esto es especialmente cierto cuando se trata de averiguar el comportamiento futuro de las economías en momentos de crisis. De allí que los pronósticos económicos tengan una gran demanda no solo entre los tomadores de decisiones de inversión –cuyo ‘negocio’ se finca en buena medida en su capacidad para acertar el comportamiento futuro de las variables económicas y financieras- sino también entre el público en general.

Esta demanda se acrecienta en tiempos de crisis –como los actuales- a pesar del desprestigio que se han ganado los pocos economistas que se dedican a predecir el comportamiento futuro de la economía. Recientemente la crisis sistémica que estalló en 2008 tras el colapso de la banca de inversión estadounidense, no dejó bien parados a los econometristas en su papel de pronosticadores del futuro y más bien se cuestionó cuál era realmente el papel que juegan estos calculadores del comportamiento futuro de la economía.

En México no es distinto. Al iniciar este año los economistas dedicados a los pronósticos, casi al unísono, predijeron que la economía mexicana crecería entre 3 y 4 por ciento; con una fuerte inclinación hacia la parte superior de este rango. Los economistas del gobierno mexicano, del Banco de México, del Fondo Monetario Internacional (FMI), y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) también apuntaron en ese sentido. Un pronóstico de crecimiento de 3.8% fue la norma.

Pocos meses después la corrección a la baja de estas predicciones fue mayúscula y en cascada una vez que se conocieron los primeros datos del comportamiento real de la economía, incluso muy por debajo del crecimiento estadounidense, el principal socio económico del país que tradicionalmente marcaba las tendencias del ciclo mexicano.

Las apuestas –el término es más apropiado que nunca- sobre cuánto crecerá la economía en este año, a solo tres meses de concluirlo, siguen demandando a los pronosticadores con todo y su mala fama. Mientras que los economistas del gobierno pronostican 1.7%, los del FMI y la OCDE se atreven con 1.2%, una predicción similar al promedio de los economistas del sector privado. Aunque allí hay algunos que predicen que la economía mexicana solo crecerá 0.5% en el año.

“¿Quién da menos?” Parece ser la máxima que ha imperado recientemente entre los econometristas sobre el futuro de la economía mexicana en el corto plazo, una vez que el pesimismo se ha asentado entre los agentes económicos como espesa neblina; y con razón.

Pero el “¿quién da menos?” ya aplica también para las predicciones de los economistas sobre el comportamiento económico del país hacia 2014. El fin de semana pasado el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, dijo que los pronósticos hacia 2014 para México de los econometristas de la organización que encabeza, van solo de 2 a 3 por ciento. Una predicción sensiblemente baja después del 3.7 por ciento pronosticado en mayo pasado y que refleja el ánimo de los econometristas después de la sensible corrección a sus pronósticos para 2013.

“Predecir es siempre difícil”, decía el Nobel. Y la complejidad aumenta si se añade al cóctel de la economía del futuro la irracionalidad de los políticos.

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