El Observador

El desencanto

17-10-2013 09:47

No solo en el futbol campea la crisis. El desencanto con México como destino de inversiones se está apoderando rápidamente del sentimiento de los capitales extranjeros una vez que el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto ya puso sobre la mesa sus cartas en dos de las grandes transformaciones económicas prometidas desde su campaña: en el sector energético y en el fiscal.

Los datos duros en los expresivos mercados financieros ya plantaron su primera reacción. Mientras que la tenencia de valores de gobierno en poder de extranjeros creció 43% -poco más de 520 mil millones de pesos- en casi un año transcurrido entre la elección presidencial de julio de 2012 y mediados de junio pasado; en los últimos cuatro meses las compras aceleradas de bonos mexicanos por extranjeros se estancaron (-1.8%). Se puede argumentar que la reciente disminución de tasas promovida por el banco central tiene mucho que ver en el desaliento de los inversionistas extranjeros por los bonos mexicanos. Pero ese argumento no explica a cabalidad esta tendencia.

Entre las elecciones presidenciales de julio de 2012 y febrero de este año los inversionistas extranjeros incrementaron su saldo corriente en acciones mexicanas en 23 mil millones de dólares. En este periodo los flujos mensuales de compra de acciones mexicanas por parte de extranjeros, salvo en el mes de noviembre, fueron positivos. Sin embargo el comportamiento de favorable de los inversionistas hacia las acciones mexicanas cambió a partir de marzo de este año. En los últimos seis meses el saldo corriente se redujo en poco más de 20 mil millones de dólares, con un claro predomino de venta de títulos accionarios por parte de inversionistas extranjeros. Solo en septiembre pasado se vio un flujo positivo desde el exterior para las acciones mexicanas.

Evidentemente que el cambio drástico en las perspectivas de crecimiento económico -que pasó de 3.5% a 1.2% para este año y de 3% para 2014 según el FMI- afectó el rendimiento esperado para el año de un puñado de acciones bursátiles. A lo que se añadió una expectativa poco alentadora para las inversiones una vez que se conoció con detalle los términos de la reforma fiscal que planteó el gobierno al Congreso.

Tampoco el entusiasmo inicial de una mayor participación de los capitales privados en la explotación de hidrocarburos se ha logrado sostener dadas las cuestionadas modalidades de contratos de utilidades compartidas que ha planteado el gobierno y que lucen menos competitivas frente a las alternativas que ofrecen algunos otros países petroleros.

En general podría decirse que el apetito de los grandes fondos de inversión del exterior por los activos financieros del país se ha moderado y ahora es la cautela la que domina su mirada sobre los activos potenciales en México.

Los más recientes reportes económicos sobre el mercado interno no ayudan mucho a modificar este panorama de aletargamiento. Al contrario. El comercio aún sigue mostrando serias dificultades para remontar las cifras negativas, como lo dio a conocer recientemente la ANTAD con su reporte a septiembre pasado en la que aún se registran caídas en términos anuales; mientras que los indicadores de la construcción aún parecen no tocar fondo en su caída libre.

Lo cierto es que la realidad de la economía y de la política mexicana rebasaron las buenas percepciones que se construyeron al inicio del gobierno y ahora los capitales –nacionales y extranjeros- prácticamente están detenidos intentando encontrar señales claras de cuál será el desenlace de las reformas que propuso el gobierno.

Este año ya se caracterizó por el mal manejo económico y presupuestal del gobierno de Peña Nieto en un momento que era clave para su futuro. Ahora se juega el resto con las dos reformas que sellarán los próximos cinco años de su gobierno dentro y fuera del país. El momento es crítico.

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