El quinto filo de la autonomía

15-10-2013 10:53

Ayer Agustín Carstens recordó cuatro aspectos fundamentales de la autonomía del Banco de México que bien valían la pena dejar en claro ante un selecto auditorio de analistas, banqueros, inversionistas y funcionarios públicos tanto locales como extranjeros. Pero dejó pendiente un filo de la autonomía que no se puede hace a un lado hoy en día.

Era la apertura de la Conferencia Internacional por el 20 Aniversario de la Autonomía del Banco de México; un momento idóneo para que el gobernador del banco central pusiera los puntos sobre las íes en materia de autonomía de la política monetaria, una prerrogativa que la Constitución Política le otorga al banco central, sin concesiones.

En su corto mensaje Carstens sintetizó bien cuatro filos de la autonomía que el Congreso aprobó en 1993 ante la inminencia de la puesta en marcha del TLCAN con Estados Unidos y Canadá:

El primer filo que destacó el gobernador es que la autonomía del Banco de México es una “garantía” para el ciudadano. Con ella el ciudadano debe estar confiado de que “el poder adquisitivo de la moneda de curso legal no será objeto de manipulaciones ventajosas por parte de los gobiernos en detrimento del patrimonio de los ciudadanos”. Cuestión toral que los propios ciudadanos están llamados a vigilar de cerca por su propio beneficio.

El segundo aspecto que recordó Carstens es que esta garantía que ofrece la autonomía del banco central a los ciudadanos debe corroborarse a través de la rendición de cuentas de los funcionarios del Banco de México tanto en los resultados en materia de inflación como en la transparencia de su toma de decisiones. “Me refiero –dijo el gobernador- a la total transparencia que debe prevalecer acerca de la información, los análisis, las razones y las deliberaciones que fundamentan las decisiones de política monetaria”. Cuestión en la que el Banco de México ha avanzado y que debe seguir avanzando aún más.

Un tercer filo de la autonomía que puso ayer en relieve Agustín Carstens tiene que ver con la prohibición expresa de que el banco central se convierta en caja chica del gobierno en turno, un asunto que en décadas pasadas fue práctica recurrente en México por la irresponsabilidad de los políticos en el gobierno que veían en el banco central la respuesta a sus desenfrenos en materia de deuda y déficit. “La autonomía cierra la posibilidad de que los déficit fiscales se financien con crédito del Banco Central”, dijo el gobernador.

Y el cuarto filo de la autonomía que enfatizó Carstens tiene que ver con la responsabilidad, transparencia y eficacia en el uso autónomo de los recursos públicos que ejerce y de los cuales debe dar cuenta puntual a los ciudadanos. “La Constitución también le otorga autonomía presupuestal al Banco de México, lo que le ha permitido forjar e incrementar el principal activo que tiene: me refiero a su personal altamente calificado y plenamente comprometido con las responsabilidades que la Constitución le asigna al Instituto Central”, dijo Carstens al respecto.

Los señalamientos fueron puntuales y directos, sin ambages, como lo requiere de un banquero central la grave coyuntura que vive la economía mundial. Sin embargo el gobernador tuvo un olvido al dejar al descubierto los filos de la autonomía del banco central.

Faltó el quinto filo de la autonomía, uno que en el mundo desarrollado se ha convertido en un asunto de discusión recurrente en los últimos años aunque ciertamente incómodo para los grandes capitales. Y me refiero a la autonomía de los banqueros centrales respecto de la influencia e intereses de los intermediarios financieros, de los banqueros.

Ése es un filo clave cuando se habla de autonomía del Banco de México o de cualquier banco central que, frente a una crisis, debe resistir los embates e intereses de los grandes capitales financieros que hacen tambalear la estabilidad de los sistemas financieros. El quinto filo ausente.

 

A FONDO: Lea aquí el discurso completo del gobernador de Banxico, Agustín Carstens.