La inflación de la reforma

24-09-2013 14:16

Con este argumento y otros más -como el “amplio grado de holgura en la economía por un periodo prolongado” que facilitaría una tendencia inflacionaria a la baja- es que la Junta de Gobierno del banco central decidió reducir su tasa de referencia (tasa interbancaria a un día) en un cuarto de punto porcentual hacia 3.75%.

La decisión del Banco de México se dio a conocer apenas dos días antes de que el presidente Enrique Peña Nieto enviara su propuesta de reforma fiscal al Congreso de la Unión, en la que propone una serie de incrementos en los impuestos, como un alza de 30% a 32% en la tasa máxima del ISR a las personas con ingresos superiores a 500 mil pesos anuales, así como la aplicación de IVA y IEPS a diversos productos.

Evidentemente que la propuesta de nuevos y mayores impuestos provocará una reducción en el ingreso disponible de las familias provocando, de facto, una pérdida en su poder adquisitivo. Cuestión razonable porque la intención de cualquier decisión de incrementar los impuestos es precisamente de dotar de más recursos al gobierno desde el bolsillo de los contribuyentes.

Pero el poder adquisitivo de las familias no solo se ve afectado por el hecho de pagar nuevos y/o mayores impuestos y, por lo tanto, de disponer de menos recursos; sino porque el incremento de impuestos también provoca incrementos en los precios. Por ejemplo de aplicarse un IVA de 16% a las colegiaturas, al transporte interurbano o en las zonas fronterizas, lo más probable es que éstos gravámenes sean trasladados al consumidor vía precios; afectando de inmediato su ingreso disponible.

Es decir, como se le quiera ver y a consecuencia de las nuevas medidas impositivas, habría una pérdida del ingreso disponible en las familias para satisfacer sus necesidades de consumo. Dicho de otra manera: Una devaluación de su ingreso real.

El Banco de México apuesta –según leemos en su Comunicado- a que la reforma fiscal con los incrementos de impuestos propuestos por el gobierno, tendrán un efecto “transitorio” o temporal sobre el alza de los precios; es decir, que el alza de precios se dará de una sola vez, sin efectos adicionales sobre otros precios de la economía (“efectos de segundo orden”).

Sin embargo esto es una presunción del banco central, porque aún no se conoce el potencial grado de “contaminación” en los precios de la economía (como el salario) derivado de esta inflación “temporal”, en momentos en que existe una constante agitación política, social y sindical en las calles con motivo de las diversas reformas que se han planteado.

En todo caso la lógica nos dice que un menor ingreso disponible para las familias, reducirá su consumo y, por esta vía, la demanda en la economía; cuestión que se acentúa con las maltrechas expectativas que se ciernen sobre la demanda externa en lo que resta del año.

De allí que el gobierno haya lanzado hacia finales de la semana pasada un programa de estímulos desde el gasto público que pretende financiar con mas deuda pública, a fin de contrarrestar estos perniciosos efectos sobre la demanda agregada, buscando revertir la caída en el crecimiento económico esperado para el año y para el próximo. Aún no sabemos si lo logrará.

La decisión del Banco de México de bajar la tasa de interés es parte de esta última intención. Incluso algunos analistas prevén que el banco central podría volver a reducir la tasa de interés reafirmando su compromiso con una política monetaria laxa que apuntale el crecimiento.

La pregunta es si una decisión así pondría en riesgo su objetivo de inflación y, con ello, exacerbe la pérdida del poder adquisitivo de las familias que se dará por el incremento propuesto en los impuestos.

 

(Septiembre 17, 2013)