Cambiar, ¿para no cambiar?

20-09-2013 01:58

Las reformas constitucionales que está impulsando el gobierno de Enrique Peña Nieto corren el riesgo de ser sólo un cascarón si éstas no se traducen en leyes secundarias y en reglamentos que las hagan efectivas, y que su implementación apunte a los objetivos planteados. Si no es así, sólo serán cambios grandilocuentes para no cambiar nada en el fondo.

La reforma educativa corre ese riesgo y habrá que leer con detenimiento la letra chiquita de la negociada Ley del Servicio Profesional Docente que -dicen algunos diarios- fue aceptada por los líderes de la CNTE. El punto es si en su reglamentación e instrumentación responderá a elevar la calidad educativa de la que tanto se habla, o sólo fue una simulación para despejar el camino a las reformas energética y fiscal.

Y es que el diablo está en los detalles. ¿O acaso se piensa que los cotos de poder internos, la corrupción sindical, los favoritismos hacia los poderosos proveedores y la ordeña de combustibles desde dentro de Pemex -por mencionar sólo algunos casos- desaparecerán simplemente porque el Presidente enviará una iniciativa de reforma energética?

No se puede olvidar que el meollo de las reformas está en su implementación. Y allí la corrupción -en sus diversas vertientes- sigue siendo el gran capítulo pendiente para un gobierno priista cuyo pasado está marcado por ella.

En el reporte sobre competitividad que ayer dio a conocer el Foro Económico Mundial, México aparece en el lugar 96 (de 148) en la calidad de sus instituciones y la corrupción se revela como el principal problema para hacer negocios en el país.

Esa es la realidad. Por eso la trascendencia de las reformas se medirá por su implementación para combatir éstas y otras prácticas corruptas del sistema, que revela el reporte del Foro y que pudren las instituciones. Allí está la verdadera tarea transformadora de Peña Nieto.

MUNDO DE GIGANTES

Las actuales bajas tasas de interés están acelerando la consolidación del apetitoso mercado de las telecomunicaciones en el mundo. Un espacio reservado sólo para los gigantes.

Esta semana nos enteramos de dos de estas grandes operaciones globales. Por un lado, la estadunidense Microsoft compró el negocio de teléfonos celulares a la emblemática Nokia en siete mil millones de dólares, un monto acorde a la situación de crisis que vive la empresa finlandesa que, en su mejor momento en el 2000, llegó a ser valuada en más de 300 mil millones de dólares. Con esta operación, Microsoft sigue apostando a complementar con equipos su poderoso negocio de software.

Casi simultáneamente la también estadunidense Verizon Group cerró un acuerdo para comprar a la británica Vodafone en 130 mil millones de dólares, 45% de las acciones que ésta posee en su empresa de telefonía celular, Verizon Wireless. La gigantesca operación -una de las tres mayores de la historia empresarial- le dará a Vodafone la liquidez necesaria para adquirir competidores en el resto de Europa y acelerar la consolidación del mercado en el Viejo Continente que muchos ven como inevitable para ganar en competitividad frente a las grandes empresas del orbe, a pesar de la oposición de algunos reguladores.

Y para completar el cuadro, hace unos cuantos días Telefónica logró completar la adquisición de E-Plus -la operadora de la holandesa KPN en Alemania- lo que la coloca como la segunda mayor operadora de Europa y solo por debajo de América Móvil en Latinoamérica. Por cierto -y en esta misma carrera de consolidación europea- la empresa de Carlos Slim que ofertó más de nueve mil 300 millones de dólares por poco más de 70% de las acciones restantes de KPN, aún evalúa si mejora su oferta o desiste de ella ante las resistencias de la empresa holandesa. De concretarse la operación, Slim entraría de lleno al mercado europeo en un momento clave.