Colegiación obligatoria

24-11-2015 20:07

A fuerza, ni los calcetines…

Sabiduría popular

Hace algunos años, con motivo de discusiones relativas al secreto fiscal que tuvimos con el IFAI (por ahí hay videos de las mesas redondas en la UNAM), algún “experto” en derecho a la información sostenía que era penoso que no quisiéramos que se abriera el secreto fiscal, cuando en países como Finlandia las declaraciones fiscales y sus comprobantes son públicos y cualquiera puede consultarlos.

Al poco tiempo, el Consejo del IFAI emitió un acuerdo para reservar la información de los sueldos de los integrantes de dicho Consejo, toda vez que “el hacer pública esa información era peligroso para ellos”. Pero eso sí: ábrase el secreto fiscal de los deudores del fisco, total ellos deben de estar muy seguros (aplicando fielmente aquello de: “hágase la voluntad del Señor, pero en los bueyes de mi compadre…”)

Hay muchísimas razones por las que el secreto fiscal existe y debe permanecer, pero no son tema de hoy, hoy el punto que quiero hacer es que en resumen, México no es Finlandia y parece que a muchos de nuestros colegas se les olvida (a propósito de lo que aprendieron en la escuela) que para hacer leyes, hay que considerar las fuentes reales del Derecho y que cuando hablamos de Colegiación Obligatoria, no podemos simplemente trasplantar al nuestro las experiencias de los Estados Unidos o algún país europeo tal cual.

Don Santiago Corcuera, quien además de ser mi amigo es indiscutiblemente un experto en materia de Derechos Humanos, dice que la colegiación obligatoria no es violatoria de los mismos (véase su artículo recientemente publicado en El Universal) y se apoya en diversas resoluciones extranjeras de la más alta confiabilidad; no lo discuto, tal vez así sea, pero de nuevo, México es México y como dice el dicho (hoy estoy muy dicharachero…) “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, aunque hay cosas que ni qué…”

El debate alrededor de la pretendida reforma constitucional y la ley regulatoria del ejercicio profesional de los abogados está llegando a niveles francamente detestables; los que están a favor fustigan con el látigo de su desprecio y señalan con dedos flamígeros a quienes se atreven a no estar de acuerdo con ellos, tachándolos de corruptos e inescrupulosos; por su parte, los opositores al proyecto, no bajan a los promotores de abusivos, manipuladores y de estar solamente interesados en el poder y el dinero que la colegiación obligatoria traería a sus asociaciones.

En mi humilde opinión, ni una cosa ni la otra nos llevaran a resolver el problema que sí existe: el ejercicio profesional de los abogados en México está de dar pena.

Las causas son muchas, de entre las cuales hay dos que son fundamentales: (i) una pésima política de Estado en materia de educación superior que permite la proliferación de escuelas de derecho que operan sin ningún rigor académico y cuyos egresados no son capaces de encontrar trabajos decorosos y de subsistir en un ejercicio ético al no ser capaces de competir al tú con tú con quienes sí pudieron tener acceso a una buena formación profesional; y  (ii) un sistema legal que no exige ningún tipo de certificación periódica o de educación profesional continua y que tampoco ofrece una instancia eficaz para reclamar a los profesionistas por sus actuaciones poco éticas o negligentes.

En el debate alrededor de este tema de la colegiación, creo que todos más o menos coinciden en el diagnóstico, lo que es distinto es el remedio que se propone. Yo personalmente estoy convencido de que el problema no se resuelve obligando a los abogados a asociarse en un colegio.

Pero para no caer en el mismo defecto que apunto líneas arriba, lo que me gustaría es identificar los puntos en los que sí hay algún tipo de acuerdo (por más conceptual que sea) y sobre los cuales, tal vez, si hacemos a un lado los egos terribles que a todos los abogados de este país nos agobian, podríamos construir una solución que sea buena para México y por lo mismo, buena para todos, abogados y clientes por igual.

Los puntos sobre los que a mi entender podría construirse un acuerdo, partiendo de la base de que la situación actual y la vigente Ley de Profesiones no funcionan, son los siguientes:

1. No es necesario hacer una reforma a la Constitución; bastará con desarrollar una ley congruente y bien sustentada para modificar el marco jurídico;
2. Mantener la colegiación como voluntaria pero dotando a los colegios y asociaciones profesionales de mayores atributos para hacerlos eficaces;
3. Un sistema de actualización de conocimientos obligatoria, ya sea a través de exámenes de certificación o educación profesional continua;
4. Una instancia eficaz donde los afectados por conductas poco éticas o negligentes de abogados puedan acudir a exigir una satisfacción y donde puedan ventilarse cualesquiera acciones entre abogados por faltas éticas graves.

Me queda claro que los grupos convocados a las audiencias públicas han sido consistentemente favorables a la obligatoriedad de la colegiación; igualmente que la mayoría de los sondeos de opinión que conozco así lo muestran. Sigo pensando que el hecho de que la mayoría lo afirme, no quiere decir que sea lo correcto.

Soy miembro de la Barra Mexicana Colegio de Abogados AC desde hace casi 30 años; he sido un miembro activo por convicción. Es mi Colegio y así como me convence mucho de lo que hace, reconozco que tiene fallas que deben atenderse. No quiero que me obliguen a permanecer como miembro, no fue a eso a lo que me comprometí cuando fui aceptado.

 

*Manuel E. Tron es presidente Honorario de la International Fiscal Association (IFA).
Twitter: @metron01
correo: metronp01@gmail.com