Sueldos devueltos ¿vicio o virtud?

01-09-2015 10:27

Dios mío, no te pido que me des solo ponme donde haya…

Oración del político ratero

Desde las pasadas elecciones han salido a los medios diferentes políticos a decirnos que ellos no trabajan por los sueldos que les pagan, sino por su auténtica vocación de servicio. Que no están ahí para convertirse en parte de la “nobleza” o para hacerse ricos (menos mal que lo aclaran…).

Particularmente me llamó la atención la afirmación del diputado independiente Kumamoto de que él renunciaría al 70% de su sueldo, afirmación que le valió grandes alabanzas de conocidos “intelectuales” quienes lo pusieron como ejemplo y públicamente pidieron la reducción de sueldos de funcionarios públicos a todos los niveles. Recientemente y en el mismo sentido, Martí Batres, a nombre de su partido y legisladores y funcionarios electos nos informó que todos ellos donarían el 50% de sus sueldos para fines educativos a través de asociaciones civiles (o algo así, que no entendí  muy bien).

Pues para decirlo bien y pronto, me parece un serio desacierto, por no decir una actitud demagógica y poco ética (por decir lo menos; si no fuese políticamente incorrecto, hubiera dicho que me parece una estupidez). Me parece demagógica[1], pues a partir del prejuicio de que los políticos son todos inmorales y de que es incorrecto que un servidor público gane un sueldo decoroso y remunerativo de sus responsabilidades, los políticos profesionales se presentan como auténticos paladines de la justicia social y mártires modernos de la democracia.Y me parece también poco ética por las razones que a continuación expongo.

Hay un dicho muy común en los EUA que traducido a nuestro idioma diría que: si únicamente estás dispuesto a pagar cacahuates, únicamente encontararás monos dispuestos a hacer el trabajo[2]. El trabajo de legisladores y  de los funcionarios públicos es muy importante e implica una gran responsabilidad; consecuentemente, debiera recaer en personas (1) preparadas para el trabajo y (2) dispuestas y en posibilidad de dedicarse de tiempo completo a sus funciones.

Hace muchos años tuve el enorme privilegio de contar con la amistad, guía y ejemplo profesional de un gran abogado, don Jorge Sáinz Alarcón.  Entre otras cosas, de él aprendí que un requisito indispensable para poder hacer éticamente nuestro trabajo como abogados era el cobro de un honorario adecuado; no de un honorario abusivo o excesivo que se lograra a partir de la necesidad o angustia del cliente (lo que es implícitamente contrario a la ética profesional), pero tampoco de un honorario tan pequeño que provoque en nosotros la necesidad de un volumen tal de trabajo para obtener el ingreso que nos permita vivir en paz, que sea de hecho imposible dedicar el tiempo necesario a cada asunto para ser debida y éticamente atendido.

La responsabilidad de trabajar para alguien más implica que estemos debidamente preparados para ello, es decir, que dediquemos el tiempo necesario a capacitarnos y para mantenernos actualizados; implica que tengamos el ánimo de dedicar al asunto o asuntos encomendados el tiempo y la atención necesarios para su resolución exitosa; e implica también, que como prestadores de servicios seamos debidamente remunerados para que no tengamos la necesidad de buscar otras fuentes de ingreso que nos distraigan de nuestras responsabilidades profesionales por causa de nuestras propias necesidades personales.

En este sentido, el trabajo de legisladores y de funcionarios públicos presenta las mismas responsabilidades y exigencias y debe contar con los mismos elementos que permitan a legisladores y funcionarios dedicarse de tiempo completo a sus funciones.  No tiene sentido pensar que por el hecho de que las responsabilidades de estas personas pertenecen al ámbito del interés público y no al privado, los responsables no puedan o deban ser adecuadamente remunerados; es, de entrada una afirmación equivocada y perversa. No pretendo sueldos que les permitan hacerse ricos, pero tampoco encuentro aceptable sujetarlos a salarios de pena; creo que, de hecho urge actualizar e incrementar el ingreso de muchísimos funcionarios de niveles bajos y medios de los tres niveles de gobierno.

Debemos exigir preparación y actualización profesional de nuestros legisladores y funcionarios, debemos exigir de ellos dedicación y tiempo completo. Así, en estricta reciprocidad, debemos pagarles buenos sueldos, sueldos razonablemente competitivos que les permitan vivir no solo decorosamente sino incluso con un nivel de comodidad que les brinde la tranquilidad necesaria para concentrarse en su trabajo y desempeñarlo ética y profesionalmente.

Cuando vemos funcionarios y exfuncionarios que viven de modo completamente desproporcionado en relación a sus ingresos créanme que no fue por sus grandes salarios; las causas son evidentes y los que nos ha faltado es decisión para poner un hasta aquí. Ni yo, ni muchos de mis colegas de éxitosa y reconocida práctica profesional de muchos años, podríamos darnos el lujo de irnos a vivir a Paris (iba a decir esconder, pero suena poco amable) y no hacer nada productivo por muchos meses. En efecto, muchos de los nuevos y recien electos funcionarios no están preocupados por el monto de su sueldo, pero no por ser despreocupados apóstoles del servicio público, sino porque a ellos se les hizo la petición por la que rezaron y sí los pusieron donde había…

 

[1] Crf. Diccionario en línea de la RAE sobre demagogia (http://buscon.rae.es/drae/srv/search?val=demagogia) … 2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

[2] “If you are only willing to pay peanuts, you will only get monkeys to do the job”

 

*Manuel E. Tron, presidente Honorario de la International Fiscal Association (IFA).
Twitter: @metron01
correo: metronp01@gmail.com

Comentar