No guardarse los cambios

17-08-2015 11:46

@erevillamx

 

Estamos a unas cuantas semanas de que el Presidente someta a la aprobación de la Cámara de Diputados su proyecto de Presupuesto de Egresos para el 2016 y al Congreso General su iniciativa de Ley de Ingresos de la Federación para ese mismo ejercicio fiscal. Con ello, empezará el segundo tiempo de su administración.

Como si esto fuera un medio tiempo, apreciamos en este momento al equipo presidencial rumbo a los vestidores, cabizbajos y desconcertados, por estar abajo en el marcador tras una voltereta que no se acaban de explicar.

Hace un año señalábamos en este espacio, tras la exitosa aprobación de la agenda legislativa del Presidente, que la mayoría cameral que obtuviera el PRI en las elecciones intermedias le serviría para construir presupuestos que afianzaran el crecimiento económico nacional y, con ello, el fortalecimiento del presidente y su partido en el proceso sucesorio del 2018. Nuestros pronósticos, como los del Banco de México, fallaron.

Durante este medio tiempo el ejecutivo debe reflexionar -muy seriamente- cómo enfrentar el segundo lapso del partido. Debe pensar, tanto en modificar la estrategia, como en hacer cambios en el equipo. No pueden salir al segundo tiempo los mismos a jugar igual. El graderío exige modificaciones.

Hasta ahora, los cambios han sido infructuosos. La sustitución en la PGR se debió no sólo al triste papel de su extitular, sino al manifiesto cansancio que él mismo acusó. Su relevo sigue atónita – y en cuclillas- viendo el agujero en la red de la portería por donde se les coló el rival, mientras todo el equipo estaba al otro lado del estadio.

El cambio en el PRI fue uno de posiciones dentro de la cancha: el de la banda de Insurgentes no dejaba de ver el reloj –como pidiendo la hora- para irse a coordinar la banda de San Lázaro y viceversa, ello a pesar de la resistencia que opusieron los tres centrales a su técnico.

Mover al embajador de Washington a la Corte para reforzar el costado de la derecha, es como mandar al Piojo Herrera a la comisión de árbitros o a Virgilio Andrade a vigilar el fair play. Se llama conflicto de intereses.

El Presidente ha de replantearse varios temas. Destaco dos. El primero tiene que ver con la manera de establecer un crecimiento económico de largo plazo. El segundo se relaciona con el combate a las drogas. Ambos temas pueden delinearse, desde ya, en el paquete económico para el 2016.

Para reestablecer las bases del crecimiento, debe reconocerse que la reforma fiscal no cumplió las metas planteadas. Subir el costo del boletaje pensando que se incrementarían permanente las arcas de la taquilla no es necesariamente cierto, sobre todo si el rendimiento del equipo nacional no está a la altura.

En el combate a las drogas debe modificarse la estrategia de un ataque con puros delanteros que permite que el rival nos tunda en contragolpes. En lugar de pedir que encierren al contrincante en vestidores de alta seguridad, deben quitarle el balón y plantear la legalización de algunas drogas.

Debe evitarse esa escena de Mejía Barón en el 94 guardándose los cambios y perdiendo el juego.