Acuerdo comercial: Bien, pero no resuelve anemia económica

28-08-2018 14:18

Mexico y Estados Unidos finalmente alcanzan un acuerdo de entendimiento en materia comercial, después de todo un año de negociaciones y amenazas que sacudieron repetidamente a los mercados mexicanos.

El acuerdo retira un factor de incertidumbre, pero el camino aún no queda limpio de riesgos. El acuerdo es positivo para México, aunque tuvo que dar su brazo a torcer al aceptar una negociación bilateral, a la cual el gobierno se opuso desde un principio. Definitivamente esta es una victoria de Trump que siempre privilegió acuerdos bilaterales en lugar de multilaterales.

Sin duda el haber logrado un acuerdo comercial con Estados Unidos es benéfico para el país, sobre todo considerando que la economía estaría peor sin un acuerdo. Sustituir el mercado norteamericano para los productos mexicanos no solo representa un esfuerzo tremendo sino que tomaría años para poder encontrar mercados alternativos que compren 80% de las exportaciones mexicanas.

Así, a pesar de que el país tuvo que ceder en algunos temas conflictivos, al final el acuerdo le beneficia a México no solo por eliminar un foco de incertidumbre y riesgo sino también porque le permite a la economía regresar a la trayectoria que traía hasta 2016, antes de la llegada de la amenaza llamada Trump que no solo sacudió a los mercados mexicanos sino que incluso afectó decisiones de inversión.

Efectivamente, el acuerdo logrado solo remueve el freno que se le había impuesto a la economía a partir del 2017 a través de las sacudidas financieras, la cancelación de inversiones, y posposición de proyectos productivos en el país. Lo cual impuso una restricción a la trayectoria de crecimiento de la economía en 2017 y 2018. De tal forma que, el acuerdo solo pone a la economía de regreso a las condiciones que tenía hace dos años, la cual ya representaba una capacidad limitada.

 

El presidente estadounidense Donald Trump en un discurso en febrero de 2017

 

En este sentido, el acuerdo solo quita el freno pero no cambia el motor. El acuerdo por sí mismo no  expande la capacidad de crecimiento ni mucho menos resuelve los problemas estructurales de los que adolece la economía mexicana. Así, poniéndolo en su justa dimensión, el acuerdo logrado es positivo y ayuda a mejorar el ambiente de negocios, pero la capacidad productiva seguirá limitada hasta que el país sea capaz de curar su anemia crónica: debilidad de la acumulación de capital físico y humano.

El acuerdo podría contribuir a fortalecer la acumulación de capital si y solo si promueve un mayor flujo de inversión hacia el país, pero inversión nueva que llegue a crear o ampliar la planta productiva, no la que llegue a comprar negocios ya establecidos que solo representan transferencia de propiedad pero no aumento de activos físicos en el país.

De esta manera, en el camino económico del país solo se remueve un factor de riesgo, pero quedan pendientes otros, sobre todo aquellos que tienen que ver con el fortalecimiento de las fuentes fundamentales del crecimiento. Lo cual es necesario para sacar a la economía de la trayectoria de crecimiento mediocre a través de fuentes saludables y permanentes.

Por otro lado, para que el TLCAN reviva se necesita la incorporación de Canadá, de la cual se espera tener resultados en unos cuantos días, para bien o para mal. En caso negativo, México y Estados Unidos se quedarían con un acuerdo bilateral, el cual también es bueno para el país. En este caso, a pesar de que México podría entrar en un acuerdo bilateral adicional con Canadá, el TLCAN como tal desaparecería.

Bajo esas circunstancias, Trump habría logrado lo que inicialmente se propuso: acuerdos bilaterales que le permitan tener a los Estados Unidos un mayor control sobre solución de controversias y la imposición de medidas arancelerias para proteger a sus productores.

 

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Web:  www.AlfredoCoutino.com

*/ Director para América Latina en Moody’s Analytics. Las ideas expresadas son de la exclusiva responsabilidad del autor y de ninguna manera deben ser atribuidas a la institución para la cual trabaja.