La Historia se Repite: Ajuste al Gasto en Puerta

09-01-2015 13:43

Una vez más México parece estar repitiendo su historia, ¿será que la habrá olvidado y está condenado a repetirla? Como ya habíamos anticipado, el gobierno federal admite la posibilidad de recortes al presupuesto federal, quizás mucho antes de que termine el presente año.

Este año el gobierno propuso una política fiscal altamente expansiva con la finalidad de ayudarle a la economía a salir de su prolongada debilidad desde inicios de la administración. La política monetaria le hizo comparsa al reducir la tasa de fondeo a mínimos históricos. Sin embargo, la realidad les está dando la cara contraria, exactamente lo mismo que sucedió durante la recesión del 2009. En aquel entonces el gobierno también anunció que por primera vez estaba en condiciones de poner en marcha una política fiscal contracíclica. Pocos meses después el Secretario de Hacienda anunciaba el primer recorte al gasto, al cual le siguió otro más hacia mediados del mismo año.

La historia se repite en este año. A pesar de las intenciones del gobierno de incurrir en un mayor desequilibrio fiscal, en aras de ayudarle a la economía, el desplome en los precios del petróleo necesariamente forzará un ajuste en las finanza públicas. De lo contrario, persistir en la aplicación de una política desequilibradora solo dañará más la percepción sobre México, haciendolo ver como un país indisciplinado. Por consistencia y sanidad fiscal, el gobierno no tiene más opción que recortar el gasto.

A pesar de la reforma fiscal en marcha, las finanzas públicas siguen siendo vulnerables ante el petróleo, por la sencilla razón de que el presupuesto federal aún se construye en base al precio del hidrocarburo y del crecimiento esperado y no en base a la regla fiscal estructural. Por lo tanto, ante el desplome en el precio internacional del crudo, las finanzas públicas tendrán que sufrir un ajuste a más tardar en el 2016, si no es que mucho antes de que termine el presente año.

A pesar de que los ingresos petroleros del 2015 están protegidos en alrededor de 60% a través de una poliza de seguro y el faltante se cubrirá mayormente a través de fondos de ahorro, la caída en el precio del petróleo impone no solo una restricción presupuestal a futuro sino que además reduce el poder contracíclico de la política fiscal para el 2015. Es decir, en caso de que se presente una mayor contingencia económica, el gobierno mexicano no podrá echar mano de estímulos fiscales más allá de lo ya establecido en el presupuesto para el año. Si lo hiciera, sería a través de desequilibrar aún más las finanzas públicas, dada la promesa oficial de no más incrementos de impuestos en lo que resta del sexenio (?).

Ante las señales de que el menor precio del petróleo parece haber llegado para quedarse, el gobierno ya acepta la posibilidad y necesidad de un inminente ajuste en el gasto público, el cual posiblemente llegue para este mismo año. En el 2016 el gobierno no podrá mantener un nivel de gasto expansivo como el de 2015, sencillamente porque los ingresos petroleros estarán a la mitad de lo que serán en el 2015.

Desafortunadamente, a pesar del anuncio de la regla fiscal estructural que se dio el 1 de diciembre de 2012, la política fiscal continúa siendo procíclica, ya que el presupuesto se elabora en base a los ingresos esperados por el gobierno, los cuales a su vez dependen de los estimados de crecimiento de la economía y del precio del petróleo. Así, si la economía crece más y el precio del crudo es alto, el gobierno gasta más; pero si el crecimiento y el precio del petróleo son menores, entonces el presupuesto tiene que recortarse, ya que el país no puede vivir más allá de lo que le permiten sus propios medios. Ni la regla fiscal se ha aplicado ni la reforma ha reducido la dependencia del petróleo.

Si el presupuesto no se ajusta y el gobierno persiste en la aplicación de una política fiscal expansiva, el desequilibrio presupuestal será mayor, por lo tanto la deuda que cada mexicano tendrá que pagar en el futuro será mayor también. Aumentar el desequilibrio fiscal en el presente solo implica comprometer el futuro. Es decir, comer mejor hoy para pasar hambre mañana.

La gran injusticia está no solo en que es el gobierno quien está gastando más sino también que lo está haciendo con el ingreso futuro de los mexicanos. Al final, no es el gobierno quien pagará la deuda sino toda la sociedad mexicana.