Un análisis cínico del Paquete Económico 2020

05-12-2019 11:19

Como cada año, se acaba de presentar el paquete económico para el año 2020. Es el primero que elabora la actual administración, ya que el de 2019 se elaboró conjuntamente con la pasada. El temor era que hubiera indisciplina fiscal. No la hubo. Los mercados están a gusto con la propuesta, aunque cautelosamente. 

Es decir, se puede ser un poco escéptico del crecimiento que se propone, y también del volumen de producción petrolera que se plantea. Pero los mercados entienden que la señal es que se recortaría el gasto en caso de ser necesario.

¿Por qué empiezo así este pequeño ensayo? Bien, pues porque el paquete económico que se presenta año con año tiene dos vertientes de análisis. La primera, que es la que a los mercados les importa, es que se guarde la disciplina financiera y la estabilidad macro. Como ya mencioné, creo que el paquete cumple este requisito de forma aceptable.

La segunda vertiente, es la que a los mercados les interesa menos. Sin embargo, mediáticamente se ha convertido en importante, pues da nota. Esta segunda dimensión incluye el análisis de la composición de las tres variables clave en el paquete: ingreso, gasto y deuda públic@s. Descartaré la estructura de la deuda porque ahí nadie en la sociedad civil y medios repara (malamente, pues fue la causal de la crisis del tequila de 1994-95); y solamente se fijan en el techo. 

Esto me lleva a que el análisis de los ingresos solamente se realiza si hay cambios abruptos en la famosa miscelánea fiscal. Cada año, es cierto, hay una sorpresilla, pero no pasa de eso. Excepto cuando hay una reforma un poco más significativa (como la del 2014).

Fuera de esto, el análisis anual viene influenciado por grupos de interés. Cuando la afectación está dirigida hacia “grandes” contribuyentes, el escándalo es mayor. Cuando es para los cautivos, la sociedad civil y los medios a veces se olvidan de ellos. 

Este año no es la excepción. La prohibición de la condonación de impuestos y las factureras fantasma es prueba de ello, donde se ha armado un borlote. En cambio, por ejemplo, el AIRBNB pasa desapercibido. Claro porque este último se da primordialmente en causantes bastante medianos. No quiero sugerir que no hay que gravarlos con el IVA y el ISR, pero tampoco se debe inventar reglas prohibitivas para los hogares que complementaban ingreso, porque da más la impresión que los hoteleros son los que presionaron para impedir competencia.

No he visto campaña mediática para reclamar esto con la vehemencia que le ponen al “terrorismo fiscal” para causantes de más de 7 millones de pesos anuales. Insisto, creo que los llamados organismos de la sociedad civil hacen un buen trabajo y deben fortalecerse, pero a veces abusan de defender con más ahínco a los grandes y no a los pequeños cautivos.

En cuanto al gasto, aquí es donde viene mi cinismo. Llevo más de 20 años analizándolo, y ninguno de los presupuestos de los últimos 20 años ha sido pro-crecimiento. Mis análisis econométricos así lo arrojan. Ese es el gran problema de México. En términos de demanda agregada, el presupuesto ha sido neutro. Solo que ahora, quien no lo veía antes, lo ve hoy.

Desde mi perspectiva los mercados nunca le han prestado atención a la estructura del gasto. Tal vez la explicación es que el gasto está en más de 90 por ciento comprometido ex ante y poco puede hacer el presidente. Por ley hay que pagar intereses de la deuda, hay que distribuir recursos a los estados y municipios en forma de participaciones y aportaciones, hay que cubrir las pensiones que cada día le imprimen más presión a las finanzas públicas, hay que fondear a los otros poderes y órganos autónomos y, por si eso fuera poco, hay un gasto inercial, casi irreductible que lo constituyen principalmente los salarios de los maestros, los médicos, las enfermeras, la policía y el ejército. 

Esto deja a un presidente con muy pocos grados de libertad. Por ello, quienquiera que sea, es poco lo que puede hacer para llevar a cabo un Proyecto de Nación alternativo, sin una reforma profunda de las responsabilidades del estado.

Desde ahora puedo incluso afirmar, que sea quien gane las elecciones siguientes en 2024, la composición del gasto será prácticamente la misma que la de hace 10 años, con cambios pequeños que ascenderían si acaso al 5 o 6% del total (por ejemplo, el presupuesto para Bienestar asciende a 157 mil mdp, que equivale a 0.6% del PIB, o poco más del 2% del gasto neto total).

 

El análisis en medios se hace en qué secretaría o dependencia gana o pierde recursos, pero desde el punto de vista económico, el impacto económico será el mismo: neutralidad en la demanda agregada.

 

Para afectarla tendríamos que llevar a cabo una reforma fiscal abrupta que incluya ingreso y gasto fiscales (no solo tasas, sino la manera como se asigna el presupuesto entre los tres órdenes de gobierno). Y eso, es lo que debemos discutir hoy y no en dos años cuando dé nota, no deberíamos gastar tanto tiempo en la composición del gasto de este año porque se parece a la de hace 10 años. 

No se me malinterprete, lo que digo es que no confundamos la composición del gasto con la propia operación y funcionamiento del gobierno. Sé que hay problemas en la distribución de medicinas y de muchos apoyos, pero eso no cambia que, en promedio, la composición del gasto en su forma funcional es muy similar en los últimos diez o quince años.

En todo caso debemos exigir que los nuevos programas publiquen las reglas de operación, que por ley se debe hacer y que disminuya en la medida de lo posible su destino clientelar (que lo hubo también en las administraciones pasadas).

Estoy en desacuerdo con muchas de las medidas de recorte de gasto para aumentar el gasto clientelar. Le ha pegado a los burócratas, cierto. Pero desde el punto de vista macro, reitero, el impacto es el mismo de hace 20 años, y por eso los mercados no reaccionan.