Ramírez Cuéllar y el Impuesto a la Riqueza

21-05-2020 09:50

Querer estimar el monto de la riqueza de cada persona tiene muchas connotaciones. La primera y más obvia es la de estimar la desigualdad en la distribución de la riqueza.

Hace unos 12 o 15 años la estimé con base en la ENVIH (2002) del CIDE y la Ibero (la única tipo panel en el país), con la ayuda de Nelly Mejía y Débora Corte, y obtuve un coeficiente de Gini en riqueza de 0.69, que es altísimo. Alarmado, e inseguro de nuestras estimaciones, fui con uno de los dos líderes del diseño y aplicación de esa encuesta y, después de checar nuestras estimaciones, me respondió que todo lo habíamos hecho bien y que habíamos utilizado la encuesta adecuadamente. Nunca lo publiqué, solo lo mencionaba reiteradamente en mis cursos del diplomado de Análisis Político del CIDE.

Pocos años más tarde, varios investigadores lo obtuvieron y estaba acorde al que yo había estimado. Uno de los más citados hoy con mucha justicia (por su meticulosa metodología) es el de Miguel del Castillo, que lo hizo para la CEPAL.

A partir de conocer este índice uno puede diseñar mejor la política económica para tratar de equilibrarlo. Una de esas políticas es la tributaria, es decir, serviría para poder diseñar una política fiscal, del lado del impuesto, más progresiva, es decir, que pague más el que más tiene.

Por esto, creo que el diputado Ramírez Cuéllar tiene en la mente estimar la riqueza (con un método muy malo e inefectivo, por cierto) para poder gravarla1, en una futura reforma fiscal. Sin embargo, como ya he comentado en este espacio (aquí y aquí) no creo que este impuesto (que indirectamente engloba a la herencia también) sea una buena idea. Me permito reiterar los motivos.

Comencemos con el impuesto a la herencia, que encaja muy bien dentro del discurso de la 4T. Este impuesto se aplica en muchos países de primer mundo y en algunos de América Latina. El impuesto varía de acuerdo al grado de parentesco, también puede ser progresivo, y generalmente se da a partir de un monto (en EU, por ejemplo, es a partir de una herencia de 11 millones de dólares, aunque en el Reino Unido es a partir de 1 millón de libras esterlinas).

Sin embargo, la recaudación por este impuesto es muy baja. El promedio en los países avanzados es de 0.25% del PIB. Peor aún, el impuesto ha sido regresivo (contrario a su objetico original) pues el famoso top 1% lo eluden fácilmente mediante la creación de fideicomisos, fondos, donativos disfrazados, y un largo etcétera. La encargada del SAT español me comentó en alguna ocasión en Zaragoza que ellos ya no sabían como deshacerse de este impuesto. En un país como México, mi estimación es que si acaso daría el 0.1% del PIB como recaudación. Si bien es algo, y todo suma, claramente es insuficiente y en realidad lo terminarían pagando las clases medias, no las altas.

En el mismo caso se encuentra el impuesto a la riqueza, que creo es el objetivo de Ramírez Cuéllar (y AMLO?). En general, en el mundo las personas físicas de altos ingresos, abren fideicomisos para eludirlo; a la vez, se utiliza la figura del prestanombres, de la inscripción mediante apertura de empresas fantasma o, de plano sacan su dinero del país e invierten en bienes raíces y financieros en el exterior.

Al final, nuevamente este impuesto termina impactando a clases medias, quienes como he insistido y mostrado con números duros, son los que sostienen en su mayor parte a la hacienda federal. Si se introduce a partir de cierta riqueza, y dirigida a los estratos más altos, creo que la recaudación sería mínima y raquítica por los motivos recién expuestos.

La reforma fiscal, hay que entenderlo, deberá basarse en un impuesto que sea de fácil recaudación y fiscalización, que abarque al menos en parte al sector informal, y más importante, que tenga poder recaudatorio. Ud. sabe a cuál me refiero, pero es el innombrable, jeje.

 

[1] No creo, honestamente, que quiera expropiarla, como algunos argumentan.