Cinetlán
Una ciudad de ideas que se levanta sobre una laguna infinita de películas.

Dumbo: Lo imposible, posible

05-04-2019 17:05

Dumbo transmuta el prejuicio en admiración, una de las magias de la animación, y una de las magias del espíritu humano.

"Dumbo" (2019) dirigida por Tim Burton y protagonizada por Colin Farrell (Trailer de Disney)

Ante la pregunta de cuál era mi película favorita de Disney, siempre que yo decía Dumbo lo que ocurría enseguida era un silencio incómodo. O un diálogo como “A mi no me gusta tanto” y etcétera.

Luego esa incredulidad abría paso a una segunda pregunta “¿A ti por qué te gusta Dumbo?”, en realidad yo creía tener buenas razones pero me incomodaba sentirme a la defensiva. Es evidente que para mi generación fue mucho más importante Bambi, u otras películas como El zorro y el sabueso, o La Dama y el Vagabundo. Actualmente creo que nadie las mencionaría.

Hace años pensé que sería buena idea escribir un largo ensayo sobre Dumbo. Luego de empezar esa tarea lo pensé mejor. ¿A quién le importaba? Y por otro lado, ¿Qué sentido tenía? Quería cambiar la opinión general sobre Dumbo. De pronto me pareció una ambición inútil.

Ahora, más de 20 años después la oportunidad se ha abierto de nuevo por la película revisionista de Tim Burton. Hablará de las dos películas. En esta primera parte haré algunos apuntes sobre el Dumbo de Ben Sharpsteen.

 

Primera parte: Dumbo 1941

Aunque la producción es de Walt Disney, en realidad es una película de Ben Sharpsteen, que había dirigido también Pinocchio en 1940. Sharpsteen tiene una visión didáctica muy sombría que actualmente sería controversial y muy cuestionada: educar con el miedo.

Confieso que la transformación de Polilla en burro, en la isla de los juegos es uno de los momentos más aterradores de mi vida y me produjo pesadillas por más de una década. Y ahora que lo pienso, es quizá por eso que los hombres lobo me ocasionaban también tanta ansiedad (ansiedad de miedo o ataques de pánico).

La eficacia de ese momento en Pinocchio tiene que ver con la manera en que está dirigida la escena animada: la mayor parte de la transformación la vemos de forma indirecta a través de una sombra. No obstante la mirada aterrada de Pinocchio es suficiente para entender el terrorífico momento y sobre todo su temible significado moral. Pinocchio, Polilla y otros niños se han pasado un día fenomenal, en un centro de diversiones que carece de vigilancia o coerción parental.  Esta diversión tendrá un castigo desmedido, bíblico. Una vida hedonista, una vida de placer en el placer mismo contradice lo que es ser buena persona en el mundo americano de 1940.

Estamos en un contexto histórico muy bien descrito por Zygmunt Bauman en Trabajo, consumismo y nuevos pobres1 en la que se ha establecido como ideología dominante la ética del trabajo, tan importante para el capitalismo, pues como “obligar a la gente -acostumbrada a darle sentido a su trabajo a través de sus propias metas (…)- a volcar su habilidad y su esfuerzo en el cumplimiento de tareas que otros le imponían y controlaban, que carecían de sentido para ella. La solución al problema fue la puesta en marcha de una instrucción mecánica dirigida a habituar a los obreros a obedecer sin pensar; al tiempo que se los privaba del orgullo del trabajo bien hecho y se los obligaba a cumplir tareas cuyo sentido se les escapaba.” (Pág. 20)

Para ello ha tenido que establecerse una ética que aún tiene resonancias en el mundo contemporáneo, a través de la cual trabajar “es la única forma decente y moralmente aceptable de ganarse el derecho a la vida” (Pág. 26). Los que no trabajan no tienen derecho a la vida, no se lo han ganado. De ahí la siniestra metáfora de Pinocchio.

La ética del trabajo se expresa en Dumbo en una destacada secuencia inicial en la que hombres sin rostro (trabajadores) junto con los animales del circo y muy especialmente los elefantes, hacen la fuerza laboral que levanta las inmensas tiendas en medio de una tormenta. El circo es visto como una cadena de producción, donde cada miembro cumple una función laboral.2

Pese a que Dumbo es una animación mucho menos sombría que Pinocchio, tiene su lado oscuro: me refiero a las alucinaciones que sufre nuestro elefante bebé tras alcoholizarse accidentalmente con una bebida espumosa. Podemos afirmar que Sharpsteen es un visionario, pues puso en pantalla un mal viaje que parece más bien producido por ácido lisérgico (quizá el Tonayan si logré este efecto a la primera).

 

La ética del trabajo se expresa en Dumbo en una destacada secuencia inicial en la que hombres sin rostro (trabajadores) junto con los animales del circo y muy especialmente los elefantes, hacen la fuerza laboral que levanta las inmensas tiendas en medio de una tormenta

 

Pero el famoso día de la bicicleta en el que Hoffman descubrió los efectos del LSD ocurriría dos años después del estreno de Dumbo. Evidentemente el alcohol solo produce efectos así cuando el alcoholismo del paciente ha llegado al delirium tremens, que no es el caso de Dumbo. Lo cierto es que es una escena muy perturbadora que a mí me causaba una enorme fascinación.

Cuando mi papá compró la primera videocasetera VHS (la primera que hubo en casa) en 1988, no pude esperar a tener Dumbo para revisar esta secuencia escena por escena. Quería entender las transiciones entre los dibujos y su significado.

"Dumbo" (1941) de Ben Sharpsteen

 

En un marco simple Sharpsteen quiere inducir miedo en los niños frente al alcohol pero la secuencia es muy larga y tiene varias etapas. A Disney y a Sharpsteen les tocó vivir en su juventud la prohibición del alcohol en los Estados Unidos y la guerra contra el tráfico de alcohol que trastornó bastante la vida social americana de 1920 a 1933.

Recordemos que en una de las secuencias iniciales de Enemigo Público de 1931 de William A. Wellman, los niños beben cerveza, había una cruzada contra el alcoholismo infantil. A mi me parece que aunque en un principio este mensaje contra el alcohol es explícito, Sharpsteen utiliza esta oportunidad para crear toda una alegoría de la vida contemporánea. ¿Es una pesadilla la vida contemporánea? ¿Una alucinación? ¿Un estado de embriaguez? No parece haber una respuesta clara a esta pregunta. Nuestros personajes principales son elefantes, insertos en ese mundo frenético.   

Además Sharpsteen es un virtuoso del medio animado, no sólo es muy bueno para conectar emocionalmente la trama con los espectadores3, sino que también es evidente que cuando filma Dumbo está experimentando con el lenguaje de la animación.

En Dumbo se vuelve sensible el dibujo. Se renuncia a un perfeccionismo realista por una estética inacabada, intencionalmente esbozada. Hay cierto expresionismo visual, los hombres sin rostro, sin facciones, cuyas cabezas son bolas sin ojos, nariz y labios, en las grandes masas y en los trabajadores anónimos; los juegos de sombras muy abundantes en toda la película, sombras chinas incluso donde a través de las carpas se narran escenas completas que vemos en siluetas.

Hay cosas que sólo la animación podía hacer en ese momento, la transformación de una forma en otra por ejemplo o el juego de consistencias.

Por ejemplo cuando inicia la borrachera, todo el juego de sensaciones a partir de las burbujas y el ratón, las burbujas no son vaporosas pompas de vino, tienen una consistencia más resistente, es la consistencia del juego visual que ensaya Sharpsteen, globos con la fuerza suficiente para levantarlo, para que sostenga en ellos, para resbalar o elevarse, porque el poder de la animación es precisamente ese: crear la ilusión de las formas, y también de las consistencias, y jugar con ellas a placer.  Lo mismo ocurre con las nubes sobre las que se detiene la cigüeña con el bebé elefante.

Al iniciar la alucinación efectivamente estos elefantes rosas son fantasmagorías, que rodean el perímetro del encuadre para ahogar a Dumbo literalmente en un iris de elefantes rosas que luego explotan. Al inicio de la alucinación acuden grandes masas de elefantes, en una referencia clara a la sociedad de masas que en ese momento histórico está en ebullición.

Los elefantes se transforman todo el tiempo en nuevas formas, formas lúdicas musicales, un elefante y una elefanta bailan un baile de salón, repentinamente todo termina en un gran collage futurista, con trenes, autos, aviones elefantiformes, deportes extremos, un parque de diversiones, metáforas de modernidad y velocidad en un tráfico frenético que llega a un paroxismo con una explosión de la que cae una lluvia de elefantes rosas que se transforman suavemente en las nubes rojizas de un amanecer. Esa transición siempre me ha parecido poesía visual. Todo el fragmento es un gran poema audiovisual futurista.

Pese a sus notas amargas Dumbo es una película realmente muy tierna. Una ternura que se contrasta todo el tiempo con la brutalidad del mundo. Toda la serie de secuencias iniciales que podemos englobar en una macro secuencia que se llamaría “maternidad”, que consiste en cómo las cigüeñas van repartiendo bebés a los animales del circo para crear varias unidades mamá hijos/as. Sirve para acentuar como Dumbo es un bebé muy deseado por su mamá.

El nacimiento de Dumbo es muy celebrado por la comunidad de señoras elefante, hasta que se revela el defecto congénito: las orejas gigantes. Una disformidad que no cuenta con su comprensión sino al contrario, que implica la exclusión, no sólo de Dumbo sino también de su progenitora. No obstante en escenas de gran ternura el pequeño elefante y su mamá juegan.

 

Pese a sus notas amargas Dumbo es una película realmente muy tierna. Una ternura que se contrasta todo el tiempo con la brutalidad del mundo.

 

Pero el mundo es hostil, y en este mundo hostil Dumbo solo tiene a su mamá para que lo defienda, y en su defensa la mamá de Dumbo es arrestada y encarcelada. El bebé queda en la orfandad. Ahora es un niño abandonado a su suerte que se las debe arreglar solo. En este mundo donde impera la ética del trabajo Dumbo no podía esperar que lo mantuvieran sin trabajar, es un empleado del circo y debe ganarse el pan. Si embargo su disformidad es al mismo tiempo una discapacidad: lo limita. Digamos que Dumbo busca su lugar en esta sociedad, pero su manifiesta incompetencia por edad, ingenuidad o por su disformidad o discapacidad hace que lo degraden a payaso.

En el mundo circense en realidad los payasos son las grandes personalidades del circo, junto con los trapecistas, son las super estrellas. Pero en la película de Disney son seres corruptos y degenerados, y fue más allá al equipararlos con la clase obrera, los trabajadores. Como es sabido, en una revancha metaficcional, Disney asoció a estos payasos con sus propios empleados que le organizaron una huelga en 1941. En un diálogo en el que los payasos afirman que van a pedir un aumento de sueldo por una ocurrencia absurda.

Volviendo al personaje de Dumbo, que alguien con una disformidad sea asociado al circo o al mundo del espectáculo es parte de los usos y costumbres que provienen de la monarquías europeas y de los espectáculos freaks del siglo XIX. Es encontrarle utilidad a lo que no la tiene, una manera de ganarse la vida. Tan solo hay que recordar el relato Meal Ticket de los Coen en La balada de Buster Scruggs (2018)

Pero esta es una fábula infantil. La disformidad de Dumbo va a ser al final su talento y su acceso al éxito, y lo descubrirá por accidente y gracias a la solidaridad. El ratón Timothy, será su amigo y compañero en este mundo duro, y además tendrán el apoyo de un grupo de cuervos (asociados a negros y latinos), que impulsarán a Dumbo a descubrirse a sí mismo. Será capaz de una hazaña extraordinaria, quizá la más extraordinaria: volar.

“Lo que nunca vi, ni espero ver, a un elefante volar” cantan los cuervos. Un elefante que vuela es una imposibilidad en el mundo. De ahí la dimensión extraordinaria del relato: el excluido, el niño, con una disformidad que lo discapacita logra al final lo imposible. Lo impensable.

Transmuta el prejuicio en admiración. Una de las magias de la animación. Y una de las magias también del espíritu humano: cuantas veces hemos visto estos casos extraordinarios de superación personal de personas con capacidades diferentes.

       

ADENDA 

El 4 de abril en una emotiva función que cierra el programa del Femme Revolution Film Fest (FRFF) se presentó en el cine Diana la película Rencor Tatuado, con sala llena bajo la promesa de un Q&A donde estuvo parte del elenco, la autora del guion Malu Huacuja del Toro, el productor Roberto Fiesco, el realizador Julián Hernández y otros personajes de la producción. La película ya se había exhibido en el FICM 2018.

La estrella de la noche fue la escritora, ya que la película tiene un entramado muy inteligente, con personajes muy bien perfilados que impacto al público de la sala. Puede inscribirse en el género del cine negro, con amplias referencias fílmicas de Julián Hernández a diversas películas del género e incluso hace una paráfrasis de la posesión del Nosferatu de Murnau, en un sombrío juego de sombras.

Además de un trabajo de cámara muy destacado, con magníficos planos holandeses, en una fotografía donde el presente esta en Blanco y Negro y el pasado a Color. La película es sumamente actual y plantea el inédito tema de la violencia de género contra la mujer tanto de la feminidad biológica como de la no biológica, “pues quién se piensa y vive como mujer es una mujer” afirma la escritora categóricamente. Es un hecho que tanto mujeres como travestis y transexuales sufren violencia de género cotidianamente. La protagonista es una vengadora que recuerda mucho a la Chica del Dragón Tatuado.

A pregunta expresa sobre esta posible influencia, Malu explicó que el guion se escribió hace 20 años, antes incluso de que existieran los libros de la famosa saga sueca (que inició en 2012). Roberto Fiesco por su parte explicó que se trató de una producción de más de siete años que apenas llega a buen puerto, con enormes dificultades. El elenco femenino es muy destacado, aunque sobresale la protagonista Diana Lein, con una presencia sumamente poderosa en el encuadre. Una película que merece buena exhibición, una joya más del cine nacional y una más a la cuenta de Julián Hernández.

Búsquela cuando llegue a salas: Rencor Tatuado.  

 

[1] Bauman, Zygmunt. Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Editorial Gedisa, Barcelona, 2000. 

[2] Ibid. “En la práctica, la cruzada por la ética del trabajo era la batalla por imponer el control y la subordinación. Se trataba de una lucha por el poder en todo, salvo en el nombre; una batalla por obligar a los trabajadores a aceptar, en homenaje a la ética y la nobleza del trabajo, una vida que ni era noble ni se ajustaba a sus propios principios de moral.” Pag. 21. Es interesante que en Dumbo esto aplique tanto a las personas anónimas y a los animales por igual.

[3] En mi opinión esta virtud es lo que ha hecho grande a Pixar. ¿Es técnica o manipulación emocional? Esa es otra discusión.  

ACERCA DEL AUTOR
Luis F. Gallardo
Nació en la Ciudad de México, en medio de los cohetones que echaban los suavos y zacapoaxtlas para conmemorar la batalla de Puebla, un 5 de mayo de 1975. Pertenece a la generación 1996 del CUEC, donde estudió Cinematografía, también estudio Letras Hispánica en la UNAM. Se especializa en guiones de programas de televisión cultural y educativa, de esos que pasan de madrugada. 18 años de experiencia en docencia, capacitación e investigación cinematográfica. Ha visto un par de películas. Baila salsa.
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