Energía e Infraestructura

El diseño de Pemex: Corazón de la reforma energética

La reforma energética de Enrique Peña Nieto, además de buscar acelerar el crecimiento económico a partir de 2014, tendría que –en opinión de analistas como Severo López-Mestre, catedrático del ITAM– resolver el trabuco administrativo que generó la reforma a Pemex impulsada por el gobierno de Felipe Calderón.

03-12-2013 11:59 Por : Arena Pública
La propuesta de la autonomía de gestión para Pemex, propuesta del PRD, se vuelve muy peligrosa.
La propuesta de la autonomía de gestión para Pemex, propuesta del PRD, se vuelve muy peligrosa.

Con esos cambios que contemplaban diferentes esquemas para contratar servicios privados, la gestión de Pemex se volvió más complicada, los costos de transacción aumentaron y todos los controles que se inventaron de transparencia y de accountability -revisión contable y financiera- sólo se traslaparon incrementando las oportunidades de concretar negocios poco claros a costa de los recursos de la paraestatal.

Por ello, la reforma al sector de la energía –con un enfoque integral y en conexión con el proyecto industrial– debe considerarse como una transformación de largo plazo en donde el apremio por resolver alguna demanda política no sea la prioridad.

La clave se encuentra en la redacción y proyección de la ley secundaria porque, según los expertos como López-Mestre, si nos atenemos a las reformas constitucionales actuales del PAN y del PRI, la redacción constitucional permitirá todo.

Así, aun cuando en la reforma del PRI la redacción prohíbe concesiones y permite contratos y la del PAN permite concesiones y contratos, finalmente el detalle está en la legislación secundaria. De esta forma, se había generado una coincidencia entre las tres fuerzas políticas que, no obstante, resultaba muy desafortunada: porque tanto el PAN como el PRI, y hasta en el PRD, coincidían en que no se tocaría a Pemex.

Esa es la coincidencia más preocupante y más perversa que puede existir, porque finalmente se vuelve a perder de foco el problema real de la industria petrolera que es el diseño de Pemex, un diseño que ya no responde a la realidad petrolera actual.

Aún así el PRD dirige sus baterías a defender la estructura actual de Pemex, con lo que -sin proponérselo- le estaría dando la estocada final a la empresa que, en teoría, debería dirigir las estrategias industriales en este sector. Por ello la propuesta de la autonomía de gestión para Pemex –uno de los puntos de la propuesta- se vuelve muy peligrosa.

Se plantea que a partir de la Ley Federal de Entidades Paraestatales se otorgue a Pemex un sentido estratégico, pero el centro del juego no es la autonomía como tal, sino el presupuesto y toda la normatividad y la regulación que circula alrededor del presupuesto. Los verdaderos controles de las paraestatales están en el ejercicio presupuestal que rige la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Entidades como el Banco de México defienden, por lo tanto, su autonomía presupuestaria para no ser -dicen en el Instituto central- presa de otros intereses.

Por ello, de acuerdo con el análisis de las iniciativas; cuando se propone la autonomía de gestión, en el caso de Pemex se presenta como un concepto hueco porque el verdadero control está en el presupuesto y la regulación presupuestal se encuentra en la SHCP.

El verdadero cambio –dicen los técnicos que saben- está en Pemex.