Energía e Infraestructura

Gasolineras, ¿viene la competencia con la reforma energética?

La reforma al sector de la energía promete a las grandes petroleras del mundo el paquete completo: inversiones y proyectos de exploración, producción y refinación de productos petrolíferos; pero también la venta de esos combustibles en miles de gasolineras del país que ahora competirían en serio –por primera vez- por los consumidores.

08-11-2013 00:00 Por : Arena Pública
La reforma al sector de la energía promete a las grandes petroleras del mundo el paquete completo.
La reforma al sector de la energía promete a las grandes petroleras del mundo el paquete completo.

La comercialización al menudeo de combustibles a través de estaciones de servicio generará en todo el mundo para el año 2015, ingresos por más de 2 trillones de dólares que se repartirán las principales diez empresas petroleras del orbe, de acuerdo con la firma de consultoría MarketLine.

Sin embargo el mercado mexicano ha estado fuera del reparto de este gigantesco pastel por parte de los grandes jugadores petroleros globales que desarrollan estrategias de penetración de mercados basadas en precios, servicio, rentabilidad de negocios inmobiliarios y vinculación con el sector comercial vía tiendas de conveniencia.

Pero esta situación podría cambiar pronto en el país. De aprobarse una reforma al sector de la energía la venta de gasolinas al detalle que desde hace 75 años se ha distinguido por el color verde bandera en todas las gasolineras bajo la marca Pemex, podría cambiar por primera vez a estaciones de servicio pintados con una multitud de colores distintivos de gigantes como Exxon, Chevron, Mobil, Shell, Sinclair, British Petroleum y Texaco; en un signo de que la feroz competencia por los consumidores de combustibles ha comenzado en México.

Las propuestas de reforma energética elaboradas por el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y que actualmente se ‘cocinan’ en el Senado de la República, plantean un giro de 180 grados al artículo 27° constitucional para permitir a la iniciativa privada la explotación y manejo de los recursos del subsuelo, hoy propiedad exclusiva de la Nación.

Entre otros cambios, la reforma que impulsa el presidente Enrique Peña Nieto daría paso a una inédita apertura del mercado para la venta y distribución de gasolinas en México y, por lo tanto, a la disolución del monopolio petrolero que desde la expropiación de la industria en 1938, ha controlado la distribución de gasolinas, su venta y hasta las ganancia de los franquiciatarios en las estaciones de servicio de  Petróleos Mexicanos, la mayor paraestatal del país.

El consumidor elige

Para azuzar el interés del capital foráneo el titular de la Secretaría de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, delineó ya el nuevo escenario de aprobarse los cambios constitucionales: En primer lugar se presentaría la operación de gasolineras que no pertenezcan a la franquicia Pemex porque con las modificaciones constitucionales se levantaría el veto a la participación privada, con lo que por primera vez en los últimos 70 años el consumidor mexicano tendría la posibilidad de decidir a qué empresa compra gasolina y, sobre todo, a qué precio.

Para ello, en la reforma secundaria del nuevo marco legal será clave la definición sobre eventuales importaciones de gasolina. También debería establecerse si las inversiones en plantas refinadoras estará condicionada a la posibilidad de vender gasolina en el mercado interno.

El director general de la consultoría MexEnergy, Severo López-Mestre Arana, aseguró que para lograr una apertura efectiva del mercado, la ley reglamentaria debería ocuparse de normar  el desarrollo urbano, planear la ubicación estratégica de gasolineras, resolver quién y cómo se proveerá el suministro del combustible, quien expedirá y regulará nuevas concesiones para la distribución de gasolinas, y como se distribuirán las gasolinas, si será a través de Pemex o en transporte de particulares.

El especialista en el sector energético señaló que un punto crucial en la discusión de la reforma energética será que no se pierda de vista el objetivo final de la apertura de mercados, que es ofrecer un servicio de calidad y menor costo a los consumidores.

De esta forma la competencia irrumpiría en el imperio monopólico de gasolineras que, hasta ahora, ha controlado Pemex mediante el sistema de franquicias. Actualmente la paraestatal reporta la operación de 10 mil 564 estaciones de servicio en el territorio nacional, que distribuyen diariamente 187 millones de litros de combustible, equivalentes a 2 mil 500 millones de pesos al día, 840 mil millones de pesos anuales y una generación de 400 mil empleos.

Negocio de políticos y de unos cuantos

Entre los dueños de estas franquicias figuran, además de empresarios mexicanos, políticos cuyas familias han recibido por parte de Pemex la autorización para operar estaciones de servicio para la venta de gasolinas.

El propio titular de la Secretaría de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, es accionista en al menos cinco grupos empresariales que operan estaciones de servicio en el territorio mexicano. Esta información es pública a través de los informes que Pemex presenta periódicamente al mercado de valores porque el Secretario de Energía es presidente del Consejo de Administración de la petrolera.

El responsable de la política energética del país también aseguró que las compañías petroleras con participación en refinerías podrían comercializar sus productos en el mercado mexicano para que los consumidores elijan libremente a las compañías a las cuales comprarán el combustible. Se trata del modelo de negocios conocido como estaciones de servicio de marca en donde la empresa que refina los productos petrolíferos, también le vende al consumidor final.

El segundo round por la competencia

A casi dos décadas de que la Comisión Federal de Competencia (CFC) dio su primer paso para frenar los abusos regulatorios que impedían el libre mercado firmando un convenio con Pemex para retirar obstáculos que frenaban la inversión y la competencia en este sector, ahora la probable reforma a los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución aceleraría la lucha por este mercado entre capitales privados.

La intención sería ofrecer a los consumidores mejores precios que, en este momento, dependen del subsidio a los combustibles que otorga la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y de las reglas que impone Pemex, el único proveedor de gasolinas del país que por su limitada capacidad de refinación importa el 51% de las gasolinas, 30% de gas natural, 28% del gas LP y 76% de los petroquímicos que provee al mercado interno.

Cabe destacar que el subsidio a las gasolinas superó los 220 mil millones de pesos en 2012, cuatro veces más que los recursos destinados a Oportunidades, el programa de combate a la pobreza más importante implementado desde el sexenio del presidente Carlos Salinas bajo el nombre de Solidaridad.

La respuesta a si los consumidores gozarán de precios más bajos es una moneda que está en el aire. En una de las caras está plasmada la posibilidad de liberar los precios de las gasolinas para que los fijen tanto el mercado global como la oferta y la demanda interna. En la otra posibilidad se baraja continuar con los subsidios.

En 1994, cuando la CFC -entonces bajo la responsabilidad de Santiago Levy, ahora vicepresidente del Banco Interamericano de Desarrollo- solicitó a Pemex retirar barreras que frenaban la competencia al imponer condiciones restrictivas a la venta de otros productos en las estaciones de servicio, se generó un auge de nuevas inversiones en este sector con más de 400 nuevas estaciones de servicio en todo el país, más de las que Pemex había instalado entre 1991 y 1993.

A partir de entonces las franquicias registraron un crecimiento sostenido. De 1992 a 2013 el país pasó de 3 mil 221 estaciones de servicio a 10 mil 564. Un incremento de más de 7 mil 300 gasolineras en una década. Y para junio de este año ya se encontraban en proceso de construcción otras 617 gasolineras adicionales.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) aquella primera manifestación de competencia en el sector de estaciones de servicio confirmó que las grandes multinacionales petroleras estaban interesadas en ese mercado.

Sin embargo a partir de ese momento también quedó al descubierto que si bien la inversión extranjera no estaba dispuesta a jugar con las reglas que imponía Pemex –comprar sólo la gasolina que importaba y refinaba la paraestatal– tampoco estaban dispuestas a perder tiempo en espera de la apertura.

En 2004 Pemex reveló que había identificado entre 80 y 120 estaciones de servicio que en sus actas constitutivas exhibían la participación de empresas extranjeras, situación que claramente contravenía las disposiciones de la Constitución, según las declaraciones del entonces director de Pemex-Refinación, Juan Bueno Torio.

Las investigaciones se dirigían en ese momento contra British Petroleum y su incursión en el capital de estaciones de servicio. La búsqueda de información sobre la simulación en la que estaban incurriendo propietarios de franquicias de Pemex asociados con empresas extranjeras, llevó a que Pemex buscara información en la Bolsa de Valores de Nueva York en donde sí se tenía que revelar cualquier inversión en este sector.

De aquellas investigaciones, British Petroleum -con grandes inversiones en pozos en aguas profundas del Golfo de México a través de contratos con Estados Unidos- resultó absuelta de las acusaciones de haber violado la Ley de Inversión Extranjera. En su informe de actividades y en su sitio de internet sólo da cuenta de su presencia en el mercado mexicano de lubricantes a través de la marca Castrol.

Además de la Comisión Federal de Competencia, empresarios del sector gasolinero, académicos y analistas tienen fija la mirada en las prometedoras transformaciones que traería consigo la aprobación de la reforma energética, y, a pesar de no tener claridad en las reglas que el gobierno federal impondrá a la apertura del mercado, anticipan preocupaciones y señalan cambios que en su experiencia deberían ejecutarse para generar una verdadera competitividad que redunde en beneficio para los clientes de combustible: mejores precios y calidad de las gasolinas.

Del uniforme verde al multicolor de la competencia

Durante los foros de debate sobre la reforma energética organizados por la Cámara de Senadores que concluyeron en octubre pasado, Pablo González Córdova, presidente de la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineras (Amegas) expresó la preocupación de los franquiciatarios de Pemex porque la apertura podría sacarlos del mercado.

El argumento fuerte de Pablo González es que los franquiciatarios de la paraestatal no podrán competir con la calidad de los combustibles que pueden ofertar empresas trasnacionales como Chevron, Texaco, British Petroleum, Exxon Mobil o Shell porque su único proveedor, Pemex, no puede resolver en el corto plazo su fuerte rezago en materia de refinación.

El presidente de la AMEGAS criticó que el país tenga tan sólo seis refinerías, mientras que Estados Unidos cuenta con 160. En México la refinería más moderna, Cadereyta, se construyó hace 30 años. Mientras que las trasnacionales cuentan con sus propias refinerías, el gobierno acaba de anunciar que en alrededor de cuatro años construirá una planta desulfuradora que eliminaría el azufre de 83 mil barriles diarios de gasolina, alrededor del 7% de lo que el país consume diariamente -un millón 222 mil barriles.

En otras palabras, Shell, Mobil y Texaco venderán gasolinas verdes, sin azufre, de mejor octanaje y los franquiciatarios de Pemex, gasolinas que no cumplen con las normas oficiales, sostuvo González.

Una segunda situación de inequidad para los franquiciatarios frente a las trasnacionales que expuso González, son los costos de operación de sus estaciones de servicio, que en 70% se destinan al pago de salarios, seguridad social y prestaciones laborales de sus operadores, en contraposición con las trasnacionales, que se ahorran esos gastos porque cuentan con despachadoras automatizadas operadas por un trabajador por turno. El presidente de la Amegas sostuvo que esta inequidad competitiva podría derivar en el despido masivo de empleados gasolineros.

En tanto los franquiciatarios se quejan por la apertura, académicos y especialistas en la materia señalan con puntualidad las transformaciones que deberá incluir la reforma si quiere un cambio serio hacia la competencia.

Miriam Grunstein Dickter, profesora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), especialista en el sector energético mexicano, señaló que el control de precios de la gasolina es la primera cuestión que tendría que eliminarse para posibilitar la libre competencia del mercado de gasolinas.

De otra manera, cuestionó la investigadora del CIDE “¿Qué sentido tendría (abrir una estación de servicio) si el único proveedor es Pemex? Si las competidoras importan gasolina a precios de mercado y luego compiten contra gasolinas en territorio nacional a precios controlados no les saldrán los números, entre otros factores porque en México la gasolina tiene un precio 20% menor al del mercado internacional, entonces ¿Para qué importarla?

Grunstein observó como uno de los riesgos de la apertura el hecho de que Pemex no cuente con la capacidad de refinación que sí tienen trasnacionales como Exxon, Shell o Chevron, cuya infraestructura propia les permitiría ofertar combustible a menores costos que la paraestatal.

“Pemex es un organismo cansado, con un pasivo laboral en materia de pensiones gigante, un contrato colectivo de trabajo extenuante, una carga fiscal atormentadora, ¿la meterán a competir con organismos internacionales que tienen mecanismos de financiamiento distintos: mucho outsourcing, sin excesivas cargas laborales, no tienen el peso del país sobre sus hombros? ¿Va a aguantar?”, se pregunta la académica.

En el mismo sentido asintió Benjamín Torres Barrón, socio de la firma Baker & McKenzie. Dice que el riesgo de que Pemex no compita a la altura de las trasnacionales es que puedan desaparecer sus estaciones de despacho de combustible y con ello un considerable número de empleos en el país, si tomamos en cuenta que actualmente existen 10 mil estaciones de servicio distribuidas en todo México.

Sin embargo, a diferencia de Grunstein, el socio de Baker & McKenzie piensa que el subsidio al precio de las gasolinas de las franquicias Pemex no sería un freno para que otras marcas de estaciones de servicio pudieran competir por el mercado. Para Torres Barrón el atractivo de las nuevas marcas de gasolineras podría no estar en el precio sino en la calidad y variedad de gasolinas que pudieran distribuir, así como en ofrecer servicios que la marca Pemex tiene restringidos, por ejemplo: expedir gasolina al transporte público con pasajeros a bordo, reparaciones mecánicas en las estaciones de servicio, auto-despachadoras, entre otras.

“Si los nuevos empresarios, aunque con un precio más caro, ofrecen alguno de estos servicios entonces quizás podrán captar un mercado que Pemex no. Es una gran gama de posibilidades que se puedan abrir. En Estados Unidos las gasolineras operan sin empleados y su mayor ganancia proviene de productos alternos; ganan más con las tiendas de conveniencia que con la venta de aceites o gasolina.”

La expectativa de triunfo o fracaso de los nuevos modelos de negocio se fincarán las leyes secundarias que acompañen a la reforma energética, será en estos detalles donde podremos saber si México podrá contemplar el nuevo color de las gasolinas.

El debate está abierto y las reformas constitucionales ya están en manos de los legisladores. Por ahora los funcionarios de Pemex prefieren guardar silencio sobre los planes de competencia para las estaciones de servicio que durante siete décadas estuvieron pintadas de verde; el único color que han conocido tres generaciones de mexicanos cuando acuden a cargar combustible para sus vehículos.

 

MÁS INFORMACIÓN: Apertura energética a debate, ¿la gran oportunidad para México?, reportaje de Arena Pública de septiembre 9 de 2013.