Fanatismo 5G

21-10-2019 09:34

La inclusión digital requiere de políticas públicas y ecosistemas normativos transversales que hagan de las nuevas tecnologías una herramienta valiosa para el desarrollo sustentable y la igualdad en México. Los problemas de México no los resolverá “el 5G”.

 

Memo es un joven de 14 años originario de Xochicalco, Guerrero, localidad aislada, remota, en pobreza. Ahí no hay acceso a servicios de salud ni educación media, no hay Internet ni telefonía, ni radio ni televisión; hay caminos deficientes y el yugo constante del crimen organizado.

Sus habitantes, pequeños agricultores migraron algunos, y otros consiguieron empleo en la mina Campo Morado, que desde julio pasado cerró, dejando sin empleo a cientos de lugareños sin explicación ni liquidación alguna, el padre de Memo es uno de ellos.  Arcelia, la ciudad más cercana, está a tres horas en transporte público. Arcelia cuenta con telefonía e Internet 2G y 3G, escuelas, hospital, dos bancos, comercios y mafias que vigilan la plaza.

Memo entró este pasado agosto a segundo de secundaria, no lo podía creer, pues de enero a julio de 2019 no tuvo clases: los maestros se ausentaron así nomás seis meses y creyó que tendría que repetir el año, pero la escuela de Xochicalco los pasó a todos al siguiente grado para evitar más complicaciones.

¿Qué aprendió y que está aprendiendo Memo?  No mucho aparentemente, pero sin evaluaciones no lo sabremos y como en su escuela no hay biblioteca, ni computadoras conectadas a la red y en su hogar menos, pues no pudo ocupar las vacaciones forzadas en aprender y recuperar el tiempo perdido con la gran variedad de contenidos educativos que hay en línea y que, de existir, le hubieran permitido acceder a información y cursos de calidad, a falta de maestros y libros.

La hermana mayor de Memo de plano emigró hacia la Ciudad de México para estudiar la preparatoria, pues en Xochicalco no hay prepa y tendría que rentar un cuarto para mudarse a Arcelia lo cual es impensable para una adolescente, tanto por el costo como por la peligrosidad de la región. Hoy estudia el último año de preparatoria en línea de la SEP, lejos de su familia y trabaja para enviarles dinero.

La falta de acceso a los servicios básicos que debe tener todo ser humano en Xochicalco no termina ahí. La abuela de Memo de 74 años y con una afección cardiaca, falleció el mes pasado cerca del hospital cuando la llevaban sus hijos a la clínica más cercana, en Arcelia, pues la única clínica de Xochicalco hace años que no cuenta con un solo médico, enfermero o auxiliar, que a través de teleconsultas y equipo de tele-estetoscopía u otros servicios de telemedicina hubiese podido salvar su vida.

La telemedicina rural, si acaso existe en el sistema de salud pública mexicano, ciertamente no existe en Guerrero como existe en el río Napo de la Amazonía peruana desde hace casi una década.

Esta deplorable realidad prevalece en miles de pequeñas localidades rurales mexicanas apartadas, desconectadas y golpeadas por la marginación, el crimen organizado y el desfalco del erario público a manos de los gobiernos locales y municipales.

Mientras tanto, en el México urbano conectado, de clase media y alta, la mercadotecnia ha logrado crear un fanatismo irracional por el 5G, como redentor global, como la panacea de la  hiperconectividad, aunque 3800 millones de personas en el mundo aún no usen Internet.

5G para gobernar ciudades y automatizar procesos de toma de decisiones con inteligencia artificial; 5G para el trabajo automatizado del futuro, aunque queden desempleados millones mientras aprenden minería de datos y otras habilidades de las ciencias computacionales; 5G para el hiper entretenimiento digital y toda una vida digital que se funda con la vida física y sensorial o incluso que desplace a ésta.

 

En el México urbano conectado, de clase media y alta, la mercadotecnia ha logrado crear un fanatismo irracional por el 5G, como redentor global, como la panacea de la  hiperconectividad, aunque 3,800 millones de personas en el mundo aún no usen Internet

 

Gobiernos, reguladores, académicos, ya aclaman y repiten 5G, 5G como zombies, mientras que los operadores de telecomunicaciones se rascan la cabeza para ver cómo van a capitalizarse y cómo van a monetizar la multimillonaria inversión que implica una red 5G, licencias de espectro 5G, sensores, fibra óptica en cada poste de luz en el que se instalen femtoceldas 5G. Desde luego esa rentabilidad buscada no la encontrarán en el México rural, como no la encontraron con tecnologías predecesoras. Así que de nuevo habrá una gran zanja digital entre ciudades y ruralidades.

¿Es 5G una importante innovación tecnológica? Sin duda que lo es y no se trata de frenarla, sino de analizar, en el caso de México por lo menos, qué recursos y bienes públicos como el espectro debemos racionalmente asignarle, cómo, cuándo y para qué fines o para impulsar qué cambios en nuestro país.

El Estado mexicano tiene la obligación en materia de conectividad y política digital, de crear las políticas públicas, recursos y ecosistemas regulatorios que permitan que el acceso a las TIC esté orientado a cerrar la brecha de acceso a salud, educación, información pública, rendición de cuentas, inclusión financiera, desarrollo sostenible, generación de empleos, habilitación del campo y los campesinos, etc., y que en el proceso se salvaguarden en forma efectiva los derechos de las personas a la privacidad, a la protección de datos personales, a su identidad, reto titánico en México en donde el cibercrimen es galopante y en donde las instituciones y recursos para tutelar la privacidad son insuficientes.

¿Qué está faltando? Estado. Que el Estado en forma transversal e incluyente defina sus metas, rutas e indicadores de éxito, estándares técnicos, en materia de inclusión digital efectiva, antes de empezar a ser parte del fanatismo 5G. Hablemos por ejemplo del regulador del espectro y los servicios de telecomunicaciones.

 

¿Qué está faltando? Estado. Que el Estado en forma transversal e incluyente defina sus metas, rutas e indicadores de éxito, estándares técnicos

 

El IFT ha planteado en una consulta pública, que celebro, la posibilidad de destinar un total de 11,900 megahertz de espectro radioéléctrico para 5G. El espectro es un recurso público de todos los mexicanos. Para darles una idea de lo que dicha cantidad representa, hoy día el Estado mexicano ha asignado en total 598 MHz de espectro para servicios “celulares” (voz y banda ancha inalámbrica) con los que se prestan en todo el país servicios 2G, 3G y 4G.

Es cierto que este monto no será suficiente si queremos aumentar la penetración de servicios para llegar a las localidades no conectadas y soportar el creciente tráfico de datos, todo lo cual requerirá más espectro e infraestructura, ¿pero, 11,900 MHz? Sin un estudio de proyección de demanda, sin estándares técnicos, sin hacer un estudio de prioridades digitales nacionales, de carencias de la población rural, sin reconocer el gigantesco impacto positivo que ha tenido el espectro de uso libre para conectar mediante WiFi a millones de personas de bajos ingresos que sin éste no conocerían el Internet?

Como parte de esa enorme cantidad de espectro, pretende incluir la banda de 6 GHz como banda licitable 5G cuando podría ser banda de uso libre como la de 5.8 GHz contigua, lo cual tendría un enorme impacto en la penetración de Internet en México, solo refleja que no hay un trabajo de prospectiva que tenga a las personas en el centro del debate, no a la tecnología per se.

Hasta el país vecino del norte también zombie del 5G, pero en un nivel de desarrollo y penetración y uso de Internet muy distinto del mexicano, reconoce el enorme valor del espectro libre, y destinará la banda 6 GHz para WiFi. Esto solo es un ejemplo de cómo el mantra 5G no se está analizando como herramienta de bienestar general, sino que es un fin en sí mismo pues implica para los fabricantes de sensores, microprocesadores y equipos terminales 5G un negocio de trillones de dólares bajo la asunción de que los consumidores urbanos estarán dispuestos a desembolsar grandes porciones de sus ingresos en conectar todas sus pertenencias personales y en comprar nuevos aparatos de casa y oficina conectados.

Para las industrias, tampoco parece haber un caso de negocios. La automatización de procesos manufactureros ya ocurre hoy y en el mejor de los casos se hace con 4G, aunque la realidad es que la conectividad de un sin fin de equipos en fábricas se logra con dispositivos de corto alcance, o con Wi Fi y un enlace de fibra óptica que llega a la fábrica. ¿Para qué gastar en conectividad 5G que también requerirá fibra óptica si puedo tener un enlace de fibra en un parque industrial?

La Agenda Digital Nacional hoy inexistente, permanece en silencio, ya ni siquiera tiene una cabeza, y ella sería la oficina federal natural para liderar un plan integral de inclusión digital en coordinación con el regulador, la SCT, el INAI, SEP, SS, Economía, Sría. Del Bienestar, etc.

De nuevo, es preciso pensar en grande y  planear, regular y decidir a partir del cliente, del ciudadano, de las metas de desarrollo sustentable pendientes en México (o sea 17 metas) no a partir de una nueva generación de tecnología inalámbrica que por impresionante que sea desde el punto de vista tecnológico, no necesariamente es lo que hoy necesitamos con más urgencia para abatir el rezago de México y del gobierno mexicano que es un muy bajo o ineficiente usuario de las tecnologías de la información y la banda ancha.

 

Es preciso pensar en grande: Planear, regular y decidir a partir del cliente, del ciudadano, de las metas de desarrollo sustentable pendientes en México, no a partir de una nueva generación de tecnología inalámbrica que por impresionante que sea desde el punto de vista tecnológico, no necesariamente es lo que necesitamos con urgencia

 

Según la asociación global de operadores móviles, la GSMA, la tecnología 4G en México alcanzará un nivel de adopción de tan solo el 52% para el año 2025. Hoy día la tecnología que más conecta a los poblados rurales marginados es 2G y 3G y la 4G conecta urbes.

Los riesgos de la hiperconectividad urbana tampoco se han analizado. Imagínense hoy una antena celular en cada poste de luz y trillones de dispositivos, autos, mascotas, ciudades y por qué no humanos con un chip que lo pueda conectar y seguir, todo a través de ondas hertzianas de distintas frecuencias.

En 5 años el IFT no ha logrado emitir una disposición técnica para regular las emisiones no ionizantes que emiten las antenas celulares, si lo hace próximamente quizá sea obsoleta ya para la conectividad 5G. Tampoco se ha analizado el enorme impacto para la sociedad en materia de vigilancia permanente, falta un marco jurídico e institucional capaz de proteger a la ciudadanía de los peligros que implica esta hiper conectividad ubicua. Mucho menos contamos con la legislación civil y penal adecuada para imponer sanciones adecuadas por los daños que causen a las personas y las cosas objetos autónomos que en efecto sí tomarán decisiones por ellos mismos, eso es el “machine learning” y “deep learning”.

Los pedagogos, maestros, padres de familia, psicólogos y neuro científicos también empiezan apenas a estudiar los estragos de la adicción a las pantallas y el aislamiento en que muchos niños y jóvenes han caído. Han dejado el mundo real para vivir solamente en forma virtual, sin compromisos, sin amor, sin comunicación humana.

5G no es responsable de todo esto pero llega en paralelo con la inteligencia artificial, y toda esta revolución de las máquinas y por ello, es muy importante que el Estado, vaya reuniendo el capital humano, diverso, multidisciplinario capaz de construir una agenda prospectiva de inclusión digital del siglo XXI, de economía de datos y ciberseguridad, de privacidad en serio como en la Unión Europea, transversal a todo el gobierno y con la participación de todos los actores involucrados: industrias y ciudadanos conectados y desconectados.

La academia juega un rol fundamental en este análisis crítico de prioridades de cara hacia la hiperconectividad y las nuevas brechas que ocasionará, esperemos lo haga desde diversas disciplinas y sin conflicto de interés.

Avance tecnológico sí, pero no para cosificar a las personas, aumentar la desigualdad y vulnerabilidad de grupos varios o exacerbar la destrucción del planeta.

 

Twitter: @LabardiniA