¿Cómo reclutar el talento que requerirá el Pleno del IFT en la próxima década?

10-02-2020 22:39

La Nación Mexicana necesita desesperadamente igualdad de género y diversidad en su reclutamiento de talento para cargos públicos, privados, académicos y sociales en todos los niveles.

Igualmente está urgida de sistemas, procesos y cultura centrados en una meritocracia y deshacerse del sistema de prebendas, cuatismo, lealtades personales y partidistas, privilegios y simulaciones.

Especialmente urgente y necesario era lograr esto en 2013 para los nuevos órganos constitucionales autónomos (OCA): el Instituto Federal de Telecomunicaciones y la Comisión Federal de Competencia Económica, aunque bien valdría la pena hacer una revisión transversal en lo orgánico y estructural para todos los OCA y todos los órganos reguladores para que sus semejanzas y diferencias no fuesen resultado de la mera coyuntura o de la negociación política sectorial.

Es plausible el paso cuántico que el Constituyente permanente dio en 2013 para avanzar hacia nombramientos de comisionada(o)s basados en conocimientos y credenciales profesionales (en su radar nunca estuvo la igualdad de género y la diversidad en los Plenos) para el órgano de gobierno del IFT y la COFECE, pues aseguró un filtro de conocimientos, experiencia, credenciales técnicas y una relativa independencia de intereses de grupo.

Era un hito en la historia de México que titulares de los órganos de gobierno de dichas instituciones tuviesen que pasar por cinco etapas: tres de ellas, reales filtros técnicos y dos, aduanas político-partidistas. Pero nunca se ocupó de la igualdad de género y otras formas de diversidad para el Pleno en su conjunto, de la necesidad de evaluar liderazgo, carácter, y demás atributos necesarios para reclutar el talento adecuado al perfil. ¿Por qué? Porque nunca se diseñó el perfil que se requiere y que, por cierto, es distinto para un comisionado del IFT que para uno de la COFECE.

De ninguna manera debemos sugerir o propiciar inconscientemente el más mínimo retroceso en el objetivo de integrar esos órganos de gobierno con servidoras y servidores públicos conocedores, con liderazgo, independientes, sin agenda política y expertos en alguna materia competencia de estos órganos. Pero un examen de opción múltiple no es el mejor método ni lo es el proceso en sus dos últimas etapas.

La integración de estos Plenos debe regirse también por criterios sólidos de perspectiva de género, de diversidad de varios tipos (a fin de integrar plenos ricos en experiencia) y de reclutar personas con las habilidades y competencias de liderazgo que los hagan idóneos, incapturables, con carácter ante presiones, dilemas y problemas complejos, y con visión de largo plazo y otras habilidades que no se adquieren en la universidad, pero que son medibles.

Llegó la hora de plantearse la pregunta: ¿Qué perfil cognitivo, de carácter, de habilidades, de experiencia, de análisis necesita tener un Comisionado/a? ¿Qué deben aportar al Pleno los siete? Si son siete es para traer visiones, expertise, bagaje, y habilidades distintas, pero con conocimientos multidisciplinares básicos homogéneos y otros más profundos, según su profesión, si no ¿para qué queremos siete? Siete hombres o siete mujeres, o todos del IFT, o todos del centro de México o todos abogados o todos provenientes de la administración pública federal o todos de la industria, ¿o todos con experiencia solo de escritorio? ¡No!

Los requisitos, actores, procesos, criterios deben ser revisados íntegramente haciéndose esa y otras preguntas esenciales.  

Someter a los aspirantes a Comisionados a procesos competitivos, técnicos, de selección, solo ha sido y será en beneficio de la sociedad mexicana, pero a siete años de su creación, las experiencias vividas en múltiples procesos del Comité y de cara a la revolución industrial, digital y de datos que ya empieza a tener impacto en estos OCA y las industrias que regulan, considero impostergable revisar todo el marco jurídico, institucional y operativo que rigen a este proceso de cinco etapas, pues tiene problemas desde el 28 constitucional, hasta el proceso en el Senado, -ese sí subjetivo y totalmente partidista- pues no hay criterios objetivos, parámetros, ni publicidad de cómo un Senador o senadora llegan a pronunciarse a favor o en contra del o los nombres seleccionados por el Ejecutivo.

Igualmente habría que crear ciertos parámetros para la selección por parte del Ejecutivo. Podría él y su equipo con la asesoría de expertos conducir una entrevista estructurada usando buenas prácticas internacionales de reclutamiento, no para ver si el aspirante comulga con la ideología, agenda y preferencias del presidente, sino si para sopesar si es la mejor opción para las responsabilidades del órgano en cuestión y por ello la visión de cada aspirante respecto a las prioridades actuales del IFT, sus retos, etc. debería pesar. Ello restaría discrecionalidad a estas dos etapas del proceso.  

Para el nombramiento de presidente o presidenta del IFT, las exigencias de metodología del Senado debiesen ser incluso mayores. Las competencias y atributos de quien ese cargo ocupe son distintas (adicionales) a los de los demás comisionados y dado el excesivo poder y atribuciones que erróneamente le concedió la ley al Comisionada(o) presidente, siendo órgano colegiado, el estándar para su nombramiento por parte del Senado, no debiera ser político o partidista, sino tener un mínimo de criterios objetivos y ajenos a cuestiones de negociación política entre partidos, más sujeto a metodologías y transparencia hoy no existentes y evitando que sean montajes para simular un proceso competitivo.

La no aprobación del examen por parte de 23 aspirantes a Comisionada del IFT, ciertamente no es una buena noticia como no lo es el alto número de aspirantes hombres y mujeres que en el pasado reprobaron el examen y la aún peor noticia de que las mujeres que sí lo aprobaron con altas calificaciones y pasaron a la lista del IFT y COFECE en varias ocasiones, no fueron seleccionadas por el Ejecutivo en ninguna de ellas.

Todavía no termina este proceso de selección 2020, pero en efecto hay focos rojos de varios tipos, no solo en temas de igualdad de género.

Celebro las acciones afirmativas del Comité de Evaluación que aprobó no sin riesgos para sus titulares, y reconozco la independencia con la que se han desempeñado.

La lucha por la igualdad de género lleva siglos y subsistirá pues si bien hay avances sensibles en la ley, viejas y nuevas barreras sistémicas prevalecen, sesgos inconscientes y prácticas laborales sexistas, incluyendo salario desigual y jornadas de 14 horas diarias que son improductivas y nocivas para toda la sociedad y más para las mujeres.  Ante ello, las mujeres perseveramos, no nos intimida una caída, ni un resultado, pero hay que atacar las múltiples causas sistémicas e individuales del techo de cristal y suelo pegajoso para llegar al Pleno del IFT, con estrategia y serenidad.

¿Alguien se ha puesto a pensar en lo injusto y gravoso que fue encomendar a Banxico e INEGI y al hoy extinto INEE, este proceso que es ajeno a las tareas y responsabilidades que desempeñan estos OCA? ¿Qué tienen que hacer el titular del Banco Central y del INEGI de reclutadores y evaluadores de aspirantes a comisionado(a)s? Ni siquiera el INEE que era experto en metodologías de evaluación de maestros y alumnos SEP era el idóneo para preseleccionar comisionados que nada tienen que ver con el magisterio.

Yo no dudo de la seriedad, ética y pulcritud con que se han desempeñado ellos y sus instituciones académicas asesoras. Estos OCA son dos de las mejores instituciones que tiene este país. El que sean autónomos, es un plus sin duda, pero ello no los convierte en reclutadores profesionales de talento para órganos de gobierno de otros OCA.

Si ellos han de continuar desempeñando esta labor impuesta por la ley suprema mexicana, lo que por otro lado garantiza independencia del Ejecutivo y Legislativo, pueden hacerlo de la mano con especialistas en reclutamiento de talento de alto nivel y hacerse preguntas básicas que parecen no haberse hecho. ¿Qué talento necesitan IFT y COFECE en sus Plenos, y cómo seleccionarlo?

Los requisitos constitucionales para aspirar a ser Comisionada(o) del IFT y la COFECE, fueron elaborados con criterios arbitrarios, más relacionados con un tema de viabilidad política, es decir, lo que se pudo consensar en negociaciones políticas del Pacto por México sin pensar a cabalidad en criterios profesionales para reclutar talento para estos cargos tan peculiares. Ello empieza por diseñar un perfil del cargo individual y diseñar también la idónea integración del grupo de siete: balance de género, diversidad en varios aspectos, como los arriba mencionados u otros. El Comité debe asegurarse de contar con esa descripción de puesto o perfil para cada uno de los OCA.

Un perfil no es la lista de requisitos o prohibiciones: nacionalidad (mexicana por nacimiento), edad mínima (35), empleos o cargos públicos y privados inadmisibles y otras prohibiciones tajantes que no cubren todos los riesgos de captura, agenda política o económica que se quieren evitar pero sí levantan barreras poco afortunadas, que sin embargo el Comité tiene que aplicar.

Un perfil para Comisionada(o) implica describir con mucha claridad qué nivel y tipo de conocimientos, habilidades gerenciales, de liderazgo, de carácter, de comunicación, de análisis crítico de políticas públicas se requieren para ser un óptimo Comisionado o Comisionada del IFT -y de COFECE separadamente- dadas la misión y responsabilidades del órgano, la necesidad de impulsar la competencia efectiva, la inclusión, la sociedad digital, el eficiente e incluyente uso de recursos públicos, etc.

Los requisitos no debiesen ser iguales para COFECE que para IFT, se les olvidó ese detalle. Y quizá por ello las 23 aspirantes al IFT no aprobaron y las de COFECE sí, aunque no con muy alta calificación.

En efecto, la complejidad única del Pleno del IFT  es que un Comisionado o Comisionada bajo las reglas de  reclutamiento de hoy, debe estar empapado de aspectos tantos tecnológicos e ingenieriles, como de economía de redes, de mercados, de organización industrial, de derecho  constitucional, administrativo, mercantil, de propiedad intelectual, de técnicas de interpretación para proteger derechos humanos, y además de procedimientos propios de una regulación ex ante, como de procedimientos de competencia económica: concentraciones, prácticas monopólicas, barreras, insumos esenciales, mercados, regulación económica, etc.

Buscar que los comisionados del IFT dominen por igual economía, ingeniería y derecho y además economía de la competencia económica, o sea, organización industrial, es una locura. Algo debe hacerse al respecto. El enfoque cognitivo y de competencias debe ser distinto. Alguna neurocientífica podría ser un valioso apoyo para el Comité que no es experto en temas cognitivos ni de habilidades ejecutivas, analíticas, captura psicológica, etc.

Como Excomisionada reconozco que me llevó muchos años, no semanas ni meses, mucho antes de postularme y en mis estudios de posgrado y aquí en mi país, leer, preguntar, informarme, entender, curiosear sobre todo tipo de cuestiones técnicas, económicas, de mercados, de innovación, de resoluciones judiciales, de casos disruptivos, etc. y aprender a hacer las preguntas importantes a profesionistas expertas y expertos en esos campos ajenos a mi licenciatura de abogada.

Y ya como Comisionada me seguí apoyando en mi equipo de asesores y los expertos de cada unidad del IFT a los que podía acudir si se me dificultaba evaluar el impacto de la tecnología MIMO o de radio cognitivo en algún tema regulatorio del espectro; o bien decidir con corrección la dimensión geográfica de un mercado relevante. 

Aprendí a hacer buenas preguntas y ver el bosque, no solo el árbol. Estas y otras habilidades y competencias son cruciales y no se evalúan actualmente y tampoco se considera, con perspectiva de género, si a las aspirantes, especialmente las más jóvenes, se les ha dado la oportunidad de desenvolverse en otros campos de batalla, dada la tendencia en las organizaciones a dejar a las mujeres en silos de especialización que les impide tener una exposición y experiencia transversales como para ingresar a la suite C.

Exponerlas a temas de planeación, estrategia, finanzas, innovación, manejo de equipos, discursos, etc., es vital para que compitan con los colegas que sí fueron lanzados a esos roles desde temprana edad y fueron adquiriendo experiencia, así que romper eso implica rediseñar el proceso en su integralidad con perspectiva de género que no implica bajar la vara, por cierto.

Muchas de las preguntas del examen de opción múltiple además de ser de bajo impacto y estar desactualizadas, en algunos casos, no garantizan nada. No estorba tener buena memoria, claro, pero saber datos aislados, o plazos legales, no equivale a tener buen juicio, y tomar buenas decisiones para el interés público, es decir no garantiza que será un Comisionado idóneo.

Las grandes universidades del mundo privilegian la evaluación del pensamiento analítico y estratégico mediante casos prácticos. Y el mercado laboral de altos directivos en organizaciones públicas y privadas, en el siglo XXI, se apoya en expertos evaluadores (no head hunters ni universidades) de capital humano de altos mandos. Es toda una especialidad que el Comité de Evaluación debiera incluir y escuchar. Hay técnicas tanto de cómo diseñar perfiles y conducir entrevistas de trabajo y casos prácticos para diseñarlos bien y con perspectiva de género y con métodos objetivos para evaluarlos. Este tipo de evaluaciones revelan mucho más de una persona, pero se necesita tener bien definido el perfil buscado.

El ensayo o caso introducido por el Comité es un gran acierto, existen seguramente metodologías para evaluar las respuestas con parámetros objetivos y razonables, como ya mencioné y debiese tener un peso importante en el examen.

Hace falta mayor transparencia del Comité en varios rubros, coincido, para conocer sus metodologías de evaluación y ponderación. Ante tanta duda y sospecha, eso sí, los sustentantes de exámenes deben estar dispuestos también, a que sus respuestas y ensayos sean públicos.

El balance de transparencia del Comité, que es un mandato constitucional y sigilo de quienes intervienen en el proceso, es también un reto para el Comité, pues como en la academia, el dictaminador de publicaciones y su autor se hacen a doble ciego, es decir en forma anónima para evitar discriminación y sesgos subjetivos y presiones.

Quienes elaboraron las preguntas de opción múltiple ¿se habrán preguntado si esos conocimientos son los que requiere tener un Comisionado o más bien un director general, o el encargado de abrir investigaciones antimonopolios, o el supervisor que debe tener al dedillo la potencia permitida para antenas que usan espectro de uso libre? Alguna vez han escuchado o leído las discusiones y debates en los Plenos y sus argumentos en las resoluciones para entender los procesos regulatorios y de competencia al interior de estos OCA? ¿o han reparado en las fallas y omisiones a la luz de las sentencias de los tribunales especializados y cómo aprender de ellas?

Ahora bien, desde un punto de vista individual, seguramente también hay áreas de oportunidad. Nadie es experto en todo ni debiera ser el objetivo del Comité encontrar todólogos sabelotodo, pero sí se requiere de una preparación y madurez intelectual y personal, no es de días ni semanas, sino de años; requiere de una estrategia, para ir adquiriendo habilidades y conocimientos ajenos a los de la profesión personal.

¿Cómo las aspirantes y los aspirantes pueden prepararse mejor varios años antes, en las áreas o competencias y habilidades en las que hay menos fortaleza?  No hay una fórmula mágica. Pero un programa clínico para futuros reguladores sería fenomenal, ya lo estamos diseñando, por cierto, varios interesados en que el IFT y otros OCA tengan lo mejor, ojalá halle eco.

Y aun así, lamentablemente todo ese esfuerzo puede ser estéril si el Ejecutivo acaba prefiriendo al de menor calificación por apreciaciones subjetivas, o a un aspirante de su mismo género por ese solo hecho, o por ser afín a su ideología, alma máter, o ser de carácter maleable; en fin, allí  se acaba la meritocracia y el liderazgo y no será fácil arreglar eso si a las dos etapas políticas del proceso no se les agregan ciertos parámetros objetivos y más aún al Senado en su decisión de nombrar al Comisionado presidente o presidenta.

Ejecutivo y Legislativo tienen una responsabilidad compartida con el Comité de Evaluación en esta crucial tarea de reclutar Comisionada(o)s para estas muy importantes instituciones cuya eficacia, fortalecimiento y autonomía hay que seguir cultivando a toda costa.

 

*Excomisionada y expresidenta interina del IFT.

**Este artículo hace un énfasis en el proceso de selección de Comisionadas y Comisionados del IFT, con una complejidad única que no enfrenta la COFECE, pero varias de mis reflexiones y propuestas pueden ser aplicables a ambos órganos autónomos.