Bienvenidas al siglo XXI; gracias Nueva Zelanda

21-03-2019 09:34

Para @danielamalpican y @theleonori

Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda desde agosto de 2017, ha hecho historia esta semana.

Al igual que lo hicieran en Noruega en 2011 tras un tiroteo que mató a 69 personas, el gobierno de Nueva Zelanda cambió el paradigma de reacción frente al terrorismo para priorizar la verdad, la justicia, la reparación del daño y la garantía de no repetición, a diferencia de la salida fácil de acusar y señalar al perpetrador en lo individual.

El 15 de marzo pasado fueron asesinadas 49 personas y heridas otras tantas, mientras rezaban en dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda. Desde el primer momento, el gobierno de ese país priorizó la memoria de las víctimas y protegió el duelo de la comunidad, tanto musulmana como de toda la nación.

Grabaciones espontáneas de bailes maoríes en redes sociales dan fe del duelo de la sociedad neozelandesa. En ellas se aprecian desgarradores gestos de rechazo, pero también de valor y coraje al son de los gritos de guerra de los pobladores originales de Nueva Zelanda.

Dentro de las 48 horas posteriores al atentado y bajo mucha presión mediática, Jacinda dio información sobre el móvil, el asesino y otros dos supremacistas blancos, sin dar detalles sobre su identidad. El discurso de la primera ministra se transformó, en cuestión de horas, en un llamado urgente al parlamento para modificar la legislación que regula la posesión y portación de armas semiautomáticas, de forma que la probabilidad de que un evento similar volviera a ocurrir sea mínima.

El compromiso inicial del gobierno de Jacinda, finalmente acabó ayer en una prohibición general de las armas semiautomáticas, de las municiones que los alimentan y de cualquier herramienta que permita modificar un rifle en un arma similar a las que usa el ejército.

A las acciones del gobierno se suman organizaciones civiles que, que en constaste con la NRA de EUA, no tardaron en reforzar las campañas para intercambiar armas semiautomáticas de entre la población por dinero en efectivo.

Lo que llama tanto la atención es la forma en la que Nueva Zelanda procura y administra justicia.

Acostumbrados a escuchar en cuestión de horas el perfil del terrorista (Londres, 2017; Berlín, 2016; Niza, 2016; Boston, 2013; Utrecht, 2019), en la Nueva Zelanda de Jacinda Ardern se narraron los hechos con la mayor neutralidad posible y sin alimentar estereotipos, ni de las víctimas ni del perpetrador.

Se habló de quienes perdieron la vida, honrando su memoria. Al no dar mayor cobertura del atacante, se garantizó la equidad procesal, que no es otra cosa que juzgar conforme a los hechos, no conforme al estereotipo de un terrorista.

 

Lo que llama la atención es la forma en la que Nueva Zelanda procura y administra justicia. Acostumbrados a escuchar el perfil del terrorista, en la Nueva Zelanda de Jacinda Ardern se narraron los hechos con la mayor neutralidad posible y sin alimentar estereotipos, ni de las víctimas ni del perpetrador

 

Las investigaciones policiales siguen, mientras tanto, su curso y la justicia será preludio de la reparación del daño. Las garantías de que un asesinato masivo similar no volverá a ocurrir con un arma semiautomática en Nueva Zelanda surgen en forma de reformas legales.

Mientras tanto, del otro lado del mundo, en el corazón de occidente, el lunes 18 de marzo -apenas tres días después del ataque en Nueva Zelanda, mientras aún recibíamos importantes lecciones de manejo de crisis por parte de Jacinda Ardern- un asesinato múltiple ocurrió en Utrecht, Holanda, donde un hombre mató a tres personas e hirió a varias más al disparar dentro de un tranvía.

Mientras en Nueva Zelanda la jefa del gobierno abrazó a las familias de los muertos, lloró con la comunidad, informó diligentemente al parlamento y finalmente cambió la ley; en Holanda se ofrecieron detalles del perfil del asesino en cuestión de horas: un hombre turco, solitario, excombatiente en Chechenia, vinculado a ISIS. El estereotipo clásico de un terrorista que, dicho sea de paso, alimenta el rechazo hacia los musulmanes en Europa peninsular.

Es decir, Holanda interpretó el estándar de lo que no queremos ya: un gobierno que señala al culpable, quien a su vez encaja en el estereotipo del problema, dándole municiones al político xenófobo, populista, extremista radical, para promover la desconfianza hacia los refugiados y los desplazados.

Jacinda Ardern no se ha distinguido por tener una política de puertas abiertas para la inmigración, pero como la líder de una sociedad diversa reaccionó extraordinariamente. Es una persona joven con hijos pequeños. Entrenada en el gabinete de Helen Clark, Ardern personifica al nuevo paradigma de políticas que priorizan el diagnóstico y buscan enmendar los errores con acciones y no sólo con condenas públicas y hogueras mediáticas.

Junto con mujeres de la talla de Alexandria Ocasio-Cortez, Ardern encarna la esperanza en medio de una epidemia de políticos populistas, hombres de mediana edad, carismáticos pero peligrosamente enamorados de sí mismos.

El liderazgo de Jacinda simboliza la inclusión de personas tradicionalmente excluidas del debate público, como lo hemos sido las mujeres. Forma parte de una cohorte de personas preparadas, dispuestas a poner su talento al servicio de otros.

En un mundo intrincado, queremos a los mejores perfiles compitiendo por dirigir a los gobiernos y a las grandes empresas, sin importar su género, religión o preferencias. Sólo con mayor competencia podremos reclutar a las más capaces y así incrementar las probabilidades de obtener mejores resultados para todas, incluyendo para los hombres, que son una minoría -49% de la población-.

Bienvenidas al siglo XXI.

 

* Sofía Ramírez Aguilar es analista política, con una agenda de investigación sobre corrupción, género y participación ciudadana.