Entrevistas

Estamos ante una involución de la prensa en México

01-09-2016 15:15

La prensa mexicana tiene extraordinarios periodistas y muy malos medios, dice Juan Villoro quien denuncia el retroceso en los últimos 20 años con un fuerte control de los medios

La gran pregunta es ¿cómo construimos una sociedad por venir? ¿algo distinto? Agrandar
La gran pregunta es ¿cómo construimos una sociedad por venir? ¿algo distinto?

Escritor, sociólogo, periodista, Juan Villoro es uno de los intelectuales más destacados de México. Reflexiona sobre la situación actual que vive el país, sobre el papel de la prensa, las instituciones y la construcción de ciudadanía en México.

“La prensa mexicana tiene extraordinarios periodistas y muy malos medios” responde a bote pronto al cuestionamiento de qué le provoca la prensa mexicana. “Hay mucho control de medios. Si se compara a la prensa mexicana con lo que ocurría hace 20 años, estamos en una involución: Hay mas control de medios”.

Habla sobre los temores de los medios, de su incapacidad para pensar en las grandes transformaciones que requiere el país, de la destrucción de su modelo de negocios y, por lo tanto, de su fragilidad para buscar la verdad. Entonces, ¿quién lo va ha hacer? se pregunta Villoro.

 

¿Cómo definirías el momento que está viviendo México?

Es un momento muy grave. La desigualdad es endémica. La brecha entre pobres y ricos se ha abierto de forma exponencial; es vergonzosa.

Tenemos una violencia muy fuerte y hay casos que nos lastiman, particularmente Ayotzinapa, Tetelcingo, una de las fosas que recientemente se han encontrado. Es un país que se ha convertido, todo él, en un gran sembradío de fosas comunes. Estamos en una necrópolis, es gravísimo.

Pero una de las cosas peores que le puedan pasar a un país es que pierda la esperanza, la ilusión. Estamos no solo ante una crisis de la realidad, sino ante una crisis de las expectativas.

Ahora estamos en tal situación en la que no hay alternativas. En la que los distintos grupos políticos han encontrado que la democracia es ante todo un negocio y que el conflicto social no es algo que se debe resolver, sino que se debe explotar a favor de los distintos partidos políticos.

No hay nada tan redituable en México como ser parte de un partido político aunque sea pequeño que recibe dividendos. La gran pregunta es ¿cómo construimos una sociedad por venir, algo distinto?

 

¿Cómo se explica –por un lado- la inusual desaprobación ciudadana hacia el Presidente y su gobierno, vista en las encuestas; -y por el otro- una cierta pasividad, desdén y tolerancia de los ciudadanos frente a lo que rechazan?

Es una pregunta esencial. Es muy profunda porque es difícil encontrar una respuesta.

México ha sido siempre un país muy piramidal que ha demandado mucha obediencia de la gente. Si pensamos en las sociedades prehispánicas eran muy piramidales, donde la base social prácticamente no tenía participación.

Tuvimos largos siglos de colonia con sociedades jerarquizadas y luego hemos tenido el México del PRI con un país piramidal durante 70 años en el poder.

Todo esto ha generado una gran cultura de la obediencia, una desconfianza de las iniciativas personales y un gran temor a la ruptura.

Eso en las formas de gobierno. Pero los sectores de la economía también son piramidales, prácticamente cualquier sector está manejado por dos o tres grupos también piramidales. Los intelectuales no son la excepción; hay un caudillo aquí y un caudillo allá. Esta estructura sicológica piramidal es muy grave y hace que tengamos mucha desconfianza hacia las iniciativas personales.

Alguna vez le pregunté a Manuel Lapuente, entrenador entonces de la selección nacional, cuál era la característica fundamental del futbolista mexicano y, sin vacilar, me dijo, la obediencia. Lo cual puede ser bueno en el sentido que es disciplinado, pero es malo en el sentido de que no toma iniciativas personales.

Y esto se aplica a muchas esferas de nuestra vida. Esta idea del individuo que se opone a la injusticia nos ha costado mucho trabajo y cuando se ha optado por esto, México ha sido un país fácilmente violento; entonces hay un temor ante estos exabruptos que pueden llevar a la violencia.

Pero la pregunta sigue viva: ¿porqué un país con tantos agravios y donde el descontento es tan manifiesto, no tiene iniciativas más radicales de protesta? Es increíble lo que aguanta el mexicano.

 

¿Cuál es tu valoración de la calidad de las instituciones en México?

Tenemos un estado patrimonial y corporativo, donde la burocracia y las instituciones tienen como fin ser representantes del Estado en distintos sectores e incorporarlos de manera institucional, manteniéndolos tranquilos con la promesa de que su vida será mejor si actúan dentro de las instituciones.

En este país corporativo las instituciones no forman parte de una posibilidad de incorporar nuevas energías sociales y de renovarlas. La burocracia ha sido esa gran esponja social que evita mayores conflictos a condición de resolver muy lentamente los problemas.


Tienes el privilegio de ver a México con cierta distancia por tu residencia en España. ¿Qué recoges de los observadores foráneos sobre el México de hoy?

Toda noticia que tiene que ver con lo cívico o lo político, en general, es muy negativa porque hay una gran corrupción, una gran violencia, porque los protagonistas de la política son impresentables.

Al mismo tiempo tenemos una gran carta cultural. Es una visión bipolar que es como nos sentimos los mexicanos. Este es un país de dos velocidades. Vas a la Feria de Guadalajara y hay una fiesta de la cultura en el mismo país donde se están descubriendo fosas comunes. Esa esquizofrenia es la que trágicamente estamos viviendo los mexicanos.

 

Cuando ves a la prensa mexicana ¿Qué te provoca?

La prensa mexicana tiene extraordinarios periodistas y muy malos medios.

Hay mucho control de medios. Si se compara a la prensa mexicana con lo que ocurría hace 20 años, estamos en una involución. Hay mas control de medios, hay muchísimos más columnistas, articulistas, que escriben a favor de un discurso establecido, de aceptar que no estamos en el mejor de los mundos posibles, pero esto es superior a otra cosa que pudiera haber.

Con gran temor al cambio. Se genera en los medios un gran temor a la novedad. Pero cómo podemos imaginar un mundo distinto, si no nos atrevemos a pensar otra cosa. La prensa se ha vuelto pragmática, muy minuciosa con el detalle, pero muy incapaz de pensar en transformaciones a largo plazo y mas profundas.

 

Las herramientas que ha dado el mundo digital ¿han reinventado la prensa mexicana?

El mundo digital tiene como principal efecto en la prensa mexicana que acabó con el periodismo como modelo de negocios.

Los periódicos más exitosos pertenecen a plataformas comerciales que exceden al periodismo, es decir, tienen muchos negocios y utilizan al periódico como la zona de publirreportajes, tráfico de influencias, publicidad.

Los medios que solo viven de sí mismos están en un momento difícil. Desde luego que sí se ha democratizado la información en internet, pero el gran desafío es que el periodismo, tal y como lo habíamos conocido, como modelo de negocios, está en entredicho. Y esto es peligroso; porque ¿quién va a buscar la verdad?

 

En ese punto se vuelve relevante la construcción de ciudadanía y que en México no ayuda a forjar una prensa profesional.

Hay un tema muy importante. El poder del periodismo deriva de su cercanía a las élites y a las esferas de los poderosos, o deriva de su búsqueda de la verdad.

Durante mucho tiempo supimos que hubo medios, como por ejemplo Televisa con el viejo Azcárraga, que decía yo soy un soldado del PRI, al servicio del gobierno. Y lo decía con toda transparencia y su poder dimanaba de esa cercanía. Cuando que el verdadero poder de la prensa –el famoso Quinto Poder- dimana de sí misma, de dar noticias que ponen en entredicho a los poderosos.

Pero ¿cómo va a ser poderosa la prensa si no puede tener una plataforma sólida para expresarse a sí misma. Ese es el tema duro que estamos viviendo hoy en día.

 

Hace poco preguntaste en un artículo que publicó El País: ¿Las redes envenenan nuestras relaciones o banalizan los agravios de tanto propagarlos?.  ¿Acaso no es una conclusión demasiado pesimista sobre los efectos de estas nuevas herramientas? ¿No habría que urgar en los sujetos más que satanizar estas poderosas herramientas de comunicación?

Las herramientas son formidables pero el tema es cómo las usamos. Somos los primitivos de una nueva era y aún no sabemos cómo utilizar estas redes sociales, no tenemos protocolos.

Sabemos que los linchamientos, la indignación, el odio se han propagado, al mismo tiempo nos han dado oportunidad de comunicarnos con información que antes no teníamos.

Hemos perdido la privacidad casi totalmente. Somos rehenes de gente que maneja nuestros datos a partir de las redes, los llamados ‘numerati’, que nos están buscando para vendernos productos de consumo o simplemente para vigilarnos.

Estamos en un momento difícil porque tenemos herramientas muy poderosas que en sí mismas son muy útiles, pero que no necesariamente estamos usando de la mejor manera.

 

Arena Pública, Derechos Reservados 2016

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