España, atractivo refugio

07-07-2014 03:00

México se ha convertido en el primer inversionista extranjero en España, después de la Unión Europea; quizá como un efecto colateral de las reformas económicas que se impulsan en el país.

Solo en 2013 los capitales mexicanos que llegaron a España sumaron 2,438 millones de euros -unos 3,290 millones de dólares- que representaron más del 17 por ciento del total de las compras accionarias realizadas por extranjeros en empresas españolas y más del 6 por ciento del total de la inversión extranjera registrada en España el año pasado.

Las razones del desembarco de los capitales mexicanos en el país ibérico que se pueden advertir por lo menos son cuatro:

Primero, las cada vez más evidentes señales de recuperación de la economía española después de una prolongada crisis económica, lo que abre oportunidades en un mercado doméstico con perspectivas más firmes de recuperación en el corto y mediano plazos.

Segundo, la falta de liquidez que padecen un buen número de empresas españolas, aunada a la falta de créditos para financiar su operación, hace atractiva la inversión especialmente en algunos de los sectores que fueron más golpeados por la crisis.

Tercero, la integración del mercado español a un mercado europeo en recuperación, abre enormes oportunidades de negocio para hacer de la operación española una importante plataforma de lanzamiento global.

Y Cuarto, la reciente instrumentación de nuevas reformas legales en México en materia de competencia de mercados que ha incentivado la diversificación geográfica de los capitales locales con posición dominante o cuasi dominante en sus sectores.

Todos estos factores –además de algunos otros no económicos como las importantes relaciones políticas y familiares que existen entre ambos países- acrecentaron la inversión mexicana en España, a tal grado que en 2013 uno de cada cuatro dólares de inversión mexicana en el mundo, se fue precisamente a España.

Y si bien la estatal Pemex acaba de vender su importante participación en la petrolera española Repsol -subrayando el fracaso en una de sus mayores inversiones en el exterior- no es el caso de las inversiones de los capitales privados del país. Además de la incursión por parte de la pionera Cemex, del empresario Carlos Slim en el negocio financiero y, recientemente de la panificadora Bimbo; la regiomontana Alfa –a través de su división de alimentos procesados Sigma, la transportista ADO, y la mayor gestora de fondos inmobiliarios del país, Fibra Uno, desembarcaron en España adquiriendo importantes participaciones accionarias en compañías ibéricas.

Bancos como Sabadell, Popular y Liberbank han recibido recientemente inyecciones de capitales mexicanos provenientes de la familia Del Valle, de David Martínez, de Gustavo Tomé, Ernesto Tinajero, entre otros.

Pero todo hace suponer que el desembarco de los capitales mexicanos en España apenas ha comenzado. Varias de las familias más ricas del país, como los Bailleres, los Vásquez Raña, los Martín Bringas o los Lozada, están explorando oportunidades de inversión en España vía fondos de capital de riesgo. Y son las inversiones inmobiliarias en la península ibérica las que más están llamando la atención de los empresarios mexicanos.

Algunos como Roberto Alcántara –ya miembro del directorio de Grupo Prisa, Roberto Servitje, Carlos Fernández, Valentín Diez Morodo, entre muchos otros inversionistas, han puesto recientemente sus reales en negocios españoles y seguramente que éstos se incrementarán en los próximos años.

Así que, más allá del atractivo español para las inversiones mexicanas, las reformas recientemente anunciadas en el país también están viendo efectos colaterales sobre las estrategias del empresariado. Un fenómeno que aún comienza.