Se acabó el tiempo, Sr. Videgaray

20-06-2014 08:04

De sorpresa en sorpresa. Así se pueden leer las declaraciones del gobernador Agustín Carstens, quien ayer, ante los periodistas, dejó abierta la posibilidad de que el banco central vuelva a reducir su pronóstico de crecimiento para el año.

Ya el mes pasado el Banco de México se había anticipado a la cifra oficial de crecimiento al primer trimestre que da a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Geografía y redujo su estimado de crecimiento a un rango de 2.3% a 3.3%.

Ahora el banco central se apresta a reducir por tercera ocasión en el año su pronóstico, muy probablemente hacia un rango de 2.0% a 3.0%, como lo habíamos comentado aquí el 9 de junio pasado (“La sorpresiva decisión de Banxico”) para situar el punto medio de su pronóstico en 2.5%, por debajo de la expectativa de la Secretaría de Hacienda que se ve presionada a responder a este nuevo escenario bajista que, muy probablemente, sigan los economistas del sector privado.

Si bien esta reacción del gobernador Carstens obedece a la reducción en el pronóstico de crecimiento de la economía estadunidense para este año, que el miércoles dio a conocer la Reserva Federal; ya el tono del Anuncio de Política Monetaria del Banco de México del 6 de junio pasado, cuando el banco central sorprendió reduciendo la tasa de referencia en 50 puntos base, daba pistas de una preocupación mayor en el seno de la Junta de Gobierno por la debilidad que ha mostrado la economía.

Ese tono sombrío sobre el comportamiento económico -en materia de consumo y de inversión- en los primeros cuatro meses de 2014 que advertía el banco central, dejaba ver que Banxico podría volver a reducir su pronóstico para el año, incluso sin la información reciente sobre una menor velocidad esperada en el crecimiento de la economía estadunidense, como lo hizo el FED anteayer.

Ahora será interesante leer en la minuta las posturas y percepciones que se dieron al interior de la Junta de Gobierno durante la reunión en la que se tomó la decisión de reducir la tasa de referencia.

Así que el cambio de pronóstico del FED de esta semana, sólo confirmó que efectivamente la Junta de Gobierno y los economistas del banco central siguen pesimistas sobre el desempeño de la economía en este primer semestre y que la recuperación económica se dará a un ritmo más lento de lo que se había estimado inicialmente.

Es muy probable que cuando Carstens les dijo ayer a los periodistas que “la desaceleración que percibimos en el primer trimestre fue más profunda de lo que anticipábamos”, quizá también estaba apuntando al pésimo dato sobre la inversión pública al primer trimestre que temprano dio a conocer INEGI.

La formación bruta de capital fijo de origen público cayó 8.5% en el primer trimestre respecto al mismo periodo del año pasado, con una importante caída en la inversión pública en construcción (-9.5%).

Datos que cuestionan el discurso del gobierno federal sobre el gasto público en infraestructura en este arranque de año, y que ponen en un predicamento al secretario de Hacienda y al gabinete económico del gobierno federal, quienes deben dar una explicación y tomar decisiones al respecto.

El hecho es que las expectativas económicas -por segundo año consecutivo en este sexenio- vuelven a desinflarse una y otra vez y las respuestas que leemos y escuchamos del banco central sólo confirman que los críticos tenían la razón: Que la caída en el crecimiento económico tiene fuentes internas, que la instrumentación de las medidas adoptadas no fueron apropiadas, que la política fiscal debe revisarse porque no es un asunto sólo de intereses afectados -como se ha explicado oficialmente-, y que si bien el aterrizaje exitoso de las reformas estructurales es fundamental para la sustentabilidad del crecimiento en el largo plazo, éstas no justifican una política económica errática como la aplicada en este primer año y medio de gobierno.

La economía no levanta y ya es tiempo de tomar decisiones.