¿Buscó el gobierno controlar Repsol?

06-06-2014 08:00

La participación de Pemex en la española Repsol ha sido uno de los fracasos más sonados de la petrolera estatal en la gestión de sus negocios globales.

No hay duda que es un mal antecedente en la hoja de presentación de una empresa estatal que ahora pretende competir con los grandes tiburones de los negocios energéticos del mundo.

El miércoles pasado prácticamente toda la prensa española destacó la noticia en su primera plana dejando ver una retirada del gobierno mexicano de la petrolera española -como se dice coloquialmente- “con la cola entre las patas”.

Diarios como El País, Cinco Días, El Mundo y Expansión no dejaron de señalar que la retirada de Pemex de Repsol es una clara victoria para Antonio Brufau, el presidente de la petrolera española, después de varios años de desencuentros con el gobierno mexicano y con los dos últimos directores de Pemex.

Incluso el diario español El Economista que encabezó su edición del día con la noticia, escribió en interiores que “Brufau se quita la ‘china del zapato’ de los últimos tres años” y agregó el periódico: “El grupo mexicano se retrató y mostró sus intenciones de controlar Repsol”.

Como se leyó en las páginas de los diarios, para la prensa española la salida de Pemex no sólo fue un asunto que se veía venir, sino también una cuestión en la que hubo un claro ganador (Repsol) y un perdedor (Pemex), con todo y las mencionadas plusvalías que habría obtenido Pemex recientemente por el incremento en el precio de la acción.

Las innumerables cronologías de lo ocurrido en los últimos tres años de relación -y que aquí también reseñamos con puntualidad- avalan la percepción de la prensa española sobre este desenlace. Incluso el llamado “Pacto Industrial” que firmaron ambas empresas -con el gobierno mexicano detrás- hace más de dos años, siempre fue visto sólo como una argucia de alargue de un desenlace fatal, que finalmente ocurrió.

Y es que el hecho incontrovertible es que la dirección de Pemex, pero también los titulares de Energía y los asesores de la propia Presidencia de la República –siendo Pemex una empresa altamente dependiente de Los Pinos en su toma de decisiones estratégicas- mostraron durante este tiempo -y particularmente en 2011 y 2012- una alta incapacidad para la negociación con Brufau y con los principales accionistas de Repsol a los que nunca convencieron.

Allí estuvieron involucrados en primera línea personajes como Juan José Suárez Coppel, José Antonio Meade y Jordy Herrera durante el gobierno del presidente Felipe Calderón; y luego, recientemente, Emilio Lozoya, Pedro Joaquín Coldwell y Luis Videgaray.

Las explicaciones públicas que dio recientemente Lozoya para justificar la ruptura hacen voltear al pasado aludiendo a las acciones y acuerdos que firmó la petrolera durante el gobierno de Calderón.

Pero hasta ahora ninguno de ellos ha explicado con suficiencia y convencimiento cuál fue el objetivo del gobierno de Calderón y de la dirección de Pemex para incrementar su posición accionaria en Repsol de la mano de otro accionista español, Luis del Rivero, quien se había convertido en el principal accionista de Repsol.

La idea difundida en España entre los círculos políticos y empresariales, y asumida por la prensa local, es que el gobierno de México sí pretendió que Pemex controlara la división de exploración de Repsol y estuvo dispuesto a desembolsar miles de millones de pesos para lograrlo.

Esa es la versión que ha prevalecido hasta hoy sin que el gobierno mexicano la desmintiera con la vehemencia que requería un caso de esta importancia. En todo caso, la decisión de vender su participación en Repsol es la rúbrica del fracaso de ese intento. Un fracaso de burócratas que poco -por no decir nada- saben de gestionar negocios globales.