Pan, Circo y Pecunia
.

Argentina y los “fondos buitre”: ¿la casa gana?

04-08-2014 08:56

La situación es de por sí perversa, pero se convierte en algo maquiavélico si se conocen los entresijos de las negociaciones y los fallos judiciales. En sí, el impago que se acaba de declarar sobre Argentina tiene un carácter ficticio.

Los malos presagios que aventurábamos en un artículo publicado el pasado 7 de julio en Arena Pública titulado “Argentina se la juega contra los fondos buitre” se cumplieron. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner no logró llegar a un acuerdo con sus litigantes, un grupo de hedge funds o fondos de inversión libre que no se acogieron a los planes de canje de bonos propuestos por Argentina en el 2005 y 2010, y que exigen el pago completo de su inversión.

Pero eso no es lo más dramático: lo peor es que como resultado de ese desacuerdo, y debido a una incompresible orden judicial impuesta por el el juez estadounidense Thomas Griesa, Argentina tampoco pudo realizar, el pasado miércoles, un pago de intereses a los bonistas que sí participaron en los planes de reestructura de la deuda por 539 millones de dólares (mdd). La consecuencia es que, 13 años después de la quiebra de Argentina en el 2001, el país cayó de nuevo en un controvertido impago de su deuda o default.

El asunto ha despertado indignación entre la comunidad financiera internacional, y nos remite a otros episodios financieros escandalosos del pasado en los que quedó de manifiesto que un grupo de inversionistas con fines especulativos y pertrechado de sus influyentes lobbies puede ser más poderoso que un Estado, al que puede hacer doblar las manos amasando a su paso una gran fortuna.

¿Qué es lo que está fallando para que dos hedge funds neoyorquinos, el Elliot Management y Aurelius Capital, cuya inversión no representa ni el 2% del total de los acreedores, cuya plantilla de trabajadores es de 300 empleados, y que exigen un pago de 1,500 mdd, sea capaz de desestabilizar a una economía de 42 millones de individuos y un PIB de 500,000 mdd?

¿Por qué la actual estructura institucional de los mercados permite que un grupo minoritario de inversionistas ponga en jaque a un país entero, y tenga el poder de abocarlo a una recesión con la consiguiente destrucción de empleo y pérdida de riqueza? ¿Por qué les dejan la fuerza para generar episodios de intensas turbulencias financieras con el riesgo de que se propaguen a otros mercados emergentes?

La situación es de por sí perversa, pero se convierte en algo maquiavélico si se conocen los entresijos de las negociaciones y los fallos judiciales. En sí, el impago que se acaba de declarar sobre Argentina tiene un carácter ficticio.

Al contrario que en el default de 2001, cuando la devaluación del peso hacía imposible el pago de 95,000 millones de dólares de deuda soberana, Argentina no atraviesa una situación de insolvencia. El país puede honrar su deuda y, de hecho, depositó los 539 millones de dólares que tenía que desembolsar a los tenedores de bonos al Bank of New York, uno de sus agentes de pago junto con JP Morgan.

Pero, incomprensiblemente, el juez Griesa prohibió que se girara ese dinero a los inversionistas. Condicionó ese pago a que antes saldara su deuda con los hedge funds en litigio, sabiendo que si bien Argentina puede y tiene la capacidad de cumplir con las obligaciones soberanas de los acreedores que participaron en la reestructura de la deuda, no puede pagar a esos dos hedge funds a los que se les ha llamado “fondos buitre”.

Y no puede, al menos en lo que resta de año, porque existe una cláusula llamada RUFO, vigente hasta el 31 de diciembre, que dicta que en caso de mejorar las condiciones de pago a un acreedor, el resto podría exigir igualar esas condiciones.

Por tanto, en caso de pagarles, se formaría una fila de inversionistas exigiendo las mismas condiciones, y Argentina no tendría el dinero para liquidar todas esas deudas. En esos términos, el juez Griesa había puesto a Argentina entre la espada y la pared: pagar a los “fondos buitres” era la ruina; no pagarles, era el default.

Lo único que quedaba era negociar para salir de ese entuerto jurídico. Así lo hicieron durante todo el mes de julio. Todo fue en vano. Y aquí entra un nuevo elemento de discordia, unos derivados financieros llamados seguros contra el riesgo de impago (CDS por su acrónimo en inglés), unos instrumentos que en su día Warren Buffet denominó como “armas de destrucción masiva” y que durante la reciente crisis financiera aniquiló a entidades financieras, arruinó a compañías de seguros como AIG, y creó estragos en Grecia y toda la periferia europea.

Mediante la compra de este derivado, los inversionistas se cubren del riesgo de impago de un activo mediante el pago de una prima y, en caso de que se produzca un default o “evento crediticio”, recuperan el valor total de la inversión.

Lo que aduce el gobierno de Kirchner es que los “fondos buitres” se negaron a alcanzar un acuerdo porque tenían incentivos para provocar, directamente, el default de Argentina. ¿Con qué interés? El argumento que sostienen es que, previamente, los “fondos buitre” podrían haber comprado CDS de modo que, en caso de “impago”, podrían obtener suculentas ganancias.

¿Serán verdad las acusaciones que realiza Argentina? ¿Es cierto que los “fondos buitre” compraron CDS apostando por un escenario de default en Argentina que dependía de ellos mismos? No lo sabemos, pues pese a los desmanes que provocaron dichos derivados en la crisis financiera que desató la quiebra de Lehman Brothers, esos mercados e instrumentos se siguen desenvolviendo en un marco de opacidad elevada, de escasa transparencia.

Ni Argentina lo sabe a ciencia cierta, y apenas está realizando un escrito para solicitar a la Comisión de la Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC por sus siglas en inglés) una exhaustiva investigación.

Pero aún hay más: la Asociación Internacional de Swaps y Derivados (ISDA por sus siglas en inglés), el organismo encargado de realizar los veredictos oficiales sobre si un país ha entrado en default, falló el viernes que el impago de intereses que cometió Argentina dos días antes era un “evento crediticio”.

Esa declaración del ISDA implica que, en efecto, se activarán los pagos por 1,000 mdd de 2,600 contratos operativos en el mercado sobre el pago de CDS. Pues bien, uno de los miembros del comité del ISDA que votó si Argentina estaba en “default” o no era precisamente uno de los “fondos buitre”, el Elliot Management, de Paul Singer.

Por tanto los “fondos buitre” pudieron apostar por un default de Argentina mediante la compra de CDS, se pudieron negar a negociar con el fin de provocar dicho default, y además tenían voz y voto en el organismo encargado de determinar si Argentina estaba en default o no. De ser así, pudieron contar con información privilegiada, manipular al mercado, apostar con las cartas a su favor, y ganar.

Los especuladores siempre han existido y existirán en una economía capitalista. Son consustanciales al sistema, y en buena medida son necesarios: los mueven y les da profundidad. Pero deben jugar en igualdad de oportunidades.

Los mercados, para los especuladores, son como casinos: buscan operaciones de riesgo. Y el riesgo se premia con ganancias espectaculares o con pérdidas explosivas. En un casino, en los juegos de azar, en el “águila” o “sol”, se tiene un 50% de probabilidades de ganar o perder.

En Argentina, un país emergente, de riesgo, que tras cuatro años de recesión terminó devaluando en el 2001, los “fondos buitre” apostaron y perdieron. Que exijan su dinero está bien: que batallen con el gobierno de Argentina y los jueces.

Pero el hecho de que ahora se conjeture que estén jugando con ventaja y no haya una respuesta rápida y contundente que lo niegue vuelve a poner en duda la eficacia de la regulación financiera para asegurar la integridad de los mercados. Todavía parece que los especuladores van al casino del mercado sabiendo que son juez y parte, que apuestan y saben que cuentan con la connivencia del crupier. En Argentina, ¿la casa gana otra vez?

Infografía

El índice de la Bolsa de Buenos Aires, el Merval, se hundió 8.4% el jueves, luego de que Argentina no lograra llegar a un acuerdo con los “fondos buitre”. La expectativa de que sí hubiera acuerdo llevó al Merval a un récord histórico el miércoles…

… el bono argentino con vencimiento en 2033, que entró en default, perdió casi 10 centavos de dólar el miércoles cuando cerró en 95.75, y el viernes, que acabó en 86.5, su peor caída en dos días desde el 2012. El fallo del ISDA pegó de nuevo al bono el viernes, que acabó en una tasa de 10.2%...

… pero el fallo del ISDA, que activó los CDS de Argentina, golpeó sobre todo al CDS de 5 años. Para cubrir 10 millones de dólares de bonos se exigía una prima de 3.261 millones anuales…

… aun así, el impacto ha sido esencialmente local. El índice bursátil de MSCI de los mercados emergentes perdió en la semana un 1.7%. Aun así, y para evitar el riesgo de un contagio mayor, las partes implicadas en la crisis argentina deberían buscar una solución cuanto antes. 

 

ACERCA DEL AUTOR
José Miguel Moreno
Economista por la Universidad Autónoma de Madrid. Trabajó en la consultoría estadounidense Stone & McCarthy Resarch en Londres, Nueva York y México DF, realizando análisis para las economías de Europa y América Latina. En México fue director editorial de Infosel, así como consejero, columnista y jefe de análisis económico de El Semanario de Negocios y Economía . Además de conferencista, ha colaborado con T1msn, Invertia, Radio Intereconomía, O Estado de Sao Paulo y The Miami Herald, entre otros medios. Actualmente dirige “Llamadinero.com”, es asesor, colaborador de la revista Forbes México y profesor titular en la Facultad de Economía de la UNAM.
ÚLTIMAS ENTRADAS
ARCHIVO HISTÓRICO
<< Agosto 2014 >>
D L M M J V S
     
01
02
03

04

Argentina y los “fondos buitre”: ¿la casa gana?
05
06
07
08
09
10
11
12
13

14

¿Qué pudo ver Banxico para recortar el PIB de 2014?
15
16
17

18

El drama europeo: ¿recesión con deflación?
19
20

21

¿Por qué el petróleo está en calma si hay guerra en Irak?
22
23
24

25

El PIB de México y los ciclos económicos
26
27

28

EL S&P’s 500: la historia de un cronopio
29
30
31