Pulso Económico
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¿Qué nos dice el PIB del Segundo Trimestre?

21-08-2014 19:17 Tras darse a conocer las cifras sobre la evolución de la economía en el segundo trimestre, hay que analizarlas para determinar si el avance fue favorable o no.

El INEGI anunció que la tasa de crecimiento del segundo trimestre respecto al mismo periodo del año anterior fue 1.56 por ciento, algo menor a la tasa de 1.88 por ciento del trimestre anterior. Al poco tiempo, un economista reconocido posteo en Tweeter: “Crecimiento anualizado del PIB en 2014: 1er. trimestre, 1.9%; 2do. trimestre, 1.6%, De mal en peor.” Pero, ¿realmente fue peor?

La primera observación es que la tasa es anual, más no anualizada. Una tasa anual es lo que se crece en un periodo que corresponde a un año calendario natural, es decir, el crecimiento del trimestre respecto al mismo trimestre del año anterior. Esta tasa es equivalente al crecimiento acumulado en los cuatro trimestres respecto a cada trimestre anterior. En cambio, la tasa anualizada es el crecimiento del trimestre respecto al trimestre inmediato anterior, elevada a la cuarta. Esta tasa nos dice cuanto sería el crecimiento del año si es que creciéramos igual en los cuatro trimestres del año. La diferencia principal es que la primera nos dice cuánto se creció en los últimos cuatro trimestres, mientras que la segunda se concentra en el crecimiento exclusivo del trimestre.

La segunda observación es que no nos fue peor, sino realmente mejor. El problema es que no se puede saber mediante la tasa anual, ya que no se refiere al trimestre en sí, sino justamente al acumulado de cuatro trimestres. Al comparar la tasa anual de 1.56 por ciento con la de 1.88 por ciento del trimestre anterior, encontramos varios inconvenientes para su análisis. El primero es que no se sabe si estamos comparando periodos iguales. Si comparamos un periodo de más días contra otra de menos, casi siempre veremos una tasa positiva. Sin embargo, no sabemos cuánto de esa tasa se debió al hecho de que hubo más días o porque hubo un incremento en la actividad económica promedio diario.

El mejor ejemplo es la Semana Santa, que aunque por lo regular es en abril, de vez en cuando es en marzo. Cuando cambia de un año a otro se crea una distorsión importante, a tal grado que no sabemos qué nos dice la tasa de crecimiento. En este caso, si corregimos la serie de PIB solamente por las diferencias de calendario para así asegurar que estemos comparando periodos similares, resulta que en vez de ver que la tasa del segundo trimestre (1.56 por ciento) es ligeramente menor al del primero (1.88), vemos que la tasa corregida del segundo aumenta a 2.74 por ciento y es visiblemente mayor a la corregida del primero de 0.71 por ciento. En otras palabras, simplemente el número distinto de días laborales de un periodo a otro, hacen que la conclusión del análisis sea totalmente diferente; en vez de decir “de mal en peor”, tendríamos que decir mejoró.

Aquí cabe una aclaración. El fenómeno de la Semana Santa ha provocado que muchos analistas estén conscientes del sesgo que puede provocar en la tasa anual cuando éste cambia de mes de un año a otro. Sin embargo, no es el único efecto de calendario que puede invocar un sesgo. Por ejemplo, las tasas anuales del IGAE de mayo y junio fueron 1.69 y 2.73 por ciento, respectivamente, pero al corregir solamente por efectos de calendario, ambas tasas cambian a 2.17 y 2.52 por ciento, respectivamente.

La segunda inconveniente de la tasa anual es que al hablar de cuatro trimestres, no queda claro cuál exactamente fue el comportamiento del segundo trimestre. La tasa anual del primer trimestre corresponde al crecimiento acumulado del segundo trimestre del año pasado al primer del este año, mientras que la tasa anual del segundo trimestre abarca del tercer trimestre de 2013 al segundo de 2014. En otras palabras, cada vez que avanzamos un trimestre, agregamos el crecimiento del trimestre más reciente (en este caso el segundo de 2014) y restamos el del trimestre más lejano (el segundo de 2013). Matemáticamente, la tasa anual aumentará (disminuirá) si la tasa del trimestre que agregamos es mayor (o menor) a la que quitamos. Si hacemos memoria del año pasado, recordaremos que el segundo trimestre de 2013 fue muy negativa, es decir, tuvo el peor desempeño para un trimestre de los últimos 16 trimestres. Por más malo o bueno que fue el segundo trimestre de este año, era un hecho de que la tasa anual iba aumentar sustancialmente en este trimestre. Por lo mismo, el hecho de que la tasa anual, ya corregida por los efectos de calendario, haya aumentado de 0.71 a 2.74 por ciento, no nos dice nada en sí del comportamiento del segundo trimestre de 2014.

Primera conclusión: la tasa anual de 1.54 por ciento del segundo trimestre de 2014 no nos dice absolutamente nada al respecto del comportamiento del trimestre en sí. Simplemente no podemos decir que si nos fue mejor o peor. Es una tasa que engaña y puede derivar en un análisis falsa.

Entonces, ¿cómo podemos saber si el trimestre en si fue mejor o peor? Tenemos que concentrarnos en la tasa marginal, es decir, del trimestre respecto al trimestre inmediato anterior. Sin embargo, se tiene que tener cuidado con la estacionalidad. En el caso del PIB, existe un patrón muy claro en que el primer y tercer trimestre siempre crecen menos (y muchas veces hasta con tasas negativas), mientras que el segundo y cuarto trimestre son las más expansivas. Si no se toma este patrón en consideración, podríamos estar innecesariamente buscando explicaciones para describir los trimestres más flojos y posiblemente llegando a conclusiones falsas. En el caso del segundo trimestre, casi siempre muestra mucho mejor crecimiento respecto al primero, por lo que se tiene que realizar un ajuste por estacionalidad antes de juzgar al trimestre en sí.

Por lo mismo, el INEGI siempre toma la serie original del PIB para primero, corregir por los efectos de calendario y después, ajustar por la estacionalidad. La serie que queda se llama la ajustada y es la que se debe utilizar para calcular la tasa de crecimiento respecto al periodo inmediato anterior. En este caso, el INEGI reporta que el crecimiento del segundo trimestre fue 1.04 por ciento, tasa superior a la de 0.44 por ciento del trimestre anterior. Aquí podemos ver que la tasa de este trimestre fue la más elevada de los últimos ocho trimestres, con la única excepción de la de 1.07 por ciento del tercer trimestre de 2013.

¿Qué tan buena tasa resulta 1.04 por ciento? Para responder a esta pregunta en Estados Unidos, se tiene la costumbre de anualizar la tasa, es decir, elevarla a la cuarta y así ver cuánto resultaría el crecimiento en el año si creciéramos todos los trimestres a la misma tasa. En este caso, la tasa marginal ajustada y anualizada resulta ser 4.2 por ciento. Segunda conclusión: el crecimiento del segundo trimestre fue visiblemente mejor que el del primer trimestre (cuya tasa marginal ajustada y anualizada fue 1.8 por ciento, por lo cual existen claras señas de mejoría en la actividad económica

Pero, ¿la mejoría es suficiente como para alcanzar la expectativa de la SHCP de 2.7 por ciento en el año? Si crecemos a una tasa similar al segundo trimestre (alrededor de 4.0 por ciento ajustada y anualizada) en los siguientes dos trimestres, alcanzaríamos una tasa de 2.5 por ciento para el año. Esto significa que necesitamos experimentar un desempeño todavía mejor en la segunda mitad del año, con tasas marginales ajustadas y anualizadas más cerca de 5 por ciento. ¿Es posible?

En principio, sí. Las exportaciones van a buen paso en respuesta a la mejoría en Estados Unidos. Prácticamente todos los analistas concuerdan con la apreciación del FMI, que Estados Unidos crecerá por arriba de su potencia en la segunda mitad del año. Pero, ¿qué más necesitamos? La inversión privada ha estado estancada desde el principio del sexenio, en buena parte en espera de mejores perspectivas y respuestas en torno a las reformas estructurales. Ahora que se aprobaron todas las reformas y leyes secundarias, es muy probable que veamos un incremento en la inversión privada.

Por otro lado, el gobierno federal ha reportado aumentos significativos en el gasto público en general y en la inversión pública en lo particular desde principio de año, pero sin que se vaya visto una repercusión en la actividad económica. Al parecer, los recursos ha fueron trasferido a los fondos apropiados y a los estados y municipios y ahora falta que se termine la etapa de licitaciones y que pasemos a la de ejecuciones. En principio, todo está en su lugar para para que la inversión pública empieza a surtir efecto a nivel de las cuentas nacionales y así contribuir más al crecimiento del PIB. Ligado a la inversión en general está el sector más afectado por el estancamiento, que fue el de la construcción. Sin embargo, ya hay evidencia de que tocó fondo hace unos meses y que empieza una nueva tendencia al alza, aunque moderada.

La incógnita que queda gira alrededor del consumo de los hogares, todavía un elemento que no ha logrado mostrar una mejoría significativa. Sabemos que sufre los efectos nocivos de la reforma fiscal y de una merma acumulada en los ingresos. Lo más seguro es que sea el factor que explique o no una posible mejoría en la segunda mitad del año. Si los demás factores crecen más y logran jalar al consumo, será posible ver el crecimiento del año más cerca al techo del rango que presentó el Banco de México para el crecimiento (de 2.0 a 2.8 por ciento). De lo contrario, nos ubicaremos más cerca al rango inferior.

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ACERCA DEL AUTOR
Jonathan Heath
Es profesor en la Universidad Autónoma Metropolitano Azcapotzalco y ha impartido clases en la Universidad Panamericana, el Tecnológico de Monterrey, la Universidad Anáhuac, la Universidad de las Américas y en la Universidad Iberoamericana, impartiendo cursos relacionadas a la economía mexicana, su historia y sus perspectivas. Ha sido conferencista invitado en alrededor de 25 universidades en México y en Estados Unidos.
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