Populismo Económico

12-06-2018 08:38

En junio de 2016, hace dos años, en una conferencia de prensa en la que participaron Barack Obama, Peña Nieto, y Justin Trudeau, el presidente de México criticó fuertemente al populismo (seguramente sus encuestas internas ya presagiaban algo para el 2018).

Cuando le llegó el turno a Obama, éste reviró que “si el populismo es aquél que (i) protege al ciudadano débil de los poderosos intereses de las grandes corporaciones, (ii) le garantiza a toda persona el acceso a la educación sin importar su condición socioeconómica, y (iii) le otorga los servicios básicos de la seguridad social a todo trabajador, entonces considérenme un populista”.

Comienzo este pequeño ensayo con esa declaración porque la palabra populismo está tan manoseada que todos tienen un concepto muy distinto de ella. En México se acusa a López Obrador de populista porque promete introducir programas de subsidios a jóvenes sin trabajo ni ocupación; otorgar subsidios a los productores del campo (vía precios de garantía); garantizar acceso a universidades, entre muchas acciones.

Sin embargo, no se acusa a Anaya con el mismo adjetivo por querer subir el salario mínimo por decreto, acción que en boca de AMLO sería calificada como populista.

Tampoco se llama populista a Meade por prometer seguridad social a trabajadoras domésticas; peor aún, por querer levantar un censo de necesidades con base en el cual le promete a cada ciudadano (sic) resolverle sus problemas, una especie de Big Brother Populista; además de que, como secretario de Desarrollo Social, avaló una infinidad de programas sociales que han sido reprobados por el CONEVAL por inefectivos.

 

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Yéndome más atrás, desde mi perspectiva los programas sociales de las tres administraciones pasadas (tal vez con la excepción del Progresa/Oportunidades/Prospera) introdujeron medidas que en boca de AMLO serían consideradas como populistas.

Y en efecto, tanto los más de 6 mil programas sociales como aquellos que proponen los tres candidatos a la presidencia son en su mayoría CLIENTELARES, más que populistas (insisto, el concepto se ha manoseado tanto que todos entendemos algo distinto). Cuando los ha propuesto AMLO los califican como populistas, pero en realidad casi todos son a fin de cuentas clientelares.

De hecho, si se me pregunta encontrar una característica común de la política social mexicana, la respuesta es que es de tipo CLIENTELAR, y así seguirá siendo, independiente al candidato que gane.

¿Por qué no le ha molestado toda esta gama de ocurrencias por los últimos tres sexenios (Fox, Calderón y Peña) a los sectores conservadores del país si en el fondo tienen la misma característica que los que propone AMLO?

Tal vez la respuesta es que se han introducido bajo una aparente disciplina fiscal (con la notable excepción de Peña que ni eso guardó). Entonces la preocupación con AMLO es en realidad que no guarde tal virtud. Esto me hace recordar que hacia los inicios de los 1990 Sebastián Edwards y Rudiger Dornbusch editaron un libro para estudiar qué significaba populismo económico.

Para ser concretos, lo definieron como aquel gobierno que introduce programas sociales sin contemplar la fuente de ingreso, es decir, aquéllos que ofrecen esos programas de manera irresponsable en términos de financiamiento y que, por tanto, que incurren en déficit fiscales públicos.

Bajo esta definición el Seguro Popular fue populista porque no se introdujo asociado a una fuente de ingreso, más allá de su loable sentido social.

Independientemente que es deseable que se propongan e introduzcan programas sociales razonables y que ordenen dicha política (como la seguridad social universal), lo que México no se debe permitir es la indisciplina fiscal.

Por lo pronto, si la siguiente administración recupera el equilibrio (Peña y Videgaray la rompieron, que no se nos olvide), nuestra preocupación debe ser menor y es lo que los mercados (que nunca se han preocupado por la composición y característica del gasto público) a fin de cuentas se fijarán, pues nunca han respingado por los programas clientelares mientras dicha condición se cumpla.

Infortunadamente los mercados en el mundo son y han sido miopes en cuanto a la calidad del gasto. A éstos, lo único que les importa es que les repaguen sus inversiones y para ello, el indicador estrella es la disciplina fiscal (ojo, no es crítica, solo caracterizo).

Somos los ciudadanos a los que nos preocupa la calidad del gasto, acá los mercados nunca han sido nuestros aliados. Así, lo que nos queda es exigir, además de disciplina fiscal, es que los programas sociales se diseñen consistentemente y logren reducir la pobreza y la desigualdad.

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