Brexit: La rebelión de las clases medias

24-06-2016 10:55

El Brexit es una realidad. Es la primera gran victoria del populismo. Pero detrás hay un problema de fondo que afecta a las clases medias que la Unión Europea (UE) no ha sabido responder.


Existen un par de cifras muy significativas que, sin embargo, se han obviado en este referéndum y que explican mejor que ninguna otra cosa el desapego británico hasta el continente. En 1971, cuando el parlamento de Westminster votó la adhesión a la antigua Comunidad Económica Europea (CEE), lo hizo por 358 votos a favor y 246 en contra.

Es decir, la división era ya evidente, como se ha vuelto a poner de manifiesto 45 años después. Esta vez con dramáticas consecuencias.

La diferencia estriba en que si antes el rechazo a la UE tenía que ver con un movimiento de reivindicación independentista (el célebre ‘el continente está aislado’), ahora lo que hay detrás es el propio descrédito de la Unión Europea, que se ha convertido en un territorio antipático. No sólo para la mayoría de los británicos, sino también para muchos europeos que lo ven como una especie de madrastra de Blancanieves.

Este es, en realidad, el problema de fondo. Preguntarse por qué la UE ha dejado de ser un territorio de promisión para muchos ciudadanos.

Es evidente que la crisis y la dura recesión de los últimos años tienen mucho que ver. Pero sería absurdo pensar que todo es fruto de ello. Lo que ha hecho a Europa un territorio cada vez menos querido a ojos de muchos ciudadanos es su incapacidad para resolver los problemas.

En muchos casos por poner en marcha políticas equivocadas (la lamentable actuación del BCE en este proceso interviniendo muy tarde en los mercados de deuda) o, en otras ocasiones, mostrando su incapacidad para gestionar fenómenos como la inmigración. Ni siquiera ha podido dar una solución a Grecia, que representa apenas el 2% del territorio.

De hecho, el Brexit no es más que la fiebre de un problema de fondo que no sólo se manifiesta en el Reino Unido. También en otros muchos países europeos está emergiendo un movimiento de incalculables consecuencias que cuestiona el proyecto fundacional de la Unión Europea. Algo que explica el auge de los populismos y de los movimientos xenófobos.

 

La caja de Pandora

Cuando Merkel dijo de forma insensata -tuvo que rectificar tiempo después- que Alemania aceptaría toda la inmigración que fuera necesaria, en realidad lo que hizo fue abrir la caja de Pandora, ya que ponía a Europa delante de sus viejos fantasmas.

Hace dos décadas, al principio de la globalización, la postura alemana se hubiera entendido como un gesto humanitario, pero ahora, y esto es lo que ha olvidado Bruselas, la inmigración es, para muchos, lo mismo que la entrada de mano de obra barata que compite por el mismo puesto de trabajo.

De hecho, puede decirse que el referéndum británico ha sido el primer gran plebiscito sobre la globalización, que ataca a las clases medias que pagan impuestos y que ven como los inmigrantes se llevan buena parte del pastel de las prestaciones sociales.

Esto, que parece tan evidente, lo han entendido mejor que nadie los nuevos populismos de derechas, algo que explica que en Alemania, Holanda, Austria y otros muchos países europeos la cuestión de la inmigración (o mejor dicho de sus efectos sobre la vida de muchos ciudadanos), haya cuarteado el proyecto europeo.

Los capitales pueden desplazarse libremente (hasta el punto de coaccionar a los gobiernos en busca de mayores facilidades para la inversión); la inmigración por causas estrictamente laborales es ya un fenómeno de masas (provocando 'dumping salarial' y una precarización de las relaciones laborales) y la lucha por conseguir una misma prestación social -pobres contra pobres- se ha convertido en un asunto cada vez más relevante en los barrios obreros.

Como ha escrito el economista Nick Greenwood, el debate sobre el Brexit “viene a sustituir una discusión más amplia en torno a los costes y los beneficios de la globalización”. Precisamente, en el país de mayor tradición liberal de Europa y con la economía más abierta y expuesta a la competencia desleal.

Ni siquiera el ‘proyecto miedo’ que encarnaron los partidarios del ‘no’ al Brexit ha conseguido doblegar la fuerza de quienes decidieron salirse de la UE. Alguien tendrá que tomar notas y fijarse en las consecuencias de determinadas decisiones.

El Brexit no ha caído del cielo.

 

* Carlos Sánchez es Director Adjunto de ElConfidencial.Com - @MientrasTanto

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